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Hola a todos:

Como ya sabéis ando a destajo intentando dejarlo todo listo para la publicación de mi nueva serie juvenil Asuntos angélicos y os pedí ayuda hace poco para correr la voz. Muchísimas gracias a todos (hablaré más de ello cuando pueda) pero gracias. Sois maravillosos.

Estuve pensando en qué podía ofreceros para agradecéroslo. Me he dado cuenta que voy a estar muy liada con mis propias promociones y las de los demás, pero aun así… Se me ocurrió compartir una historia que escribí hace tiempo pero no he publicado nunca (aunque igual la habéis leído por ahí porque la he compartido antes, aunque hace varios años). Es una historia que me parece entretenida, y que les puede gustar igual a los escritores, a los no escritores, y a los soñadores. No es de las más cortas pero espero que la disfrutéis. Ah, y al final os dejo unos enlaces que igual os resultan útiles.

La novela

Denver nunca había sido la más atractiva o afortunada de las chicas. Pelo castaño, ojos marrones, altura media. Ni siquiera tenía un tipo escultural. Había pasado por EGB y bachillerato sin hacer nada remarcable. Había salido con algunos chicos, pero nunca había tenido novio formal (¡o informal!). Había dejado la casa de sus padres (gente agradable, pero demasiado convencional) hacía casi un año, y se había imaginado que su vida cambiaría por completo. ¡Se acabó el aburrimiento!

¡Excitación, libertad, locura! Quizás todo eso no era ella, después de todo, porque su vida continuó tan aburrida como siempre. Nada nuevo. Tenía un piso-estudio para ella sola, pero eso era todo. Ni siquiera era un sitio de  moda. Tranquilo, silencioso, y vacío.

Incluso su amiga Filomena estaba viviendo con alguien. Denver siempre había pensado que Filomena sería la última chica en el mundo en echarse novio. Tan tímida, tan educadita, nunca se atrevía a correr riesgos…Y ahí estaba. Filomena había tenido su aventura, y Denver aún estaba ahí. Esperando.  ¿Qué narices estaba esperando?

Si las cosas fueran como en los libros o en las películas. La vida sería mucho más fácil de manejar. Si consiguiera descubrir cuál era la trama de su vida, o al menos cuál era el género de la novela que estaba viviendo. Si la vida viniera con un libro de instrucciones para su uso y disfrute todo sería mucho más simple.

Denver se dijo a sí misma que todo era cosa de decidirse. Se iba a poner al mando. De ahora en adelante, era ella la que escribía su propia historia. Y ella decidiría como iba a ser. Le pareció escuchar la música de Carmen (“Toreador”) mientras se adormecía pensando en ello. Su nombre en luces de neón. Sus parientes y amigos aplaudiendo su actuación. ¡Su vida se iba a convertir en un best-seller!

A la mañana siguiente, cuando entró en la oficina, se había decidido. Una novela rosa. Eso era lo que su vida sería. Una hermosa historia de amor. El decorado no era perfecto: mesas, ordenadores, puertas, papeles y más papeles. Pero su reserva de imaginación era más grande que el Banco Nacional. Podía hacer desaparecer la realidad, si se empeñaba. Todo formaba parte del proceso de creación. Las mesas baratas de plástico se podían convertir en mesas de época, de caoba. Las lámparas, en arañas de cristal…Quizás algo más íntimo y menos elegante sería más romántico. Tampoco quería “Lo que el Viento se Llevó”. Era demasiado. No era tan ambiciosa. Cortinas con flores en las ventanas; en lugar de rascacielos un lago y una casita blanca en la distancia, una canción de Cole Porter o un bolero…Y una luz suave. Combinaría con su vestido rosa. Y tenía un héroe, el Sr. Blanco, Marcos, su jefe. Era alto, moreno y guapo. Denver se había dado cuenta de que habían muchas mujeres interesadas en él, pero en su interior, incluso si no lo demostraba nunca, ella sabía que la llama de su amor ardía intensamente. Denver había comprado flores para su mesa, para redondear la escena, y dejó una en la oficina de su jefe.

El Sr. Blanco entró y la saludó con un gesto. La música subió de volumen. Él nunca le había dicho nada pero Denver presentía que sólo estaba fingiendo indiferencia.  Esperó a que la llamara. Estaba segura de que la llamaría en cualquier momento para darle las gracias por la flor, y le confesaría sus sentimientos. Se podía imaginar la escena. Ella entraría, y allí estaría él, en el centro de la habitación, como iluminado por un foco, con todo borroso a su alrededor, y una sonrisa en los labios. ¿Quién necesitaba a Brad Pitt o a Antonio Banderas cuando una tenía al Sr. Blanco? El se abalanzaría sobre ella, inflamado por la pasión y tomándole la mano, se la cubriría de besos.

 

“Gracias por la flor. Es tan bella y delicada como tú. Supongo que te imaginabas que yo no me había fijado en ti, pero he necesitado toda mi fuerza de voluntad para mantenerme alejado hasta ahora, y…”

“Sr. Blanco…” Ella enrojecería y movería sus largas pestañas que eran uno de sus mayores encantos.

“Llámame Marcos…”

Una de las otras chicas, una recién llegada, baja y siempre moviéndose, le puso la mano en el hombro.

“El Sr. Blanco te está llamando. Yo no le haría esperar. Está bastante impaciente últimamente.”

“Conmigo no estará impaciente.”

La otra chica la miró sorprendida, pero Denver entró en la oficina con decisión, el bloc de notas y una sonrisa muy ancha. ‘Our love is here to stay’[1] sonaba en su imaginación.

“Sr. Blanco.”

Su jefe estaba estornudando como un loco. No había ni sonrisa ni entorno borroso.

“¿Fue idea suya?” Le preguntó señalando la flor.

“Bueno, sí. Pensé que animaría la oficina.”

