Archives for posts with tag: pasteles

Hola a todos:

Los que me seguís ya sabéis que hace poco publiqué un romance que se desarrolla (en parte) durante un concurso de repostería televisivo, I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes).

Como parece que os gustó el capítulo que os dejé de muestra, decidí compartir otro (y os prometo que es el último) donde Dulce y Adelfa, las principales protagonistas de la novela (perdona Storm) conocen al equipo del programa y a los demás concursantes. Hay un poco de todo, como dicen…

I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) versión española de Olga Núñez Miret. Portada de Lourdes Vidal

I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) versión española de Olga Núñez Miret. Portada de Lourdes Vidal

Capítulo 6. Preparar pasteles y fauna televisiva. (Ahora)

Las tres semanas pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Dulce y Adelfa le pidieron a sus principales empleadas y amigas, Pixie, Vicky y Tessa si podían llevar la tienda mientras estuviesen fuera. Todas estaban muy excitadas y contentas de poder organizarse entre ellas, con la ayuda de los voluntarios, para mantener el lugar en funcionamiento. Se habían asegurado de no aceptar encargos grandes para la semana en que iban a estar fuera, aunque estaban convencidas de que el equipo que iba a quedarse a cargo era más que competente. Toni decidió tomarse unos cuantos días libres para ayudar a las chicas y ensuciarse más las manos. Dulce y Adelfa hicieron las maletas llevándose su ropa favorita y más cómoda para la cocina, un vestido elegante y accesorios para la gala (por si acaso llegaban a ella) y unos cuantos gadgets y utensilios para que les dieran suerte. Tony y Toni las llevaron al aeropuerto.

—¿Estáis listas, chicas? —preguntó Toni.

—Tan listas como estaremos nunca —respondió Adelfa.

—Lo sabremos con seguridad una vez empecemos. Hemos hecho todo lo que se nos ocurrió y todo lo que nos sugirió la gente para prepararnos. El resto…está en manos de los dioses —dijo Dulce.

—¿Va Storm a reunirse allí con vosotras? —preguntó su padre.

—Se ha ofrecido a aconsejarnos por teléfono y si sobrevivimos los cuatro primeros días se reunirá con nosotras en vivo. También ha estado viendo programas de series pasadas y nos ha enviado diseños, esquemas e ideas. Si conseguimos llegar tan lejos y viene Storm, tendremos con nosotras al mejor artista que hayan visto nunca —dijo Adelfa.

—Eso es cierto. Ese chico es tan raro como talentoso —dijo Tony.

—Papá, ya no es ningún chico. Y nosotros tampoco somos ya chicas— se quejó Dulce.

—Creí que te ibas a quejar porque le había llamado “raro”.

—No, es raro, pero le queremos de todas formas —concluyó Dulce.

—O quizás le queremos precisamente por ser tan raro —añadió Adelfa.

Todos se rieron. Llegaron al aeropuerto, cogieron las maletas, Toni les aseguró que se cuidaría de la tienda, se despidieron y así iniciaron la mayor aventura de sus vidas.

Durante el vuelo intentaron concentrarse en disfrutar el entretenimiento a bordo en lugar de pensar en lo que se esperaba de ellas. Una vez llegaron a Los Angeles todo fue de lo más excitante. Soleado, ruidoso y….

—Esto es realmente… —empezó a decir Dulce.

—¿Artificial? ¿Falso? ?De imitación? —sugirió Adelfa.

—Rubios, bronceados, bellos con una idea de campaña publicitaria de la belleza. ¡Oh Dios mío, vamos a llamar la atención como cardos borriqueros en un rosal!

—¡Ahí está! Han enviado un coche a recogernos.

Adelfa había visto a una mujer sujetando una cartulina con sus nombres y se dirigieron hacia ella.

—Somos nosotras. Yo soy Adelfa y ésta es mi asociada Dulcinea, Dulce para abreviar.

—Es un placer conoceros. Soy Danielle, Dannie. Hago un poco de todo, lo que sea preciso. Suministros, coordinación, cubro a quién sea que no esté, corre ve y dile…

—Chófer… —añadió Dulce.

Dannie asintió.

—Vámonos. Os dejaré en el hotel. No está muy lejos del estudio pero enviaremos a alguien a recogeros mañana. No habrá un programa en directo, solo os daremos tiempo para que os acostumbréis a los hornos, para poder discutir los detalles, filmar algo como presentación, y daros tiempo para que conozcáis a todo el mundo. Y una cena de bienvenida. Pero esta noche os dejamos que descanséis un poco.

—Eso suena bien —contestó Adelfa.

En el coche Dannie hizo de guía turístico ocasional. Les señaló una variedad de lugares de visita y casas de los ricos y famosos.

—Si todavía seguís aquí el jueves, ya que ese día no hay programas, a veces los concursantes deciden hacer un tour de verdad. Es divertido y una buena manera de relajarse cuando falta poco para alcanzar la meta.

—Suena bien. Si llegamos tan lejos —dijo Adelfa.

—¿Cómo es el resto del equipo? —preguntó Dulce —. Hasta ahora solo hemos hablado con Harry Heston.

—¿Harry el Sucio? —preguntó Dannie. —Es bastante único, no el típico miembro del equipo.

—¿Harry el Sucio? ¿Es un aficionado a Clint Eastwood?—preguntó Adelfa.

