Archives for posts with tag: Muestra de escritura

Hola a todos:

Últimamente me ha dado por repasar las cosas que he hecho y los libros que he publicado. Aunque más recientemente he publicado libros que he escrito hace poco, cuando empecé a publicar lo hice por libros que hacía tiempo que había escrito y estaban guardaditos en el cajón. Aún me quedan unos cuantos esperando a ser desenterrados (o a convertirse en zombies, quién sabe) pero ya veremos.

A cambio de una traducción (que me está encantando, pero como no está acabada no os digo más), Paloma Caral accedió a revisar mis dos primeras novelas en español, ‘El hombre que nunca existió’ (en la que sigue trabajando) y ‘Gemela Maldad‘. Hace poco Paloma me entregó la versión corregida de Gemela Maldad, y aproveché para crear una portada nueva y publicar la versión mejorada.

Paloma Caral correcciones

Paloma Caral correcciones

Y ya que menciono a Paloma Caral, si os interesa informaros sobre sus servicios de corrección, lo podéis hacer aquí. Porque como ella dice: Solo existe una vez para una primera impresión.

Aprovechando la oportunidad, y ya que hace bastante de la publicación inicial, pensé aprovechar la ocasión para recordaros estas novela corta juvenil y compartir el principio por si os apetece.

Gemela Maldad de Olga Núñez Miret

Gemela Maldad de Olga Núñez Miret

Érase una vez un par de gemelos, un chico y una chica. Rut era rubia, ojos azules, de piel muy blanca y muy buena. Max tenía el pelo negro como el carbón, los ojos grises, y era huraño y malo. Su vecina de al lado y compañera de fatigas, Hilda, intentaba ser amiga de los dos, pero no era fácil. Los dos hermanos no se podían ver y ella siempre se encontraba en medio de sus peleas intentando mantener la paz. Max opinaba que su hermana era una pesada y aburrida, imposiblemente perfecta, y Rut no podía soportar las travesuras de su hermano y su pésimo comportamiento. Le tenía miedo. Rut era demasiado perfecta e inocente, como una niña pequeña, para poder sobrevivir en el mundo real, tanto que Hilda sospechaba que algún problema había, pero no sabía cual. ¿Era Rut el ángel que todo el mundo creía? ¿Estaba enferma? ¿Por qué no se comportaba como una chica de su edad? Cuando los dos gemelos empezaron a hablar del destino y a decir que “algo” iba a ocurrir Hilda se preocupó. ¿Qué podía hacer? Y desgraciadamente “algo” ocurrió.
‘Gemela Maldad’ es una novela corta juvenil (aproximadamente 55 páginas) que empieza como un cuento de hadas, trata de amistades que sobreviven a todos los contratiempos, de tragedia, romance, y también tiene un toque de fantasía/paranormal. Con una historia que engancha, buen ritmo, y unos personajes misteriosos, intrigantes y entrañables os hará pensar. Si tenéis mucha imaginación y os gustan las lecturas compactas y gratificantes, ¿por qué no la probáis?

Y aquí la muestra:

La amiga de Hilda, Rut, era la chica más bonita y encantadora de la pequeña ciudad donde vivían. Su pelo rubio era brillante y fino como la seda, sus ojos azules como zafiros, su boca roja como el coral. Si hubiera vivido en una época diferente los juglares le habrían dedicado sus canciones. Rut era el orgullo y deleite de Yorktown. Y era lista, y generosa, y amable. Lo tenía todo.

Rut también tenía un hermano. Max era su gemelo, pero casi nadie habría adivinado que estaban emparentados. Él era muy alto y delgado, su pelo espeso, rizado y negro como el carbón, sus ojos grises como la pizarra, sus labios eran delgados y su boca casi nunca sonreía. Él era la oveja negra de la familia, y a Rut y a él la gente les llamaba «el ángel y el demonio».