“Nadie le ha pedido que piense. Soy alérgico a las flores. Sáquela de aquí. ¡Deprisa!” Su tono de voz era duro y frío. No le había gustado nada su gesto romántico.

Denver agarró la flor sintiéndose mortificada. Sólo estaba intentando…

“Y no vuelva aquí. El Sr. Vidal necesita que alguien le ayude. Su secretaria tuvo un accidente hace un par de días. Llévese sus cosas a su oficina.”

¡El Sr. Vidal! Era viejo, fiero, y no muy agradable. Denver quería llorar.

“Y llévese las flores de su mesa. Gracias.”

¿Gracias? ¿Gracias? ¿Quién se había creído que era? No su héroe, definitivamente no. Un héroe romántico no se comportaba así. Hombres. Nunca se podía confiar en ellos para actuar sus papeles.

Mientras estaba archivando documentos en la oficina del Sr. Vidal concluyó que su vida podía ser cualquier otra cosa, pero una novela romántica no era. Pero, ¿quién quería una novela rosa? No había aventura, riesgo, peligro…Una historia de detectives. Una buena historia de misterio era lo que necesitaba.

A la mañana siguiente Denver decidió ponerse un traje oscuro, e incluso se compró un paquete de cigarrillos por el camino. Intentó fumar uno, pero la hizo toser, y le empezaron a llorar los ojos. Los tiró a la basura. Tendría que ser un detective sano e higiénico para variar.

Una vez en la oficina no pasó nada excitante por un rato. Seleccionar el correo, contestar algunas cartas, cambiar algunas citas. Justo antes de la hora de comer, Esteban, uno de los vendedores y novio de María (una de las otras secretarias) fue a verla. Era un chico majo, nada especial, pero amable y atento. No sabía cómo vestir, porque pelo rojo no combina con traje marrón, pero no era como los otros vendedores que sólo coqueteaban con las chicas guapas y a ella nunca le decían nada. Era un chico educado y siempre le contaba las aventuras que le pasaban vendiendo sus ‘maravillosos complementos de jardín’. María nunca le dejaba hablar de eso; era demasiado aburrido. Ella sólo quería que la adorara y que hablara sobre ella todo el rato. Esteban era demasiado bueno para María. No era el tipo de Denver, pero se merecía algo mejor que María. Siempre se tenía que dar aires.

“Me preguntaba si me podrías ayudar a resolver este misterio.”

¡Un misterio! ¡Eureka! Había presentido que sería su día afortunado. La música inundaba sus oídos. Amenazadora, violenta, jazz…

“Cuéntame.”

“He ido a ver a María…No está en su mesa.”

El pulso de Denver se aceleró. Sonó la trompeta. Una persona desaparecida. Siempre era un buen tema en historias de detectives.

“Probablemente está haciendo algo…¿Fotocopias?”

“Ya he mirado. No está allí. Y nadie la ha visto salir.”

“Vayamos a investigar.”

Denver examinó la mesa de María con el mayor cuidado. Un buen detective tiene que ser científico y meticuloso. Qué lástima que no se había traído la lupa. Pero, era demasiado anticuado. Hoy en día todo eran tests del ADN y sofisticados aparatos. Tendría que usar sólo su talento. Más barato. Observación era la primera norma. La libreta de notas de María estaba en el despacho, así que no era probable que estuviera en la oficina del Sr. Blanco. A menos que…

“¿Crees que está archivando algo en la oficina?” preguntó Esteban.

“Es posible, pero al Sr. Blanco no le gusta que archivemos mientras él está dentro, y no ha salido. ¿Ves? María no ha anotado nada en el diario. El Sr. Blanco tiene que estar en el despacho.”

“¿Y el cuarto de baño?”

“Hace mucho rato. Y su bolso está en el cajón, o sea que no se está maquillando ni nada.”

“No puede haberse esfumado.”

“¿Te estaba esperando?¿Sabía que ibas a venir?”

“No. Yo no iba a estar aquí hoy, tenía que salir de la ciudad, pero el cliente me llamó para decirme que estaba enfermo, así que no fui.”

“Ya veo.”

Una idea se apoderó del cerebro de Denver. No le gustaba pero tenía sentido. Era la explicación perfecta de porque el Sr. Blanco había estado tan enfadado últimamente, porque María vestía ropas mejores y más caras, porque la había echado con una excusa estúpida. Su banda sonora mental murió. Silencio de muerte.

“Me parece…” Denver presionó el botón del intercomunicador.

“Oh María…”

“Sr. Blanco…”

“Marcos…”

“Marcos…Sigue…Sigue…!Sí, sí, sí!”

Denver lo apagó. Era demasiado. La cara de Esteban había cambiado de color.

“Zorra.”

“No…”

Esteban estaba sofocado, tembloroso, pero intentó sonreír. “No te preocupes. No cometeré ninguna estupidez. Que le vaya bien. Que les vaya bien a los dos. Puedo encontrar a otra como ella cuando quiera. Gracias de todas formas.”

“Lo siento.”

“No te preocupes. No es culpa tuya. Adiós.”

Denver no era suficientemente dura para el trabajo. No le gustaban los resultados. La verdad podía ser muy dolorosa a veces y a ella no le gustaba hacer daño a nadie. Su vida no sería una novela de detectives tampoco.

Denver decidió no admitir su derrota aún. Los tiempos no eran los adecuados para novelas románticas o historias de detectives. La gente quería lo imposible, sueños transformados en realidad, progreso…Ciencia Ficción, eso era el género de moda. Una buena historia de Ciencia Ficción. Eso era.

En el ascensor el día siguiente Denver intentó ponerse del humor adecuado para su nuevo género. El edificio era más apropiado para eso que para novelas rosas o historias de misterio. Puertas de aspecto metálico, pinturas abstractas, esculturas mecánicas, cámaras por todos lados, pantallas de ordenador, y miles de puertas…Incluso la gente parecía gris y metálica ese día. El ascensor se paró sin avisar entre los piso diez y once. No conocía a ninguna de las personas atrapadas con ella. Trabajaban en otras oficinas. Uno de los hombres, pálido, calvo, de traje gris, parecía enfadado.