Dannie respiró a fondo antes de responder.

—Esa no es la razón de su apodo. Hemos llegado al hotel. Aquí estamos.

Dannie las ayudó con el equipaje y les dijo que el coche estaría allí a las 9:30 de la mañana. Una vez subieron a su habitación y deshicieron las maletas Dulce y Adelfa decidieron ir a pasear y explorar los alrededores. Era un suburbio anónimo aunque después de preguntarles a un par de personas consiguieron que les dieran instrucciones y cogieron un autobús que las llevó a la playa. Una vez allí se pasearon y observaron a la gente en patines, tomando el sol, jugando al voleibol de playa…

—Es como en las películas —dijo Dulce, intentando no ser demasiado descarada contemplando los fabulosos cuerpos que las rodeaban. Adelfa, por otro lado, no estaba siendo demasiado discreta. —Estás mirando a esos tíos como si “ellos” fueran cupcakes.

Adelfa sonrió, desviando la mirada unos segundos para contestar a Dulce.

—Bueno, están para comérselos. Y evidentemente vienen aquí para exhibirse. No hacen tanto ejercicio dándole a las pesas para esconder los músculos en casita. Considéralo el equivalente de ir de escaparates. No tengo la más mínima intención de comprar pero en cuanto a mirar… ¡Date un atracón con la vista! No tenemos muchas ocasiones como ésta.

—Probablemente tienes razón.

Después de pasarse un buen rato contemplando a gente (la mayoría del rato a hombres, aunque algunas de las mujeres estaban tan interesantemente desvestidas que no podían evitar mirarlas), se sentaron con un helado cada una. Adelfa estaba muy pensativa, lamiendo su helado muy lentamente y finalmente preguntó:

—¿A qué crees que se refiere eso de Harry el Sucio?

—Probablemente algún tipo de broma de ellos. Quizás si conseguimos quedarnos el tiempo suficiente nos enteraremos.

Dulce no tenía la menor idea de la razón que tenía. O de lo mucho que se acordaría y se arrepentiría de sus palabras.

Esperaron hasta el anochecer y entonces volvieron al hotel, parándose por el camino para comprar fruta y agua. Después de ver algo de televisión se fueron a la cama, a esperar el primer día de su experiencia televisiva.

No durmieron mucho y se levantaron temprano para asegurarse de que estarían listas con tiempo de sobras cuando llegara el coche. No querían llegar tarde el primer día y dejar una mala impresión. El coche las dejó en el estudio de televisión y Dannie ya las estaba esperando a la puerta.

—Entrad y sentaos en recepción. Cuando estéis todos aquí iremos al estudio para conocer a los demás.

—¿Somos las primeras?

—No del todo. Ya ha llegado algunos concursantes. Id a presentaros.

Había cuatro personas sentadas en el área de recepción. Dos chicas rubias, típicamente Californianas, que inmediatamente saltaron de sus asientos y les dijeron que estaban muy excitadas, y se pasaron el rato riéndose y haciendo mucho ruido (y aunque se llamaban Denise y Diane, Adelfa las bautizó inmediatamente Barbie y Cindy, con motivo) y un hombre de unos cincuenta años y otro de unos treinta, padre e hijo, Andrew y Andy. Los dos eran ingenieros, aunque Andrew había trabajado casi toda la vida en campos petrolíferos y Andy se dedicaba a los transportes.

—Mi padre también es ingeniero —dijo Dulce.

—¿Cómo se llama?

—Oh, Tony. Anthony Baxter.

—Creo que trabajó en un puente que formaba parte de la línea ferroviaria en la que he estado trabajando hace poco. En Nebraska —dijo Andy.

—Me parece que tienes razón, aunque fue hace bastantes años —respondió Dulce.

—Un muy buen trabajo.

—¿Sois muy aficionados a la cocina? —le preguntó Adelfa, intentando pillarle la medida a la competencia. Ya había desestimado a las dos chicas, que solo parecían estar interesadas en cómo quedarían delante de la cámara.

Andrew agitó la cabeza de lado a lado.

—Siempre me ha interesado y me he dedicado a cocinar en mi tiempo libre, aunque a Andy se le da mucho mejor que a mí. Por desgracia no he tenido mucho tiempo para mejorar mis habilidades y Andy… desde que su mujer tuvo el bebé, ha estado muy ocupado con otras cosas —dijo, alborotándole el pelo a su hijo afectuosamente.

Andy le sonrió a su padre.

—Sí, muy ocupado —sacó el móvil del bolsillo y les mostró una foto de un bebé. Una niña —. Lily. Tiene casi tres meses.

—¡Es preciosa! —dijo Dulce.

Andy sonrió orgulloso.

—¿Tenéis un nombre para vuestro equipo? —les preguntó Andrew.

—Oh, tenemos una tienda. ˈCupcakes y Pasteles, Literalmenteˈ, así que usaremos el mismo nombre —dijo Adelfa.

—¿Cupcakes Literalmente? —preguntó Dulce frunciendo las cejas.

Adelfa la ignoró y los dos hombres las miraron con expresión sorprendida.

—Llevamos mucho tiempo manteniendo una discusión semántica sobre el nombre de la tienda. Yo prefiero ˈliteralmenteˈ pero Adelfa prefiere ˈliterariosˈ ya que le encantan los libros —explicó Adelfa.