Hilda los conocía a los dos de toda la vida. Eran de la misma edad y, de hecho, sus familias se conocían desde antes de que ellos nacieran. Sus padres solían salir en citas dobles y se casaron en una boda conjunta. Vivían en casas contiguas y era como si todos fueran miembros de la misma familia. Hilda siempre había creído que era su obligación ser la amiga de Rut y Max. La tarea había sido muy fácil con Hilda, que era amiga de todo el mundo, pero Max nunca había sido un chico fácil de querer. Cuando jugaban juntos de niños, él torturaba a los animales, a los insectos, se peleaba con otros niños. Rut siempre había intentado alejarse de él y de evitarle, ya que no soportaba ningún tipo de violencia, pero Hilda no era nada delicada y Max siempre había asumido que Hilda estaba de acuerdo con lo que él hacía. Le había dicho muchas veces que no le gustaba su comportamiento, pero él insistía en que sus palabras eran solo una pose. Max siempre era tan desagradable como podía con su hermana. Ponía animales muertos en su cama, gusanos en su comida, le arruinaba los vestidos. Una vez, Hilda detuvo a Max cuando estaba a punto de prenderle fuego al pelo de su hermana mientras dormía. Rut se despertó con la discusión y le pegó un bofetón cuando se enteró de lo que estuvo a punto de hacer, pero él solo se rio. Ni amenazas de Rut, ni advertencias de sus padres, ni castigos de sus profesores obtenían resultados, ya que a él no le importaban.

El verano del diecisiete cumpleaños de los gemelos, Max le había dado un descanso a todo el mundo y había decidido irse de acampada con otros jóvenes. Las dos familias habían tenido un par de semanas de paz y habían estado preparando la fiesta de cumpleaños de los dos, tranquilos y en perfecta calma.

—¡Hilda! ¡Hilda!

—¡Oh, no, ha vuelto! —murmuró Esteban, el padre de Hilda.

—¡Hilda!

—Ve a ver qué quiere antes de que acabemos todos sordos o locos —le ordenó su madre, Mandy.

—Vale, vale. Ya voy.

—¡Hilda!

Hilda salió al jardín sintiéndose como una mártir. ¡La de sacrificios que tenía que hacer para mantener la paz! Max estaba agitado, corriendo por todo el jardín. Abrió la boca y empezó a decir:

— ¡Hil…! ¡Ah, estás aquí!

—Sí, Max, aquí estoy. ¿Siempre tienes que ser tan ruidoso?

—¡Cállate! Quiero enseñarte algo.

Max agarró a Hilda del brazo y la arrastró por encima de la pequeña valla que separaba los jardines.

—Ten cuidado, ¿no?

—Perdona. Ven, deprisa.

Hilda y Max entraron en su casa a través de la puerta del salón que daba al jardín. Hilda saludó a la madre de Max, Eleonor, y a su padre, Patrick. Rut estaba sentada en su habitación con la puerta abierta.

—¡Ah, Rut! ¿Cómo…?

Max empujó a Hilda hacia su cuarto.

—No le hables. No has venido aquí para hablar con ella, has venido a ver algo.

—¿Cuándo vas a crecer de una vez, Max? Sabes que también soy amiga de tu hermana y…

—Para, por favor, mira.

Max encendió la luz. Su habitación estaba pintada de negro, las paredes y el techo, con extrañas inscripciones cabalísticas y dibujos diabólicos. Allí siempre estaba oscuro. Se quitó la camiseta y le enseñó la espalda a Hilda.

—¿Qué te parece?

Hilda se quedó sin habla. Era un tatuaje increíble. Un águila negra, con las alas extendidas, atacando a una paloma blanca. El pico del águila goteaba sangre y el color rojo del tatuaje era muy intenso y vivo, parecía latir. La paloma tenía los ojos azules y llevaba una espiga de trigo en el pico. Los ojos del águila eran grises y las alas brillaban iridiscentes. Era un tatuaje extremadamente vívido. Y su significado estaba tan claro que Hilda no lo podía ignorar. Max siempre llamaba a Rut «paloma blanca». A menudo le cantaba la canción. Era horrible.

—¿Por qué lo has hecho, Max?

—Había un tío muy bueno haciendo tatuajes muy cerca de donde acampamos. Es un diseño propio.

—Ya me había dado cuenta.

—¿Por qué no te gusta? ¿No te parece bueno?

—Es bueno, increíblemente bueno, pero ¿qué significa?

—¿Qué significa? Nada. Es solo un tatuaje.

Max intentó usar su cara más inocente, pero no le surgía de forma natural. No convencía a nadie.