“Me pregunto que pasa ahora. Estos malditos cacharros nunca funcionan bien.”

“No será nada serio” aseguró la más joven, más rubia y más guapa de las chicas. Llevaba una falda gris y una blusa también gris. Un día gris, definitivamente.

“¿Usamos la alarma?” preguntó un hombre muy joven y nervioso, todo sudoroso, y probablemente estrenando su primer traje gris en su primer trabajo.

Las luces se apagaron. Quizás se había equivocado y no era una novela de ciencia ficción sino una película de terror. O una combinación de las dos, como ‘Alien’. Pero, la única música que sonaba en su mente era la de la banda en el bar de ‘La Guerra de las Galaxias’. OK, todos eran un poco raros en el ascensor, pero no tanto como los especímenes de la película.

“¿Qué está pasando?” Era una voz desconocida. Sin dudad una mujer gris.

“Le daré al botón” dijo el joven hombre gris. Ni movimiento, ni sonido. Silencio.

“¡No funciona! ¿Qué está pasando?” preguntó la misma mujer gris. El tono de voz era mucho más agudo esta vez.

El ascensor tembló y se oyeron ruidos. Todo el mundo se quedó callado. A Denver no le acababa de parecer la situación adecuada para una abducción por extraterrestres. Siempre había oído decir que habían luces brillantes, y normalmente le pasaba a gente conduciendo en caminos solitarios, o yendo a pasear, no en medio de la ciudad, en un ascensor lleno de gente. No tenía sentido. Quizás era una novela de terror. Pero,¿por qué esa música? No era serio. Incluso la música de ‘Expediente X’ sería más apropiada, pero no. El bar extraterrestre en ‘La Guerra de las Galaxias’.

Oyeron algo que parecían voces provenientes del exterior. Quizás era una abducción. Extraterrestres. ¿Preferirían los extraterrestres gente vestida de azul en ascensores? Denver no recordaba haber leído nada sobre eso. No debería haber descuidado su cultura de esa forma. Si no la secuestraban se encargaría de ponerse al día. Y si la secuestraban…bueno, suponía que se enteraría de una forma u otra.

“¡Ayuda! ¡Estamos atrapados!” gritó el hombre calvo de gris.

No se oyeron más voces y todo se quedó silencioso.

“Aquí hay algo raro.” Opinó el joven de gris. “Me parece…

Oyeron algo o a alguien andando en el techo del ascensor. Uno de los paneles encima de ellos se empezó a mover. El panel se levantó y un rayo de luz penetró la oscuridad. ¡Denver se había dado cuenta, horrorizada, que iba vestida de verde! ¡Venían a por ella! ¡Los extraterrestres no podían soportar a la gente que se vestía de color verde! Denver gritó y el resto del ascensor se unió a ella.

“¡Vienen a por nosotros!”.

Cuando una cabeza se asomó por la apertura, un golpe fuerte resonó en la cabina. Un círculo de luz se posó en el cuerpo. Era el hombre gris calvo. Se había desmayado.

“¿Qué hacen aquí?” preguntó el dueño de la cabeza. “Le dijimos al portero que no le dejara usar esta unidad a nadie porque teníamos que hacer algunas reparaciones, así que la paramos donde nos convino.”

“El portero no nos dijo nada.”

“¿Y quién se pensaban que era yo? ¿Por qué gritaron? Bueno, les dejaremos salir. Lo siento.” El mecánico se sonrió. Probablemente estaba pensando en la historia que les iba a contar a sus colegas. ¡Pánico en el ascensor!

Daba vergüenza. Incluso Denver tenía un aspecto gris después de eso. Y por si no fuera suficientemente malo, la música siguió. Pero lo podía soportar. No sería una historia de Ciencia-Ficción, o una novela de terror. Quizás probar otro de los estilos antiguos. Eran tiempos de recuperación histórica. Un buen Western. Nada se podía comparar a una buena historia del oeste. Y Denver siempre se había querido poner botas de vaquero y sombrero. Con la calefacción central a todo gas el sitio parecía un desierto, y los cactus que la compañía había comprado para darle a la oficina un aire hogareño facilitaban la ilusión. Su nombre era apropiado. Denver.El Denver Kid…La chica Denver…Denver la rápida. ¿Búfalo Denver?. Decisiones, decisiones. Y el Sr. Vidal dándole la lata con las copias. Escogería su nuevo nombre mientras hacía las fotocopias.

Cuando Denver llegó a la fotocopiadora, que estaba estratégicamente situada en medio del corredor que conectaba todas las oficinas, se dio cuenta de que se había olvidado su tarjeta. Dejó las  cosas junto a la máquina mientras iba a recogerla. Cuando volvió María había tenido la cara dura de saltarse la cola y empezar a fotocopiar sus cosas. ¿Quién se había creído que era? Primero su hombre, luego la fotocopiadora. ¿Qué sería lo siguiente? No, no se podía tolerar. No había suficiente espacio en la oficina para las dos. Los silbidos de fondo de una de las películas de Clint Eastwood parecían filtrarse debajo de la puerta al otro lado del corredor. Un corredor muy largo. Vacío. Sólo María y ella.

“María.”

“¿Sí?”

“ Yo estaba aquí antes que tú. ¿No viste mis cosas?”

“Tendrías que acordarte de traer la tarjeta. Nunca te acuerdas de nada. Tienes un cerebro como un colador.”

Denver no tenía pistola, pero se echó la mano al cinturón de todos modos. Se ajustó su sombrero blanco imaginario. Al fondo del callejón lleno de polvo estaba su enemigo, María, vestida de negro. Se acercaron a cámara lenta la una a la otra. ¿Fue su imaginación u oyó realmente el clic de las espuelas? Acercándose más, un poco más.