—Y la tienda es mucho más que una tienda de pasteles y cupcakes. Tenemos libros usados e intercambiamos los libros que nos traen los clientes, gratis. Y traemos a escritores y a otra gente como invitados y vienen a dar charlas, tenemos lecturas de libros para niños, y montamos exhibiciones, y workshops, y cursos de cocina y de decorar pasteles… —explicó Dulce.

—Suena maravilloso —dijo Andy.

—Deberíais verlo. Déjame… —Dulce sacó su teléfono y les mostró algunas fotos. Ellos exclamaron en los sitios apropiados. Denise y Diane también se unieron a ellos.

—¡Anda, un edificio de bomberos! ¡Qué divertido! ¿Tenéis algún bombero? —preguntó Diane (o Denise, Dulce no estaba segura).

—Por desgracia no venían incluidos con el edificio pero estoy segura de que podríamos hacer algo al respecto si vinieseis de visita —contestó Adelfa. Dulce le dio un codazo en las costillas pero ella se limitó a sonreírle, tan dulcemente como pudo.

—¡Fabuloso! Nosotras todavía no tenemos una tienda, pero ya tenemos nombre. ˈCupcakes Un trocito de cieloˈ. Denise quería llamarla ˈD-liciasˈ. Ya sabéis, D de la letra D, ya que las dos somos Ds, Diane y Denise, pero me pareció que la gente igual creía que estábamos hablando de algo picante, tamaño de copa y eso… Y no estaría bien confundir a la gente, especialmente porque hasta que no nos operemos… Vamos, que no somos tamaño D en realidad…

A Andrew y Andy se les subieron todos los colores del arco-iris durante la explicación de Diane, pero Dulce y Adelfa se rieron.

—Creo que ˈUn trocito de cieloˈ es un gran nombre —dijo Dulce.

—Nuestra tienda se llama ˈDejadles que coman cupcakesˈ. Ya sabéis, María Antonieta y los pasteles. También tenemos un negocio virtual, ˈLady Cupcakes y Lenceríaˈ que nos va muy bien. —Una mujer alta, de pelo largo y oscuro, unas gafas de sol doradas enormes, zapatos increíblemente puntiagudos con los tacones más altos que Dulce había visto nunca, la falda más corta y uno de los tops más reveladores que se habría atrevido a imaginar acababa de entrar en la sala y se apuntó a la conversación. Una versión más bajita, menuda, con mechas rojas, pero vestida con una falda de similar medida y top escotado entró detrás de ella. Se presentaron: Pam y Chloe.

—Bueno, ya hay otra pelirroja en la competición. No te sentirás tan sola —susurró Adelfa.

—No es pelirroja de verdad —contestó Dulce, también en susurros.

—Creo que ya lo he notado… especialmente ahora que se ha sentado —bromeó Adelfa, mirando la falda de Chloe.

—Tú… —Dulce le golpeó el brazo en broma.

—¿Así que vosotras vendéis lencería y pasteles? —Andrew les preguntó a las recién llegadas. A Dulce le preocupaba que se le fueran a salir los ojos de las órbitas. Andy había agarrado a su padre del brazo, probablemente intentando que no se pusiera en ridículo.

—Creamos sets de regalo, unas cajas muy elegantes, con piezas de lencería y cupcakes. Nuestra idea es que la mujer se come los cupcakes… —dijo Pam.

—Y el hombre se come… —añadió Chloe.

—Creo que nos lo podemos imaginar —la interrumpió Adelfa. Chloe la miró con una expresión no demasiado amable.

—Quizás sería mejor no crearnos enemigos desde buen principio si lo podemos evitar —le dijo Dulce a su amiga muy flojito.

Adelfa la miró  y asintió. Sacó el teléfono y Dulce recibió un texto unos segundos después. Esperó un momento antes de leerlo.

“Me pregunto si el ser tan fogosas las hará expertas en el uso del horno. ;)”

Mientras todos estaban distraídos con el espectáculo de Pam y Chloe, dos tipos entraron en la sala de recepción. Dulce casi se cayó al suelo cuando uno de ellos se sentó de repente en el sofá al lado del suyo. Los dos iban vestidos estilo combate, eran altos, fuertes y musculosos, uno de ellos Afro-Americano que llevaba un corte de pelo estilo mohicano y el otro iba pelado al cero y tenía unos ojos azules muy penetrantes.

—Somos ˈGuerrilla Cupcakesˈ. Éste es Custer y yo me llamo West —dijo el Afro-Americano del dúo, sin quitarle los ojos de encima a Adelfa.

Todos dijeron hola y se presentaron. Dulce aprovechó la conversación para decirle a Adelfa:

—Me parece que tienes un admirador.

Ella se encogió de hombros.

—Me preocupa más su habilidad como pasteleros. La estrategia y organización militares pueden serles útiles en algunos de los episodios.

—Eso es cierto, pero no creo que sean muy delicados y habilidosos para cosas como decoraciones, aunque quizás deberíamos reservarnos la opinión hasta que veamos de qué son capaces.

Dos mujeres de edad parecida a la suya, treinta y pocos años, entraron en la sala. Las dos tenían pelo castaño, altura media, una un poco más rellenita que la otra, las dos con vestidos floreados sencillos y sin maquillaje. Sonrieron tímidamente y esperaron hasta que el ruido disminuyó para hablar.