—No me gusta la simbología —dijo Rut.

—«Simbología». ¡Qué palabra más bella! Me encanta como hablas, como un libro.

—Adiós, Max.

Rut le dio la espalda y se dirigió hacia la puerta.

—¡Espera, espera! ¡Me he hecho otro tatuaje!

—Si es como este, preferiría no verlo, gracias.

—Es muy diferente. Adivina dónde está.

Aquí el enlace en Amazon (de momento disponible en Unlimited, pero no por mucho tiempo):

http://bit.ly/1yFIF35

Gracias por leer, y ya sabéis, si os ha interesado, dadle al me gusta, comentad, compartid y haced CLIC! 

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Hola  a todos:

Como ya sabéis los viernes os traigo a nuevos escritores y/o novedades literarias. Hace unos días, Javier Núñez (que no es pariente, Núñez es un apellido bastante corriente) envió un mensaje diciendo que andaba a la búsqueda de blogs para publicar un relato corto nuevo. No me pude resistir ya que sé que os gusta ser los primeros en probar lectura nuevas. Pero antes, os recuerdo su libro El sendero del horror.

El sendero del horror de Javier Núñez

El sendero del horror de Javier Núñez

El sendero del horror se compone de dos relatos largos:

– En CONTRA RELOJ, un profesor de instituto que pasa por un mal momento en su matrimonio recibe una petición de auxilio… a través de la impresora de su ordenador.
Decidir averiguar quién está detrás de aquel desesperado grito de socorro y acudir en su ayuda será la peor decisión que haya tomado en su vida.

– En MONEDA MALDITA, un chico encuentra una moneda de aspecto antiguo. Parece poco más que un pedazo de chatarra. El problema es que quién la posee se encuentra en serio peligro de muerte.

Se ha dicho de él:
—————–
>>En él, se sumergirán en dos historias de creciente suspenso que el autor ha sabido describir con lujo de detalles, que te harán ser parte de las historias, cuyos finales son impensados”, By Chris (administrador de LIBROS, PELÍCULAS Y SERIES DE TERROR, en Facebook)

>>Me ha sorprendido gratamente lo meticuloso que es el autor a la hora de las descripciones, no solo de lo que ven los personajes sino del desarrollo de las situaciones que viven, y eso me ha gustado mucho porque es casi como si leyeras en imágenes. No es algo precisamente fácil de lograr para un escritor, pero Javier Nuñez lo consigue (EL ESCALPELO LITERARIO)

>>Javier Nuñez tiene una facilidad para trasmitir sensaciones que muy pocos consiguen. Cada uno de los relatos te harán meterte en la piel del personaje y sentir lo que está sintiendo con cada situación. (EBOOKEANDO LO DESCONOCIDO)

>>Buenas descripciones, paisajes variados, diálogos que te atrapan dentro de una lectura agil que hacen que quieras saber en todo momento como terminaran estas historias (ZONA EXCÉNTRICA)

>>El autor nos engancha desde las primeras líneas con una inquietante trama de suspense y misterio manteniendo una tensión y una angustia que no te permite dejar de leer hasta llegar a un final que sorprende, como no podría ser de otra manera en una buena obra del género (PUNTOS SUSPENSIVOS)

http://www.amazon.es/dp/B00AMGC672/

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Y aquí, su  nuevo relato, y un enlace a más historias que nos deja el autor:

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UNA HABITACIÓN PARA LA ETERNIDAD

por Javier Núñez

Correctora: Bea Magaña

 

Rafaela se encontraba sentada ante una pequeña mesa de madera ajada, llena de vetas y nudos oscuros, jugando una partida de solitario con una baraja española. Las cartas dispuestas sobre la superficie gastada estaban combadas y llenas de dobleces. Cogió una  del montón que sostenía boca abajo en la mano izquierda, le dio la vuelta y la examinó. Comprobó que se trataba del cuatro de espadas y la dispuso en la parte inferior de una de las hileras. Pese a moverse con gestos lentos y pesados, no necesitó detenerse a pensar dónde ponerla. Había jugado tantas veces aquellas partidas. Tantas miles de veces…

Alzó la vista y miró hacia el pequeño bulto que yacía tendido en la cama, inmóvil frente a ella. El armazón de esta era de un hierro tan deslustrado que ni siquiera la luz del sol que se colaba tímidamente por la ventana era capaz de arrancarle un destello. El hombre que se encontraba bajo las mantas estaba recostado sobre el lado izquierdo, de cara a la suerte de puerta de que disponía la habitación, y permanecía inmóvil durante tanto tiempo que podía inducir a pensar que estaba muerto. Solo que no era así. No allí. La realidad era que se hallaba tan débil que apenas era capaz de mover una ínfima parte de su propio peso.