“Y tú te tendrías que acordar de que tienes novio antes de meterte en la oficina con el jefe.” Se sintió algo perversa, pero uno tenía que usar las mejores armas disponibles. Estaba preparada para disparar. Rápido, limpio, sin dudar.

“¿Qué quieres decir?”

“¿Has visto a Steve últimamente?”

“No.”

“Creo que escuchó una conversación algo curiosa entre el Sr. Blanco y tú.”

“No sé de qué estás hablando.”

“Una que decía más o menos: ‘Marcos…¡Sí, sí, sí!” dijo Denver intentando imitar la voz chillona de María. ¿Había dado en el blanco? María todavía se mantenía en pie, pero estaba segura de que al menos la había herido.

“¡Tú…!”

“Yo…¿Qué…?”

Denver vió en los ojos de María que se estaba preparando para disparar. Tenía aspecto de tener buena puntería. Fría, tranquila, sin temblar.

“¿Sabes lo que me dijo Marcos, Denver? Dijo: ‘Esa Denver, es una criatura de lo más patética. Siempre viviendo en las nubes, no tiene estilo, sin sentido del humor. Estoy seguro de que es lesbiana.”

“El no…”Denver sintió como la bala le entraba en el corazón.

“¿Quieres que le preguntemos a él?”

Denver se retiró. Demasiada pérdida de sangre para intentar otro disparo. No se había ofendido porque el Sr. Blanco la había llamado lesbiana. Eso no era un insulto, era lo mismo que llamarla baja o de pelo castaño. Pero ‘criatura patética’ ‘sin sentido del humor’. Se había esforzado tanto para gustarle y había fallado. Si todos sus esfuerzos habían fallado con él, no tenía ninguna posibilidad con nadie más. Dejó la escena herida de gravedad. Había perdido el duelo. No había nacido para ser pistolera tampoco.

Si Esteban no hubiera entrado en la oficina en aquel preciso instante Denver se habría echado a llorar, pero sabía que él tenía mejores razones que ellas para llorar (después de todo había estado saliendo con María por casi dos años y parecía que iba en serio) y se lo estaba tomando muy bien. Su vida podía ser cualquier cosa pero no quería que acabara en tragedia. No era para tanto.

“Hola Denver. No pareces muy contenta.”

“Hola Esteban. No lo estoy. Pero no es nada de importancia.”

“Cuéntame tus penas y yo te contaré las mías.”

“Es una historia muy larga, Esteban.”

“Es la hora de comer. Vamos. Salgamos y me lo cuentas.”

“De acuerdo.”

Sentados en un banco del parque le contó a Esteban sus ideas sobre libros y vida y sus fallidos intentos de vivir su vida como si fuera un libro. Él se rio.

“¿Te parece divertido?”

“Sí. ¿No te has dado cuenta de que tu vida es una comedia fantástica?”

“No lo es. Al menos no para mí.”

“Yo creo que es para morirse de risa. Un duelo con María. Es una idea maravillosa. No me importaría probar a mí. Pero preferiría pistolas de verdad.”

“Estoy contenta de haberte hecho reír.”

“Me has hecho sentirme mejor. Pero no tan bien come para cambiar de opinión. He decidido dejar este trabajo. No me gustó nunca, desde el principio y no quiero hacer esto toda la vida. Un amigo mío se ha comprado un restaurante. No recuerdo si te lo había dicho antes pero estudié para chef. Para empezar no será un gran negocio, pero…”

“¿Aquí?”

“No, en Madrid. Está algo lejos pero no dejo demasiadas cosas aquí.”

“Te echaré de menos.”

“Ven a verme. Yo también te echaré de menos. Eres la única a la que echaré de menos en este agujero. Pero debes recordar que nadie puede arruinarte la vida si no les dejas. Tienes suficiente imaginación para sobrevivir cualquier cosa.”

“Gracias. Debemos volver a la oficina. Yo todavía trabajo allí.”

“Volvamos.”

Esteban prometió despedirse antes de marcharse, y Denver a cambió prometió que intentaría ir a visitarle. Se sentó de nuevo a la mesa y su mente voló a los viejos temas. Vida. Novelas. Quizás los libros no eran una guía tan buena y poderosa como se había imaginado. No quería vivir una comedia que sólo era divertida para los demás. El escritor del guion de su vida no le había dado un buen papel. Y tampoco demasiado donde escoger. La vida no era justa.

“¡Denver, Denver!” La voz del Sr. Vidal la devolvió a la realidad. “¿Soñando de nuevo? Venga a mi oficina. Le tengo que dictar unas cartas.”

Cartas, cartas…Quizás la vida consistía solamente en escribir las cartas de otros.

De vuelta en casa Denver siguió pensando en su vida. ¿Escribir las cartas de otros? ¿Era éso todo? No. No podía ser. Si no podía vivir su vida como un libro, quizás…

Se sentó a la mesa, cogió lápiz y papel y empezó a escribir:

Denver nunca había sido la más atractiva o afortunada de las chicas.

 ***

       Y como os prometí, los enlaces.

Si os molestan los anuncios cuando estáis en línea, igual os interesa probar:

 

https://adblockplus.org/

Es una extensión gratuita que funciona con todos (al menos los que yo conozco) buscadores y que bloquea los anuncios. No los bloquea todos, ya que no bloquea los que consideran que no interfieren y ayudan a que funcione el sitio web, y se puede ajustar a vuestros intereses. Por ejemplo, a mí los botones pidiendo likes en Facebook no me molestan demasiado, pero si a vosotros sí, los podéis bloquear.