—Me llamo Candy y ésta es Trisha. Tenemos una tienda que se llama ˈSimples cupcakes y postresˈ. Nos gusta usar ingredientes orgánicos, evitamos los colorantes y las sustancias químicas innecesarias y también nos especializamos en productos para gente con alergias e intolerancias alimentarias.

Hubo otra ronda de presentaciones. A Dulce le dio la impresión de que el equipo Simples podría resultar una competición bastante dura.

Los dos últimos concursantes en llegar fueron un chico joven (trece años), que se llamaba Peter Parker (“como Spiderman”, les informó enseguida) y su abuela Lucy, que llevaba la permanente, tenía el pelo gris, y parecía haber hecho un gran esfuerzo por presentarse como una indefensa viejecita, a pesar de no ser tan mayor. Aunque el chico quería que su equipo se llamase ˈPasteles de los superhéroesˈ, pronto se convirtió en ˈPete y su abuelaˈ.

Como todos habían llegado ya, Dannie vino a recogerlos y les mostró el estudio donde iban a grabar el programa.

—A mí no me parece que esa abuela sea tan vieja y esté tan despistada como nos quiere hacer pensar — Adelfa le susurró a Dulce al oído.

—Yo estaba pensando exactamente lo mismo —.  Dulce se giró hacia Andy que estaba detrás de ellas y le preguntó:

—No nos dijiste el nombre de vuestro equipo.

—Lo discutimos mucho. Finalmente decidimos quedarnos con ˈEquipo de reposteros móviles y de apañosˈ por lo de la ingeniería.

—Me gusta —dijo Adelfa.

El estudio no era exactamente como se lo habían imaginado. Lo habían visto en la televisión pero parecía muy diferente en vivo. Había cables, cámaras, luces y lo que tenía aspecto de ser una cabina separada, probablemente desde donde lo controlaban todo, pero también tenía el aspecto de una cocina gigante, con varios hornos, neveras, encimeras y espacio para preparar la comida, fregaderos, cajones, utensilios …

—¡Anda! No sé qué me esperaba, pero es enorme e impresionante —dijo Adelfa.

—Aquí llega Harry —les advirtió Dannie, y Dulce no pudo evitar pensar en el Jack Nicholson con cara de loco de ˈEl resplandorˈ liándose a hachazos con una puerta y diciendo: ¡Aquí llega Johnny!

Todos se giraron y vieron a un hombre que se acercaba a toda velocidad. Tenía cuarenta años largos, algo de tripa, se estaba quedando calvo, y tenía unas facciones muy dibujadas, con la barbilla cuadrada y prominente y la nariz grande y recta. Sus ojos eran grandes, y de un verde intenso.

—Hola. Me llamo Harry Heston. Es un gran placer conoceros a todos. Tendremos tiempo de ir conociéndonos un poco mejor durante los próximos días. Solo quería que vinierais, que os conocierais todos entre vosotros y al equipo del programa, que cocinarais algo para acostumbraros a las cocinas y luego saldremos a cenar esta noche para relajarnos todo un poco antes de que empiece el circo mañana. Tú debes ser…

Empezó a decir nombres, a dar la mano a la gente, a sonreír, asentir, gesticular y poner cara de interés. Les presentó a los cuatro cámaras principales, Joe, Preston, Stan y Chris, que se limitaron a saludar con la cabeza desde sus cámaras, a una mujer que se llamaba ˈMinnieˈ que llevaba un traje gris, gafas, y se agarraba a su iPad como si la vida le fuera en ello. Ella se encargaba de coordinar dónde tenía que estar todo el mundo y lo que tenían que hacer en cada momento.

—Me dirigiré a vosotros por el nombre de vuestros equipos. Tengo muy mala memoria, bueno, en realidad tengo demasiadas cosas en las que pensar así que me concentro  en los asunto fundamentales para el programa. Y prefiero no encariñarme demasiado con ninguno de los concursantes. Si no, se te rompe el corazón cuando la gente se tiene que ir.

Adelfa y Dulce se miraron y se encogieron de hombros. Pues bueno.

Dannie les mostró otras cosas importantes como los cuartos de baño, la cantina, una tienda pequeña de chucherías y bebidas, los vestuarios, la sala de maquillaje…

—Hay mucha más gente que participa en el programa, pero la mayoría vienen y van y no son parte permanente del equipo, así que les conoceréis cuando aparezcan. Si necesitáis algo siempre me podéis preguntar a mí. O a Harry. Y recordad, hoy estáis aquí para pasarlo bien. No os preocupéis de nada. Esto no es la competición todavía. ¡A divertirse!

Dulce y Adelfa fueron al cuarto de baño y aprovecharon para intercambiar opiniones.

—¿Qué te han parecido? — preguntó Dulce. A Adelfa siempre se le había dado bien resumir y dar instrucciones concisas.

—No creo que Barbie y Cindy o los dos Andrews sean una competencia demasiado dura. Los dos militares podrían ser la carta sorpresa. No tengo ni idea. Las dos tías llamativas… Puede que me equivoque pero creo que son lo que parecen. La abuela esa me ha puesto la mosca detrás de la oreja.