Rafaela regresó a su partida de solitario. Al agachar la cabeza comprobó que, por sí misma, su mano derecha ya había comenzado a depositar una sota de bastos en la parte inferior de otra de las hileras. El resultado no era importante para ella. Le daba igual si completaba o no el solitario, pero la decisión de seguir jugando no le pertenecía. Continuaba haciéndolo porque no tenía alternativa. Arrojar las cartas contra el suelo y cruzarse de brazos no constituía una opción válida. Su margen de movimientos no podía ser más reducido. Con excepción de algunas pequeñas modificaciones conductuales sin importancia, todo escapaba a su control. Todo estaba escrito, y quien lo hizo había usado tinta indeleble. De la que perduraba en el tiempo, sin siquiera emborronarse.

El As de copas, la siguiente carta, no encajaba en ninguna de las siete hileras, así que la devolvió al montón y cogió otra. Jugó durante un rato más. Hasta que, poco a poco, el montón fue disminuyendo de grosor, y se quedó con menos de una docena de cartas en la mano. Colocó un tres de oros al final de la tercera hilera empezando por la izquierda antes de que la partida entrara en una fase de bloqueo insalvable y no le quedara más remedio que darla por finalizada. Las soltó boca arriba, sobre la mesa, y comenzó a recogerlas para empezar una nueva.

Aunque, en realidad, no tenía nada de nueva.

No necesitaba jugarla para saber que la próxima también la perdería. Pero, aun así, debía hacerlo. Debía jugarla. Como todas las anteriores, y como todas las que vendrían después.

Cuando volvió a quedarse bloqueada —esta vez con solo cuatro cartas en la mano—, retiró la silla de madera hacia atrás y se levantó. La anea entrelazada crujió cuando despegó el trasero del asiento. Se alisó la falda y se acercó al hueco abierto en la pared que hacía las veces de ventana. Al otro lado de los listones de madera que la delimitaban, el cielo era de un color gris ceniza a causa de las numerosas nubes que lo cubrían —incluso bajo ellos; como si la habitación flotara en el espacio—. A través de estas, el sol pugnaba por abrirse paso como un aguerrido soldado en medio del fragor de la batalla. Cuando lo lograba, sus rayos diluían la penumbra en que se hallaba sumida la habitación e iluminaban vagamente sus contornos. Al mismo tiempo, los rasgos de Rafaela mutaban y se transformaban en un cúmulo entremezclado de luces y sombras en su rostro surcado de arrugas.

La última vez que había examinado su reflejo en un espejo tenía el pelo entrecano, y sabía que eso no había cambiado. Ni ninguna otra de las características de su apariencia o condición física. Seguía teniendo una acentuada red de varices en las piernas, la verruga con forma de lágrima del párpado izquierdo, molestias en la parte baja de la espalda como resultado de toda una vida de duro trabajo. Porque en aquel sitio las cosas no variaban. No mejoraban ni empeoraban. Ya que allí el tiempo —y todo cuanto pudiera guardar relación con él— no ejercía la menor influencia. De hecho, literalmente, no existía.

Al cabo de un rato se volvió, atravesó la habitación y se detuvo ante la cabecera de la cama. La cabeza del hombre yacía apoyada sobre una fina almohada. Tenía los carnosos párpados caídos sobre los pómulos, el pelo corto, negro y despeinado, y una barba desaliñada que se amontonaba en torno a sus mejillas y bajo su barbilla como un ovillo de lana después de que un niño hubiera estado jugando con él. Bajo ésta se adivinaban con claridad unas mejillas hundidas, que hacían que los pómulos parecieran más prominentes y los ojos más hundidos en sus cuencas. Su nariz era ancha y estaba sepultada bajo un aluvión de venitas rotas: un rasgo muy común entre los alcohólicos.