Para los escritores entre vosotros, ya sabéis que Amazon tiene muchas tiendas en muchos sitios, y eso quiere decir que existen múltiples enlaces para vuestros libros, ya que cada persona los comprará en el  Amazon del territorio donde vivan (normalmente). Para evitar tener que dar un listado muy largo de enlaces, hay varios sitios web que ofrecen la creación de enlaces únicos que llevan a cada comprador la Amazon que les corresponda (en realidad al Amazon del territorio donde estén. Cuando yo estaba en España me enviaban al de España, pero mi Amazon es el UK. Tan listos estos enlaces no son). Hay diferencias entre ellos y algunos son más complicados que otros (si tenéis cuentas de afiliados, etc, puede haber problemas). Yo siempre intento encontrar algo fácil y hoy en día uso:

http://relinks.me/

Solo necesitáis el enlace o el ASIN del libro y ya está. También os ofrecen el enlace en formato corto (útil para Twitter y os ahorra tener que usar un acortador como Bitly, que también son útiles) y el código QR, que aunque yo no he usado para nada, si creáis vuestro propio material promocional pueden veniros muy bien. Yo me he tenido que poner en contacto con ellos un par de veces y son muy serviciales y lo solucionan todo enseguida (y considerando que es gratis, es muy de agradecer). Ah, también podéis crear un enlace multiterritorial de autor, si tenéis perfiles distintos en distintas tiendas. (Si no, el enlace llevaría a la gente a una lista de vuestras obras, que tampoco es malo).

Y como no estaba nada  ocupada ya (ja!) se me ocurrió que estudiar un idioma nuevo me mantendría el cerebro en marcha, así que después de leer un post con sugerencias, probé Duolingo y ahí sigo, más de un mes después de empezar.

https://www.duolingo.com/

Duolingo me dice que domino el 16% del alemán, pero tengo mis dudas. En fin, es ameno, las lecciones no son muy largas  y gente del país deja comentarios y aclaraciones que son de lo más entretenidas (e informativas). Por si os aburrís.

Gracias a todos por leer, perdonad por este post tan raro que me ha salido, y ya sabéis, comentad, compartid y haced CLIC!

Y no os olvidéis de Asuntos angélicos que los ángeles tienen una memoria muy larga, y no os digo nada de los demonios!

Asuntos angélicos 1. Alerta Pink

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Amazon:

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Kobo:

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Apple:

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[1] TN: ‘Our Love is here to stay’: canción romántica cuya traducción sería : Nuestro amor está aquí para quedarse, escrita por George y Ira Gershwin.

Hi all:

As you know, I’m on the way to publishing my first YA series (I’m getting there!) and I asked for help with sharing information about it. Blogger friends, you’ve been AWESOME (and I’m well aware some people dread the way the word is used these days, but in this case, it’s true. I’m in awe, thunderstruck… any superlatives you might come up with).

I’ll try and do a drumroll of everybody when the worst (or best) is over.

But I thought as thanks, I should give you something. The next few weeks I’m involved not only in promoting my own books but in blog tours for others (it seems to be the season) so I thought I’d take the chance today. I pondered, thought and finally, I decided to share a story, that I think can be enjoyed by all, writers, readers and dreamers alike. Some of you might have read it already but it’s never been officially published, and it’s light enough, to cheer people up. It’s not short, short, but… Ah, and I leave you a few links to other things that you might find interesting at the end.

Here it goes:

The Novel

Denver had never been the most attractive or lucky of girls. Brown hair, brown eyes, average height. Not a sculptural body either. She’d gone through Primary and High School without doing anything remarkable. She’d had a few dates, but she’d never had a formal boyfriend (or an informal one, for that matter!). She’d managed to move away from her parents’ house (nice people, but too conventional) nearly a year ago, and she’d expected her life to change completely. No more boredom! Excitement, freedom, recklessness! Maybe all that wasn’t her, after all, because her life had continued to be as boring as usual. Nothing new. She had a studio-flat to herself, but that was all there was.  It wasn’t even in a fancy place. Peaceful, quiet, and empty.

Even her friend Phoebe was living with someone. She’d always thought Phoebe would be the last girl in the world to get somebody. So shy, so prudish, she never dared to take any risks at all…And there she was. Phoebe had had her adventure, and Denver was still there. Waiting. What on earth was she waiting for?

If only things were like in the books or the films. Life would be so much easier to handle. If only she could discover what the plot to her life was, or at least what the genre of the novel she was living was. If life came with a book of instructions for its use and enjoyment everything would be so much simpler…

She told herself that it was all a matter of determination. She was going to take control. From now on, she was writing her own story. And she would decide what it was going to be like. She could hear the music of Carmen (‘Toreador’) as she went to sleep on the thought. Her name in neon lights. Her relatives and friends clapping at her performance. Her life was going to become a best seller!

The next morning, when she walked into her office, she’d made her mind up. A romantic story. That was what her life was going to be. A beautiful love story. The setting wasn’t perfect: tables, computers, doors, papers and more papers. But her reserve of imagination was larger than the Federal Bank’s gold reserve. She could blank out reality if she tried real hard. It was all in the process of creation. The plastic and cheap-looking tables could become mahogany, period tables. The lamps, crystal…Maybe something more intimate and less grand would be more romantic. She didn’t want ‘Gone with the Wind’ either. It was too much. Not so ambitious. Flowery pastel curtains on the windows; instead of the huge skyscrapers a lake and a little white house in the distance, a Cole Porter song…And soft light. Definitely soft light. It would go with her pink dress. And she had a hero. Mr. Spencer, Mark, her boss. He was tall, dark and handsome. Denver was well aware that there were many women interested in him, but deep inside him, even if he’d never showed it, she knew that the flame of his love for her burned really hot. She had got some flowers for her desk, to complete the scene, and she left one in his room.