—Sé lo que quieres decir. A mí también. Me gustan las chicas de ˈSimples pastelesˈ. Nosotras preparamos algunos pasteles para gente con alergias e intolerancias pero me gustaría aprender sus trucos. Serían un buen equipo con el que hacer amistad, al menos después de la competición —dijo Dulce.

—Las buenas mentes piensan igual. Sí, podrían resultar muy valiosas.

—Vamos a jugar —dijo Dulce.

Y eso fue lo que hicieron. Durante unas horas se dedicaron a probar los hornos, implementos, comprobar los ingredientes y en general divertirse y acostumbrarse al equipamiento. También vigilaron de cerca a la competencia, aunque sabían de sobras que lo que vieran ese día podía tener muy poca relación con sus actuaciones cuando aquello fuera en serio.

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Y para demostraros que lo de las imágenes no es precisamente lo mío, y por si os lo habéis perdido, os dejo el vídeo que creé sobre la novela:

http://youtu.be/rmiXlVyuywQ

El libro, si os interesa, está a la venta en muchas partes. Aquí os dejo unos cuantos enlaces:

Amazon:

http://bit.ly/1sDPZJS

Kobo:

http://store.kobobooks.com/en-US/ebook/i-love-your-cupcakes-me-encantan-tus-cupcakes

Nook (Barnes and Noble):

http://www.barnesandnoble.com/w/i-love-your-cupcakes-olga-n-ez-miret/1120420461?ean=2940046300185&itm=1&usri=2940046300185

Apple:

https://itunes.apple.com/us/book/id923681636

Por si os ha entrado sed con tanto pastel, comparto algo muy especial que encontré en Florencia:

Donna Olga wine. And there were three different types!

Vino Donna Olga. Y tenían de tres clases!

¡Gracias a todos por leer, y ya sabéis, dadle al me gusta, comentad, compartid, y haced CLIC!

Ah, y por cierto, ando a la busca de blogs de cocina (repostería en particular), libros sobre el tema, y páginas, así que si tenéis vuestras favoritas, echadme una mano. ¡Gracias!

Hola a todos:

Los que me seguís hace algún tiempo sabréis que los viernes normalmente os traigo autores invitados (ya sea vivitos y coleando o clásicos), o novedades literaria (a veces las dos cosas). Como sabéis, muy recientemente he publicado mi novela I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) en la que buena parte de la acción tiene lugar en un concurso de repostería televisivo (os contaré algo más sobre eso muy pronto) y eso me hizo ponerme a pensar aún más en pastelerías, reposteros y pasteleros.

Ya debéis saber que aunque hace años que vivo en Inglaterra, yo soy de Barcelona, y últimamente por circusntancias familiares he pasado bastantes temporadas allí. Y aunque no es la primera vez que hablamos de comida en Barcelona (os comenté algo sobre las tradiciones por Sant Jordi no hace mucho), no podía dejar pasar la ocasión de hablaros de la casa Escribà, creada en 1906 y que goza de merecida fama.

La fachada de Escribà en las Ramblas (sí, siempre está lleno de gente)

La fachada de Escribà en las Ramblas (sí, siempre está lleno de gente)

Tiene una tienda en las Ramblas (¿dónde si no?) que es preciosa, y otra en Gran Vía más grande, y donde también reside su escuela.

 

Yo he visitado la de Gran Vía en alguna ocasión, para tomar algo, o comprar algún dulce, y para chafardear, porque da gusto ver las creaciones que allí se exponen.

Escaparate de la tienda Escribà en Gran Vía, celebrando la vuelta al cole

Escaparate de la tienda Escribà en Gran Vía, celebrando la vuelta al cole

(Y si váis no dejéis de echarle un vistazo a la galería de gente famosa que ha visitado el local…) Os dejo el enlace a su fabulosa página web, por si no me creéis:

http://www.escriba.es/

No es raro, si os pasáis por allí, ver a Christian Escribà (y estaba allí la última vez que me pasé, pero estaba hablando con gente, que si no…), que no solo ha seguido la tradición familiar, sino que la ha llevado a cotas muy altas. Yo por pura casualidad pesqué su aparición en Master Chef, donde proporcionó su receta de los macaroons y fue encantador.

Por si no lo vísteis:

Christian Escribà en Master Chef

Christian Escribà en Master Chef

http://www.rtve.es/television/20140507/macarons-escriba/894164.shtml

Por si os apetece saber más y como suelo hablar de ellos los viernes, os dejo:

Escribà. El arte de convertir la pastelería en ilusión

Escribà. El arte de convertir la pastelería en ilusión

 

Desde 1906 la familia Escribà nos sorprende a todos con sus geniales creaciones pasteleras. El genio creativo y el buen oficio se han enriquecido generación tras generación, de tal manera que hoy Christian Escribà es el gran chef de la pastelería hecha ilusión. Este libro repasa las grandes recetas de Escribà: desde sus maravillosos buñuelos y cocas hasta los más fascinantes pasteles personalizados.