Rafaela no tenía ni idea de cómo se llamaba. De igual manera que no sabía por qué compartía esa habitación con ella. Por su aspecto, daba la impresión de que había llevado una vida desordenada y poco saludable. Y el hecho de que hubiera terminado allí añadía un nuevo elemento a la ecuación: no había sido una buena persona. Como ella, al parecer. Por eso permanecían atrapados en una burbuja que no estallaba y que todo apuntaba a que nunca lo haría.

Sus intentos de entablar conversación con el hombre habían pinchado en hueso. Era consciente de la presencia de Rafaela, pero hablar resultaba ser una tarea demasiado ardua para él. Rafaela pensaba que, para terminar en ese estado, debía haber hecho mucho daño y dejado tras de sí mucho dolor durante el tiempo que su corazón había bombeado sangre a todos los rincones de su organismo.

El hecho de que no solo hubiera terminado allí, sino que su castigo fuese permanecer inconsciente la mayor parte del tiempo, le había encogido el alma. Pero eso solo había sucedido al principio. Los primeros días, por así decirlo. Luego había concluido que existían varios preceptos inviolables, cuyo quebrantamiento le hacían a uno acabar allí. Y que el hombre debía haberse llevado unos cuantos por delante, como un obstáculo en medio de las vías al paso de un tren de mercancías. Varios peldaños por encima de los que quiera que se le atribuyesen a ella, en todo caso.

El hombre sufrió el esperado ataque de tos y Rafaela lo recibió con tranquilidad, inclinándose sobre él y rodeándole el cuerpo con los brazos. Bajo los huesudos omóplatos, su piel estaba blanda y correosa, y despedía un tufo agrio semejante al de la leche de un brick olvidado en el fondo de la nevera, detrás de un bote extragrande de mostaza. Tiró de él y lo incorporó sin dificultad. La manta con que se cubría cayó sobre su regazo, dejando a la vista un torso descarnado que era poco más que pellejo, en el que destacaban dos gruesos pezones sonrosados rodeados de una mata de oscuro pelo largo y rizado.

Estuvo dándole palmaditas en la espalda, sin preocuparse por que le tosiera en la cara, hasta que se le pasó. Seguía resultándole tan desagradable como la primera vez, pero hacía mucho que había dejado de atender a remilgos. Cuando el cuerpo del hombre empezó a relajarse, Rafaela lo apartó de sí y lo recostó nuevamente sobre el colchón. Su boca abierta dejaba a la vista unos dientes amarillentos y picados, y un reguero de baba le rodeaba la boca y se le escurría por entre la barba. Boqueó varias veces, como un pez fuera del agua. Entonces, entreabrió los ojos y articuló un inaudible «gracias».

Rafaela no contestó. El simple hecho de que aquel hombre estuviera allí le despertaba un profundo sentimiento de animadversión.

¿Cuál era la historia de su vida? ¿Qué era aquello tan horrible que le había hecho terminar en ese lugar?

Aunque, si lo odiaba, ¿lo justo no sería que se odiara también a sí misma? No recordaba nada de su vida anterior. Todo su pasado se había borrado de su cabeza como una foto velada. Así que no podía saber qué acción o acciones la habían condenado a quedar atrapada en aquel sitio. Pero, en el fondo, eso era lo de menos. Un mero detalle sin importancia, porque recordarlo no cambiaría nada, partiendo de la base de que el pasado era inalterable.

El hombre había vuelto a dormirse, y Rafaela se giró hacia la puerta que tenía a su espalda. O la apariencia de puerta, más bien, puesto que carecía de picaporte, cerradura y bisagras. Al principio de estar allí —fuera cuando eso fuese— la había aporreado y pedido ayuda a gritos, pero nunca acudió nadie. Y era demasiado robusta para una mujer de sesenta y tres años con problemas de circulación en las piernas y artrosis en las articulaciones. No podría tirarla abajo ni aunque fuese de cartón prensado.