Mr. Spencer came in and nodded at her. The music grew louder. He hadn’t said anything but Denver sensed that he was only feigning indifference. She waited for his call. He would call her any time to thank her for the flower, and he would acknowledge his feelings. She could picture the scene. She’d go in, and there he would be, in the centre of the room, hazy  background and a shiny smile on his face. Who needed Brad Pitt or Leonardo Di Caprio when she had Mr. Spencer? He would rush towards her, inflamed by his passion and taking her hand he would cover it with kisses.

”Thanks for the flower. It’s so beautiful and delicate as you are. I suppose you imagined I didn’t notice you, but it’s taken all my self-control not to approach you before, and now…”

“Mr. Spencer…” She would blush and flip her long eyelids that were one of her main charms.

“Call me Mark…”

One of the other girls, a newcomer, short and very active, shook her.

“Mr. Spencer is calling you. I wouldn’t make him wait. He’s been quite short recently.”

“He won’t be short with me.”

The other girl looked at her surprised, but Denver marched in the office with her notebook and a broad smile. ‘Our love is here to stay’ was playing in her mind.

“Mr. Spencer.”

He was sneezing like mad. No hazy background, no shiny smile.

“Was this your idea?”  He asked pointing at the flower.

“Well, yes. I thought it would enliven the office.”

“Nobody asked you to think. I’m allergic to flowers. Take that away from here. Quick!” His tone was dry and hard. He was not amused.

She grabbed the flower feeling mortified. She was only trying…

“And don’t come back in. Mr. Wingfield needs someone to help him. His secretary had an accident a couple of days ago. Take your things to his office.”

Mr. Wingfield! He was old, fiery, and not very nice. Denver could have cried.

“And take the flowers on your desk with you. Thanks.”

Thanks? Thanks? Who did he think he was? Not her hero, definitely not. A romantic hero didn’t behave like that. Men. One could never trust them to play their parts.

While she was filing documents in Mr. Wingfield’s office she concluded that, whatever it was, her life wasn’t a romantic novel. But, who wanted a romantic novel anyhow? There was no real adventure, no risk, and no danger. A detective story. A good detective story was what she needed.

Next day Denver decided on wearing a dark suit, and she even bought a packet of cigarettes on the way. She tried to smoke one, but it made her cough, and her eyes started to cry. She threw them away. She’d have to be a healthy detective instead.

Once in the office nothing exciting seemed to happen for a while. Selecting the mail, answering some of the letters, rearranging some appointments. Just before midday, Steve, one of the salesmen and Marie’s (one of the other secretaries) boyfriend went to see her. He was a nice guy, nothing outstanding, but kind and attentive. He didn’t have a dress sense though, red hair and a brown suit didn’t quite match, but he wasn’t like the other salesmen always flirting with the pretty girls and never talking to her. He was polite and he always told her about his adventures when selling their ‘wonderful garden implements’. Marie never let him talk about it; it was too boring for her. She only wanted him to adore her and talk about her all the time. Steve was far too good for Marie. Not Denver’s type, but he deserved better than Marie. She always had to act all high and mighty.

“ I wonder if you can help me with this mystery.”

A mystery! Eureka! She had the feeling this was going to be her lucky day. The music inundated her ears. Dark, slightly threatening, jazzy…

“Tell me.”

“I’ve been to see Marie…She’s not at her desk.”

Denver’s pulse accelerated. The trumpet blew in. A missing person. Always a good topic in detective stories.

“She’s probably doing something…photocopying?”

“I’ve looked. She isn’t there. Nobody has seen her go out either.”

“Let’s go and see.”

Denver examined Marie’s desk with utmost attention. A good detective had to be scientific and meticulous. Shame she hadn’t brought a magnifying glass with her. But, that was too old-fashioned. Now it was all DNA testing and sophisticated gadgets. She’d have to do with her wit. It was much cheaper. Observation was the first rule. Marie’s notepad was there, so it was unlikely that she would be in Mr. Spencer’s office. Unless she…

“Do you think she’s filing something in the office?” Steve asked.

“It’s possible, but Mr. Spencer doesn’t like us to do it while he is here, and he hasn’t gone out. You see? She hasn’t written anywhere where he was going. He must be there.”

“What about the toilet?”

“It’s been quite a while. And her handbag is in the drawer, so she isn’t making up or anything.”

“She can’t possibly have vanished.”

“Did she know you were coming?”

“No, she didn’t. I wasn’t supposed to be here today, I had to go out of town, but the client phoned saying he was unwell, so I didn’t go.”

“I see.”

An idea came to Denver’s mind. She didn’t like it, but it made sense. Why Mr. Spencer had seemed so crossed recently, why Marie had been wearing nicer and more expensive clothes, why he’d dismissed her with a stupid excuse. Her mental soundtrack died. It was solemnly silent.

“I think…” Denver pressed a button in the intercom.

“Oh Marie…”

“Mr. Spencer…”

“Mark…”

“Mark…Go on…Go on…Yes, yes, yes!”

Denver switched it off. It was too much. Steve’s face had changed colour.

“Bitch.”

“Don’t…”

Steve was flushed, shaky, but tried to smile. “Don’t worry. I won’t do anything stupid. Good luck to her. I can find somebody like her any time. Thanks all the same.”

“I’m sorry.”

“It’s all right. Not your fault. Bye.”

Denver wasn’t hard enough for the job. She didn’t like its results. The truth could be too hurtful at times and she wasn’t mean. Her life wouldn’t be a detective’s story either.

Denver didn’t admit her defeat as yet. The times weren’t right for romantic novels or detective stories. People wanted the impossible, dreams come true, progress…Science Fiction, that was the ‘in’ thing. A good Sci-Fi story. That was it.

On the elevator the next day she was trying to get herself in the right mood for her new genre. The building was better suited for that than for romantic novels or detective stories really. Metallic-looking doors, abstract paintings, mechanical sculptures, cameras everywhere, computer screens, and thousands of doors…Even the people looked grey and metallic that day. The elevator stopped without a warning between the tenth and eleventh floor. She didn’t know any of the other people stuck with her. They worked in other offices. One of the men, pale, bold, in a grey suit, seemed annoyed.