Aquí os dejo el enlace en La Casa del Libro:

http://www.casadellibro.com/libro-escriba/9788490560471/2199170

Y por si lo buscáis en Amazon (aunque creo que sale más caro):

http://www.amazon.com/dp/8490560471/

http://www.amazon.es/dp/8490560471/

Aquí mi madre echándole un vistazo a la tienda de las Ramblas

Aquí mi madre echándole un vistazo a la tienda de las Ramblas. Y podéis ver una foto de Christian Escribà preparando Crema Catalana

Y algunas fotos del interior de la tienda de las Ramblas, que es muy chula

Y algunas fotos del interior de la tienda de las Ramblas, que es muy chula

Más fotos del interior, con vidrieras y todo

Más fotos del interior, con vidrieras y todo

Hasta tiene su propia Virgen. Quizás nos deberíamos encomendar a ella. A los pasteles les sienta bien.

Hasta tiene su propia Virgen. Quizás nos deberíamos encomendar a ella. A los pasteles les sienta bien.

Y ya os dejo de fotos. Pero si os pasáis por las Ramblas, no os olvidéis de visitarla. Y a dos pasos de la Boquería (Mercat de Sant Antoni)!

Y ya os dejo de fotos. Pero si os pasáis por las Ramblas, no os olvidéis de visitarla. Y a dos pasos de la Boquería (Mercat de Sant Antoni)!

Muchas gracias a todos por leer, a Escribà por colaborar (aunque dudo que se entere, pero yo le enviaré una copia de mi libro. Nunca se sabe), y ya sabéis, dadle al me gusta, comentad, compartid y haced CLIC! Y si pasáis por Barcelona, no os olvidéis de hacerle una visita. Y si os apuntáis a alguno de los cursos, ya me contaréis!

Ah, y si con tanto hablar de pastelerías os ha entrado hambre pero no queréis pasaros de calorías, ¿por qué no le echáis un vistazo a mi romance “dulce” ‘I Love Your Cupcakes’ (Me encantan tus cupcakes). ¡Gracias! 

PS: Por cierto…ando a la búsqueda de blogs de repostería y cocina para aumentar mi colección, así que si conocéis alguno que os guste, o incluso lo escribís, dejadme el enlace en los comentarios! ¡Gracias!

 

Hola a todos:

No sé si recordaréis que hace unos meses pedí consejo en el blog sobre una novela romántica que estaba planeando, pidiendo sugerencias sobre títulos, nombres, recetas… Vamos, de todo. Y hace unas semanas como parte de un blog hop sobre los personajes de las  novelas que estábamos escribiendo mencioné a los principales protagonistas de la mía.  Pues bueno I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) está acabada en borrador, y ando corrigiéndola, poniéndola guapa, y haciendo todas esas cosas que se hacen antes de lanzar nuestras creaciones al mundo.

Pero como hace tiempo que vengo hablando de ella, me pareció que podría compartir al menos el principio con vosotros, para que no os quejéis de que no os tengo al tanto. Y la probable portada.

I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) de Olga Núñez Miret. Portada de Lourdes Vidal

I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) de Olga Núñez Miret. Portada de Lourdes Vidal

Prólogo. Ahora

 

—¡Cámara, acción!

Dulcinea (Dulce para sus amigos) se quedó paralizada. Veía hablar al productor pero su mente iba a mil por hora y no procesaba nada. “¡Dios mío! ¿Cómo me he metido en este lío? ¿Por qué me he dejado convencer?” se preguntó. El codazo de Adelfa la despertó:

—¡Vamos! ¡Solo tenemos 45 minutos para crear la Madre de todos los Cupcakes.

—Pues si eso es lo que tenemos que hacer, ¡a la carga!

 

Capítulo 1. Inicios (Hace tres años)

A Dulcinea le encantaba su nombre. Siempre le había parecido que le sentaba como un guante. Tanto era así, que si la hubieran llamado de otra manera estaba convencida de que se habría cambiado el nombre a Dulcinea. OK, no era el nombre más típico para una chica norteamericana, pero su madre, Carmen, era española, y siempre había opinado que la dama/amor imaginario de Don Quijote se merecía una segunda oportunidad y un papel más importante que el que le había tocado. También le encantaba el hecho de que el diminutivo era Dulce. Y si había algo que le gustaba a su madre eran las cosas dulces. Carmen era la mejor pastelera amateur de entre las madres de todas sus amigas y dudaba que hubiera muchos profesionales de la repostería y los postres que pudieran competir con ella. Su talento culinario alcanzó tal popularidad que mucha gente le pedía que les diera recetas o les enseñara cómo preparar pasteles hasta el punto que decidió hacer un cursillo de cocina y postres en el instituto local de enseñanza para adultos y siguió con él hasta su fallecimiento. Era de justicia y totalmente apropiado que su hija fuera Dulce.

—¿Qué me dices entonces? Llevas demasiado tiempo luchando contra tu destino. ¿Cuántas carreras y trabajos distintos has probado? —le preguntó Adelfa su mejor amiga, que aunque siempre apoyaba sus ideas, desde luego no se mordía la lengua en cuanto a expresar su opinión —. Déjame contar…

—¿…las maneras? —bromeó Dulce.

—No te pongas Shakesperiana conmigo.

—Es Elizabeth Browning, no Shakespeare.

—¿Ves como llevo razón? Sé que adoras los libros pero…si al menos pudieras hacer algo útil con ello quizás, pero así…Vale, volvamos a lo que estábamos hablando antes de la interrupción literaria. Peluquería…— Adelfa contó uno con los dedos.