Fuera, el cielo seguía siendo de un gris plomizo, pero el sol había ido desplazándose hacia el oeste hasta desaparecer del campo de visión que le ofrecía la ventana, sumiendo a la habitación en una penumbra aún más intensa de lo que había habido hasta entonces. Volvió sobre sus pasos y encendió la pequeña lamparita metálica que había sobre la mesa. La bombilla de escasa potencia iluminó un círculo de unos tres metros de diámetro que confirió un aire ominoso a la habitación.

Cuando el hombre encamado sufrió un nuevo ataque de tos —la tos de un fumador de toda la vida—, Rafaela volvió a incorporarlo y lo mantuvo sentado hasta que se le pasó. Esta vez, el hombre no le dio las gracias. Quizá porque se había quedado definitivamente sin fuerzas. Al cabo, lo recostó con cuidado y lo arropó con la sábana hasta el pecho.

—No soy una mala persona —dijo, elevando una protesta a la habitación vacía de oyentes.

Cada vez que llegaba aquel momento exacto abría la boca y las palabras brotaban del fondo de su garganta, estranguladas por la angustia. No siempre decía lo mismo. A veces, la queja variaba. Solo que no sabía si estaba diciendo la verdad o únicamente algo que se empeñaba en creer. Muy probablemente lo segundo, habida cuenta de los resultados.

Regresó a la mesa de madera desnuda y cogió la baraja. Al principio pensaba que, al menos, su castigador había tenido la deferencia de concederle algo con lo que distraerse. Entonces, en cierto momento del ciclo, se le había ocurrido que los naipes eran el pretexto perfecto para todo lo contrario. Dado que allí no existía el tiempo, las partidas de solitario eran su referencia respecto a cómo este transcurría subrepticiamente, igual que un sosegado río subterráneo que discurriera bajo sus pies. A cómo avanzaba en una dirección para, de pronto, trazar un giro brusco y regresar al punto de partida, desde donde volver a empezar.

Mientras barajaba sentía los últimos rayos de luz en la espalda. Ya no calentaban, y apenas lucían. El día tocaba a su fin para dar paso a la oscuridad de la noche. La extraña sensación de no comer nada había quedado atrás en algún punto del camino. No tenía hambre ni sueño, porque allí no existían esas dos cosas. Siempre tenía el estómago satisfecho y el cerebro despierto. Como máquinas autosuficientes.

Cuando terminó de barajar dispuso siete cartas sobre la mesa y comenzó una nueva partida, pese a que aun antes de hacerlo ya sabía que iba a perderla. Y la racha se prolongaría durante cuatro partidas más. Otras siete y tendría que volver a levantarse para incorporar al hombre después de que este sufriera otro ataque de tos. Diecinueve antes de verse obligada a interrumpir el juego para hacerlo de nuevo. Veintiséis antes del que llegaría a continuación. En torno a ciento cuarenta antes de que el sol volviera a despuntar por el horizonte.

Entre tanto, la noche transcurriría silenciosamente a su espalda, salpicada de estrellas y con la luna desplazándose en el mar de brea en que se había convertido el cielo. Acabó la partida que estaba jugando y, con la mente en blanco, recogió las cartas y se puso a barajarlas mientras su mirada yacía perdida en un punto de la pared situado por encima de la cama del hombre al que le había sido encomendado cuidar.

Dispuso otras siete sobre la mesa y dio inicio a una nueva partida.

Había pensado mucho y detenidamente qué era aquel lugar antes de llegar a una conclusión. La detestaba, pero era la explicación más razonable de cuantas había valorado.

Estaba en lo que, en Occidente, se hacía llamar Infierno.

No había fuego ni olor a azufre por ninguna parte. Tampoco llantos desconsolados, gritos de dolor o súplicas, pidiendo misericordia. Nada de eso. Tan solo una habitación de la que no podía salir, con un hombre enfermo en una cama, unos naipes y una ventana que le mostraba el circuito cerrado de luz y oscuridad, de día y noche en que se hallaba atrapada.

Como una aguja de tocadiscos atascada en los primeros segundos de una canción, repitiendo la misma parte una y otra vez.

Repitiéndolos por toda la eternidad.

-FIN-

 

Gracias por leerlo. Espero que te haya gustado.