“I wonder what it is this time. These bloody things never work properly.”

“It won’t be anything serious.” the youngest, blondest and prettiest of the girls affirmed. She was wearing a grey skirt and a grey blouse too. Definitely a grey day.

“Shall we press the alarm button?” a very young man anxious, sweaty, and probably wearing his first grey suit for his first job, asked.

The lights went off. Maybe she’d made a mistake and it was a horror movie after all. Or a combination, like ‘Alien’. But, the only music that would play in her mind would be the band in ‘Star Wars’ bar. OK, they were all a bit weird in that elevator, but not as weird as the specimens in the film.

“What’s happening?” It was an unknown voice. A grey woman, no doubt.

“I’ll press the button” the young grey man said. No movement, no sound. Dead quiet.

“It isn’t working! What’s happening?” the same grey woman asked. The pitch of her voice was higher this time.

The elevator shook and there were noises. Everybody went quiet. Denver thought that it didn’t feel quite right for an abduction. She’d always heard about bright lights, and usually somebody driving along lonely roads, or out for a walk, not in the middle of town, in an elevator full of people. It didn’t make sense. Maybe it was a horror novel. But why that music? It wasn’t serious. Even the music of the ‘X-Files’ would be more appropriate, but no. The alien bar in ‘Star Wars’.

They could hear what seemed to be voices coming from outside. Perhaps it was an abduction after all. Aliens. Did aliens prefer people wearing grey in elevators? Denver hadn’t read anything about that. She shouldn’t have neglected her culture that way. If she wasn’t abducted she’d made up for it. If she was…well, she imagined she’d get to know, one way or another.

“Help! We’re trapped!” the bold grey man shouted.

The voices stopped and all went very quiet.

“Something is not right.” the very young grey man offered. “I think…”

They heard somebody or something walking on the roof of the elevator. One of the panels on top of them began to move. It was lifted and a ray of light flashed in. Denver had suddenly realised in a panic that she was wearing green! They were coming for her! Aliens couldn’t stand people who wore green! She screamed and the rest of the elevator joined in.

“They’re coming to get us!”.

When a head looked in, a loud thump resounded in the closed space. A spot of light fell on the body. It was the bold grey man. He’d fainted.

“What are you doing here?” the owner of the head asked. “We told the porter not to let anybody use this unit because we had to do some repairs, so we stopped it in a place convenient for us.”

“The porter never said anything.”

“Who did you think I was, anyhow? Why did you scream? Oh well, we’ll let you out. Sorry.” The repair man grinned. He was probably thinking it would make a good story to tell his colleagues. Panic in the elevator!

It was embarrassing. Even Denver looked grey after that. And if it wasn’t bad enough, the music carried on. But she could take it.  It wouldn’t be a Science-Fiction story, or a Horror novel either. Maybe try another old-style type of thing. Revival time. A good Western. Nothing could really compare to an old Western. And she’d always wanted to wear cowboy boots and a hat. With the central heating at full blast it felt like a dessert, and the cacti the company had bought to give the office a homely atmosphere helped the impression. Her name was appropriate too. Denver. The Denver Kid…The Denver Girl…Denver the Quick. Buffalo Denver? Decisions, decisions. And Mr. Wingfield bothering her about some copies. She’d choose her new name whilst making the copies.

When Denver reached the photocopier, strategically placed in the middle of the corridor that joined all the offices, she realised that she had forgotten her card. She left her things next to the machine while she went to pick it up. When she returned Marie had had the cheek to jump her place and start photocopying her own stuff. Who did she think she was? First her man, then the photocopier. What would be next? No, it shouldn’t be tolerated. There wasn’t enough space in that office for the both of them. The whistles in one of Clint Eastwood’s movies seemed to filter under the door at the end of the corridor. A very long corridor. Empty. Only Marie and her.

“Marie.”

“Yes?”

“I was here before you came. Didn’t you see my things?”

“You should remember to bring your card with you.”

Denver didn’t have a gun, but she reached for her belt nonetheless. She adjusted her imaginary white hat. At the end of the dusty street was her enemy, Marie, all dressed in black. They were approaching each other in slow motion. Did she imagine the clink of the spurs? Moving closer, a little bit closer.

“And you should remember you have a boyfriend before getting in the office with the boss.” She felt a slightly bitchy, but one had to use the best weapons available. She was ready to shoot. Fast, clean, no hesitation.

“What do you mean?”

“Have you seen Steve recently?”

“No.”

“I think he heard a very strange conversation between Mr. Spencer and you.”

“I don’t know what you’re talking about.”

“One that went something like: ’Mark…Yes, yes, yes!’” she said, trying to imitate Marie’s high pitched voice. Did she hit the target? Marie was still standing, but she was sure she’d wounded her at least.

“You…!”

“Me…what…?”

Denver could see in Marie’s eyes that she was preparing to shoot. She looked like a good shot. Cool, calm, no shakiness.

“Do you know what Mark said to me, Denver? He said: ’That Denver, she’s such a pathetic creature. She always seems to be living in the clouds, she has no style, no sense of humour. I’m sure she’s a lesbian.’”

“He didn’t…” Denver felt the bullet straight in the heart.

“Do you want us to ask him?”

Denver retreated. Too much blood loss to try another shot. She wasn’t offended by Mr. Spencer calling her a lesbian. That wasn’t an insult, that was the same as calling her short or brown-haired. Only she didn’t feel attracted to women that way. But ‘pathetic creature’ ‘no sense of humour’. She’d tried so hard to make him like her and she had failed. She didn’t stand a chance with anybody else. She left the scene badly wounded. She’d lost her duel. She wasn’t made to be a gunwoman either.