Ahora, si esto fuera una película, vendría un montaje de unos cuantos cortes de pelo con poca gracia y nada chic, una permanente quemada hasta el punto de que se cayeran mechones de pelo, aunque el mayor desastre de Dulce siempre fue el tinte y el color. Una paleta de colores naranja brillantes e inesperados, verdes fosforescentes, e incluso efectos tricolor habían salido de sus manos y sellado su salida de la escuela de peluquería por la puerta de atrás.

—Azafata… —Dos.

La película mostraría ahora como a Dulce se le caían las bolsas de equipaje al intentar colocarlas en el compartimento superior, como le aplastaba el pie con el carrito de la comida a un pasajero, le echaba el café por encima a otro, y como se caía sentada encima de varios pasajeros y pasajeras. Nunca se le había dado bien llevar tacones y al final decidió que viajar constantemente tampoco era lo suyo. Por lo menos no le vomitó encima a nadie.

—Horticultura y jardinería ornamental… —Tres.

Esto podría ponerse feo, especialmente si os gustan las flores y las plantas. Nadie podía acusar a Dulce de tener la mano partida para la jardinería. Aparte de composiciones rocosas sin plantas, nada había sobrevivido a sus experimentos como jardinera. Y sus diseños de jardines parecían algo salido de El Bosco. Adelfa solía bromear y decirle que tendría éxito si se especializase en jardines para Goths. Aunque que ella supiera a los Goths no les iba demasiado el aire libre ni los jardines.

—Empresariales… —Cuatro.

De hecho, los estudios le fueron bien. Aunque Dulce prefería la ficción y la literatura no le disgustaban los números y el estudiar en general. Así que la parte teórica no le había ido mal. Una vez llegó el momento de aplicarlo a situaciones de la vida real, ella era demasiado amable y bien educada y no se arriesgaba lo suficiente, no le gustaba la competición salvaje y no era agresiva así que jamás tuvo éxito. Aunque se planteó dedicarse a la enseñanza, los profesores con más carisma eran los que tenían muchas anécdotas personales que contar, especialmente sobres sus éxitos y los fracasos de los demás. Y ella quería hacer algo que requiriera ponerse con las manos en la masa.

—Fotografía… —Cinco.

Dime, ¿no creéis que hoy en día con las cámaras digitales es totalmente imposible hacer una mala foto? Pues bien, si conocierais a Dulce sabrías que estáis equivocados. Mala iluminación, ángulos imposiblemente antiartísticos, partes del cuerpo en lugar del todo. Ni siquiera una top model quedaría bien en sus manos.

—Cuidar de niños…

—Vale, vale. Si estás intentando que me sienta mejor, estás haciendo un trabajo estupendo. Y no le pasó nada malo a ninguno de los bebés. Solo que no estoy hecha para ello. No todo el mundo tiene tanta suerte como tú, Adelfa. Siempre te ha gustado mezclar cosas y analizarlas. Has nacido para ser química y lo has sabido de siempre.

A Adelfa se le había dado bien la química desde muy joven y siempre había impresionado, primero a los maestros y luego a los profesores de universidad, con su talento. Cuando se graduó varias de las más grandes compañías farmacéuticas se la disputaron, aunque ella escogió enseñar en la universidad local y dedicarse a su propia investigación. Pero su éxito profesional no parecía bastarle. Y a pesar de su aspecto (hermoso color café con leche, boca hecha para besarla, curvas en los lugares adecuados y un trasero que hasta Beyoncé estaría orgullosa de lucir) volvía a estar de duelo por otra relación amorosa fallida.

—Sí, pero aún no he encontrado una fórmula que si se la damos a los hombres haga que los idiotas y los perdedores se vuelvan fluorescentes.

Dulce no pudo evitar imaginarse los resultados de tal preparado. ¡Valdría millones!

—Quizás te haría falta estudiar magia en lugar de química para eso. Aunque mi experiencia en el tema es muy limitada diría que la ciencia y los mejores cerebros han fallado miserablemente al intentar encontrar la fórmula para la relación perfecta.

—Probablemente no es culpa de los tíos. Soy yo. Parece que tengo un talento especial echar a perder incluso al mejor tío.

Dulce odiaba ver así a su amiga. Primero porque no tenía razón. Segundo, porque era su amiga y la apoyaría en lo que fuera. Y tercero, porque su último novio, Melvin, no era el mejor tío ni con diferencia. Desde luego los había tenido peores, pero Melvin era uno de esos tipos que se creen que coleccionar mujeres es un hobby de categoría y que cuanto mejores sean las mujeres, más valor tienen para él. Les iba a la zaga, usaba todos los trucos románticos a su alcance, y entonces, una vez las tenía aseguradas, se iba a por otra, a por el siguiente reto, la siguiente joya en la colección.

—Estoy segura de que si quisieras podrías echar a perder a alguien, pero no, no es culpa tuya. Tienes razón; era un idiota y un perdedor. Y vale, también tienes razón sobre mí. Nada de lo que he hecho hasta ahora ha funcionado. Y sí, es cierto, se me da bien la repostería, pero ¿cómo voy a vivir de eso?

El talento repostero de Dulce había sido objeto de muchas conversaciones entre las dos amigas a través de los años, pero últimamente Adelfa le había estado dando la lata a Dulce más de lo habitual con ello.