Puedes disfrutar de más lecturas gratuitas como ésta en:

https://entrelosescombros.wordpress.com/

 

Gracias a Javier por su visita y por su relato, gracias a vosotros por leer, y ya sabéis, si os ha interesado, dadle al me gusta, comentad, compartid, y haced CLIC!

Hola  a todos:

Como todos los que leáis mi blog de vez en cuando sabréis, intento dedicarme a escribir y publicar libros tanto como puedo. También he hablado varias veces del proyecto en el que estoy trabajando ahora, una serie de novelas juveniles Asuntos Angélicos. He escrito las tres novelas pero estoy traduciéndolas y revisándolas (y no nos olvidemos de asuntos tales como encontrar portadas, descripciones, blurbs…). Por cierto, si cuando falte menos para la publicación hay gente interesada en leer la primera de las novelas antes de su publicación oficial, me lo podéis decir y con mucho gusto os la enviaré a cambio de una reseña (a menos de que la odiéis, entonces yo tendría que… no sé exactamente el que. Le preguntaré a alguno de mis amigos que escriben novelas de terror, a ver qué sugieren.)

Angelito en el cementerio de Montjuic, Barcelona

Angelito en el cementerio de Montjuic, Barcelona

Los que sois autores estoy segura que habéis leído muchísimos consejos sobre lo de tener un plan de promoción y marketing, la importancia de tener una plataforma de autor, de crear una presencia en las redes sociales y todo ese bla, bla, bla. Por lo que veo la mayoría intentamos seguir los consejos y adaptarlos a nuestras habilidades y estilo personal.

Aunque he hecho muchas de las cosas que he leído, hay algunas a las que me he resistido y ahora estoy pensando en probarlas (ya sabéis, para poder decir que lo he probado). No he intentado lo de pagar para poner anuncios (anuncié mi primer libro en la página de un club de lectura y también puse un anuncio de su promoción, las dos cosas de muy bajo costo y sin ningún resultado evidente, y sí, ahora sé que anunciar tu primer libro normalmente no tendrá mucho efecto, pero ya se sabe que hay que aprender) o incluir mis libros en tours de promoción en blogs, y me interesaba saber lo que vosotros, mis amigos autores que los han probado, piensan de ellos. He leído artículos sobre estadísticas y cómo analizar los resultados, así que si tenéis datos de ese tipo me parece bien, pero lo que de verdad me interesa son las cosas que no se leen en los artículos y libros, las experiencias personales, las impresiones, los pequeños detalles y las cosas que solo alguien que las ha probado sabe. (También sé que el género del libro, el estilo, la fecha de publicación, y las circunstancias personales influyen en los resultados, probablemente como la fase lunar, la energía de las pirámides y los duendes que estén de guardia ese día en particular).  Solo he participado en tours de libros prestándole mi blog a otros autores, y supongo que habrá diferencias entre los que se organizan los autores, de forma más o menos informal, y los que son organizados por una compañía más profesional (o quizás no, ¿cuál es vuestra experiencia?)

Otro ángel en Montjuic

Otro ángel en Montjuic

Ya sé que hay servicios como Bookbub que se supone que son de lo mejor, pero también sé que es difícil que acepten tu libro, que entre sus requisitos insisten en muchas reseñas, que son caros, y que ahora que las grandes editoriales también usan el servicio, será incluso más difícil de acceder a ellos para los demás. Pero cualquier cosa, evidencia anecdótica, increíbles descubrimientos, amargas desilusiones, resultados que ni fu ni fa, serán bienvenidos.

Éste es precioso

Éste es precioso

Y también me gustaría saber qué piensan los lectores que no son escritores. ¿Compras libros basándote en anuncios que has visto en páginas de libros, en blogs o gracias a otra actividad promocional de autores que no conoces? (Ah, y mi oferta de una copia del primer libro de la serie una vez esté revisado también la extiendo a los lectores, por supuesto).

Si consigo una cantidad “decente” de respuestas, las incluiré en otro post y compartiré el conocimiento general. Es un trato. (Por cierto, publico versión en inglés también, así que para los que publicáis en inglés, si os interesan esos datos, puedo incluirlos, y si tenéis trucos específicos para el mercado en español, se agradecen mucho).

A ésta le faltan las alas. Me pregunto...