If Steve hadn’t walked in her office at that precise moment Denver would have cried, but she knew he had better reasons than her to cry(after all he’d been going out with Marie for nearly two years now and he seemed quite serious about it), and he was holding on. Whatever her life was, she didn’t want to make a big tragedy out of it. It wasn’t that bad.

“Hi Denver. You don’t look happy.”

“Hi Steve. I am not. But nothing important.”

“Tell me your sorrows and I’ll tell you mine.”

“It’s a long story, Steve.”

“It’s lunch time. Go on. Let’s go out and you tell me.”

“All right.”

Sitting on a bench in the park she told Steve her ideas about books and life and her failed attempts at living her life as if it were a book. He laughed.

“Do you think it’s funny?”

“I do. Haven’t you realised that your life makes a wonderful comedy?”

“It doesn’t. Not from my end.”

“I think it’s hilarious. A shoot-out with Marie. That’s a lovely idea. I wouldn’t mind myself. But I’d rather have real guns.”

“I’m pleased I’ve made you laugh.”

“You’ve made me feel better. But not as well as to make me change my mind. I’ve decided to leave this job. It was never for me in the first place and I don’t want to do this for ever. A friend of mine is getting a restaurant. I can’t remember if I’ve told you before but I trained as a chef. It isn’t going to be a big business to start with, but…”

“Here?” It would be sad to lose her only ally in the place. And such a nice person.

“No, in Boston. It’s a bit far but I am not leaving that much behind.”

“I’ll miss you.”

“Come to see me. I’ll miss you too. The only person I’ll miss in this hole. But you must remember, nobody can ruin your life for you if you don’t let them. You have enough imagination to survive anything.”

“Thanks. We must go back to the office. I still work there.”

“Let’s go back.”

Steve promised to say goodbye before leaving, and Denver promised in return that she would try to go and visit him. She sat back at her desk and her mind wandered back to the old themes. Life. Novels. Maybe books weren’t as powerful or as good a guide as she had thought. She didn’t want to live a comedy that was only funny for others. Whoever was writing her life hadn’t given her a very good part on it. And not much voice in the matter. Life wasn’t fair.

“Denver, Denver!” Mr. Wingfield’s voice woke her up from her reveries “Dreaming again? Come to my office. I have to dictate you some letters.”

Letters, letters…Maybe life was only writing other people’s letters.

Back at home Denver kept on thinking about her life. Writing other people’s letters? Was that all there was? No. It couldn’t be. If she couldn’t live her life like a book, maybe….

She sat at the table, got pen and paper and began to write:

Denver had never been  the most attractive or lucky of girls.

****

What do you think? I like Denver.

And, a couple of things, as I said at the beginning a couple of links to sites that I’ve been using recently that you might find interesting.

If you’re fed up with ads when you’re on-line, you can try this:

https://adblockplus.org/

It is free, it exists as an extension that you can download for most of the usual browsers, and although it does not block all ads (it does not block those they consider do not interfere with content and as just part of helping run the site) it does make the experience less annoying. You can also customize it to your own taste, as, for instance, I don’t mind the Facebook like buttons that much, but you can block those too. Have a check and see what you think.

For the authors amongst us, I think we know that if we publish our books with Amazon, we have the added problem of the many different stores, with multiple links to the same book. The answer is to create a link that sends the person directly to their store. There are a few options for this, with caveats about affiliateship extensions, etc (it can get complicated), but I’ve always tried to go for an easy option. Due to some changes in the site I used before, I looked for a new one and came across, Relinks.me.

http://relinks.me/

They provide not only the multi link, but also the shortened version (you don’t need to worry going to Bitly, owly or others… Yes, I’m sure you all know the links shorteners, that can be handy for Twitter), and the you can create an author one too (if you have your profile in more than one of their stores). If you only have one profile, what the author link does is direct people to a list of your books. (I asked).

They also provide a QR code for each book. I haven’t used them for anything yet, but if you produce your own promotional material, it can be handy. Apart from that, I’ve been in contact with them a few times, and they are prompt replying and keen on working with authors, so I like them.

One caveat I noticed. Evidently the system must work with localization for wherever the person clicking the link is, as when I was in Spain, those links would send me to the Spanish Amazon but my account is Amazon UK (no, the links are not that clever).

And something different. As I wasn’t busy enough (Ha!) I thought I’d try to keep my brain going by doing something different. And what better than learning a language! In a post somebody suggested a number of places to learn languages free online. And I tried the first, Duolingo and I liked it (it’s a community and other users from the original country add comments and answer questions, and sometimes the comments are priceless).

https://www.duolingo.com/

If you’re curious, I’m trying to learn German. I’ve been at it for over a month and the site tells me I’m 16% fluent in German. I’m not very convinced.

Ah, and for all  of you authors, those of  you who know or live with authors, and in general, anybody who fancies a laugh, I’m sharing this post by Kristen Lamb (her blog is a treasure trove of information for writers) that made me roar with laughter. And, please, please, follow the links to the Amazon reviews…

https://warriorwriters.wordpress.com/2015/06/05/you-might-be-a-writer-if/

Thanks all for reading, thanks dear friends for your help (you know who you are) and I hope you don’t mind this rambling post. You know, like, share, comment and CLICK!

And don’t forget Angelic Business

Angelic Business 1. Pink Matters

Angelic Business 1. Pink Matters

Amazon:

http://rxe.me/YIHTW96

Apple:

http://apple.co/1Kuzdl8

Kobo:

http://bit.ly/1LU77jt

Nook:

http://bit.ly/1eLMTOG

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Living in the Gap

“Ruffled feathers and endless squawking over a minor difficulty is typical of a crow’s life. I lean back on the counter and realize that could be my line….”

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Los escritos de Héctor Browne

Blog (algo literario y algo viejo) de un Licenciado en Letras, diplomado en edición, y Profesor de Lenguaje.

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