—¿Por qué no preparamos algún pastel y luego hablamos? Una de las recetas de tu madre. ¿Por qué no aquel pastel que llevaba chocolate, almendras tostadas, huevo, mantequilla, leche, harina y levadura?

—¿Reina de Saba? ¿Pero tendremos todos los ingredientes a mano? —preguntó Dulce.

Adelfa se echó a reír mientras cogía las llaves del coche.

—¡Vamos a comprar! ¡Y necesitaremos unas cuantas cosas más!

—Helado, crema…

—Y también algunos snack salados, para equilibrar la dieta un poco. Al menos el gilipollas me dejó antes de que nos fuéramos a vivir juntos y no tendré que perder el tiempo trasladando trastos. ¡Deprisa! ¡No gastemos ningún tiempo de cocinar!

Una vez de vuelta en su apartamento (de hecho el piso bajo de una casa convertida en un par de apartamentos, con la ventaja de que ellas tenían el patio y un viejo pero aún energético limonero todo para ellas) vaciaron las bolsas de la compra, se pusieron los delantales y se echaron manos a la obra. Adelfa también había comprado una buena reserva de bebidas y se sirvió un vaso de vino tinto y una limonada para Dulce.

—Un día de estos tendremos que conseguir que bebas alcohol. Esta postura anti-alcohólica es demasiado remilgada y aburrida.

—Conoces perfectamente bien mi opinión sobre la bebida, Adelfa. No es nada religioso, ni siquiera moral, aunque no es que pueda decir que me guste lo que le puede hacer a la gente. Es…

—Cuestión de sabor. Ya lo sé, ya lo sé.

—No me importa usarlo para cocinar. De hecho debo admitir que ayuda con algunas recetas. Mucho.

—Ya sabes lo que pienso sobre eso. Como dice el dicho: Me gusta cocinar con vino. ¡A veces hasta lo pongo en la comida!

Dulce se encogió de hombros y las dos se rieron y se dedicaron a cocinar. Las dos amigas pelaron las almendras, mezclaron la mantequilla y el azúcar, trituraron las almendras en trocitos pequeños, separaron las yemas de las claras del huevo, derritieron el chocolate con un poco de leche y añadieron todos los ingredientes (y la harina y la levadura). Vertieron la mezcla en un molde, la metieron en el horno caliente y salieron al patio después de haber lavado los cacharros, a esperar a que el horno obrara su magia. Hacía poco que se habían comprado una silla/columpio doble y las dos se sentaron de un salto, meciéndose hacia atrás y hacia adelante lentamente.

—¿Alguna idea? ¿Cómo podemos convertir mi talento para la repostería en un negocio? Bueno, debería decir “nuestro” talento para la repostería, ya que tú eres la que siempre consigue descubrir la perfecta combinación y la cantidad de ingredientes que asegura que los pasteles o las masas hagan lo que se supone que deben hacer —dijo Dulce.

—De acuerdo, tú eres la Diosa de los Sabores y yo la Reina de la Química y de calcular las cantidades y la temperatura del horno. No estaba pensando en dejar mi trabajo, especialmente la investigación, aunque siempre podría trabajar menos horas, pero podríamos experimentar después de mi trabajo y yo podría dejar preparadas instrucciones precisas para que las puedan seguir otros miembros del personal que nos ayudarían con la repostería —dijo Adelfa.

—¿Personal? ¡Dios mío! Si tú vas a crear una metodología y recetas detalladas, quizás yo podría escribir un libro de cocina. O un libro de repostería y dulces. Siempre son populares y me encantan los libros, aunque nunca he escrito nada largo. Bueno, supongo que escribir un libro de recetas no es lo mismo que escribir otro tipo de libros.

Adelfa se estaba mordiendo el labio inferior, un hábito que tenía desde pequeña y al que volvía cuando se ponía a pensar, especialmente cuando estaba sola.

“Un libro de cocina. No es mala idea, pero como plan de negocios…Por lo que he observado, los libros de ese tipo que se venden bien suelen o haber sido escritos por famosos, por chefs conocidos (por ejemplo porque tienen un programa de televisión), o libros asociados con un restaurante o un local famoso. Creo que tendríamos que tenerlo en cuenta para cuando nuestra pastelería/cafetería se convierta en un éxito. Entonces podemos expandirnos y producir todo tipo de productos de mercado, no solo libros, sino quizás también nuestra propia marca de utensilios de cocina, podríamos asociarnos con algún distribuidor de harina y esencias pasteleras orgánicas y prestarles nuestra marca, delantales, libros de cocina para niños, videos, programas de televisión…

Dulce se sintió como solía cuando le entraba el pánico. Tuvo una sensación vívida de que las pecas le crecían y ocupaban toda su cara, su ojos verdes estaban a punto de salir proyectados de las órbitas y su pelo pelirrojo (o rubio caoba como insistía Adelfa) se ponía de punta. Sorprendentemente, cuando en ocasiones como ésta había conseguido verse en un espejo, solo tenía pinta de asustada y estaba pálida, aunque no acababa de creerse que el espejo no estuviese gastándole una broma. Ella sabía lo que sentía.

—¡Respira Adelfa! ¡Respira! Quizás deberíamos empezar por el principio. ¿Estamos hablando de una pastelería, o una cafetería o…?

—¿Y por qué no una mezcla de las dos?

Sí, ¿y por qué no?

 

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