A ésta le faltan las alas. Me pregunto…

Y se me ocurrió dejaros con un pedacito del principio del tercer libro de mi trilogía (Pink, ¿ángel o demonio?), en que el personaje principal, Pink, se pregunta por qué todo lo que está pasando le está pasando a ella:

Todo esto está muy bien (bueno, de hecho no, pero sabéis lo que quiero decir), pero nadie me ha dicho por qué a mí. Hay una profecía de algún tipo (o lo que en los círculos celestiales y demoníacos se acepta como una profecía) y yo encajaba en ella. Uno no puede evitar preguntarse de dónde vendría una profecía en tales esferas. (O al menos yo lo hago. A menudo me han dicho que pienso demasiado, y haciéndole caso a De Bono, incluso pienso lateralmente. ¡Y fijaos adónde me ha llevado!) Me imagino que alguien debería encajar (e insistieron mucho en que yo era la única) pero, ¿por qué yo? No es falsa modestia, pero no tengo nada de especial. Este no es uno de esos libros juveniles paranormales donde el protagonista descubre que hay una larga historia familiar remontándose a la Edad Media de brujas y poderes especiales en la familia. No hay sangre de hadas que se haya heredado, y no conozco a nadie que se convierta en lobo perro o cambie de apariencia regularmente, al menos que yo sepa. Y aunque el mundo está lleno de chupones, aún no he conocido a ningún vampiro oficial. Nunca he visto fantasmas, y no vivo en una casa embrujada. Y aunque últimamente demonios y ángeles se pasean por aquí como Pedro por su casa, que yo sepa no hay ningún portal que se abra a otros mundos en Hope Springs.

Estoy publicando el borrador de la primera novela en la series Alarma Pink en Wattpad, aquí. Como dije antes, si os apetece obtener la versión lista para publicación dentro de unas semanas, decídmelo y os la enviaré.

Gracias a todos por leer, y no os olvidéis de darle al me gusta, compartir, comentar, y contárselo a todos. Y si os apetece hacer CLIC, ¡adelante!

No es un ángel pero es tan hermosa

No es un ángel pero es tan hermosa

He seguido con las fotos de ángeles y otras cosas interesantes en cementerios, así que esas son las ilustraciones del post. Si alguna os gusta especialmente, ya me diréis, que ando a la búsqueda de ideas para la portada. Gracias.

 

Hola a todos:

Como ya sabréis, estoy de vuelta en Inglaterra, aunque no sé por cuánto tiempo ya que mi vida es algo cambiante en estos momentos y no puedo hacer planes a muy largo plazo.

Os he dicho unas cuantas veces que las fotos no se me dan muy bien, pero no estoy convencida de que me creáis, así que decidí dejaros unas muestras…

Por lo visto se acerca la Navidad. Estuve en Sheffield el fin de semana pasado y vi un Christmas pudding (un postre tradicional navideño de aquí, que normalmente se sirve con cream, brandy butter, o helado, o todo, y se quema por encima con un chorrito de algo…A mí me parece pesadísimo y no me gusta nada, pero es un tradición que yo intento evitar tanto como puedo) con ruedas y pensé, le haremos una foto.

Christmas pudding on wheels in front of Sheffield's City Hall

Christmas pudding con ruedad delante del City Hall de Sheffield

Por supuesto todo el mundo se estaba paseando por allí (hay mercadillos Navideños, feria, vamos, mucha gente). Decidí esperar un poco, y éste fue el resultado.

No so many people but blurry phot

No hay tanta gente pero me quedó borroso

En el pueblo donde vivo, Penistone, suelen aprovechar por estas fechas para hacer una feria de artesanía en la iglesia de St John, la central del pueblo, que fue construida (al menos partes de ella) en la época de los Normandos (partes son del siglo XI). Penistone aparece en el Domesday Book  (un registro que los invasores Franceses hicieron…ya se sabe, cuestión de impuestos). Yo intento aprovechar la feria cuando puedo para comprar regalos de Navidad un poco más originales.

Hen's Teeth Art Group advert

Poster del grup de artistas Hens Teeth

El grupo de artistas que se promocionan juntos y son de la zona, se hacen llamar Hens Teeth (dientes de gallina. La expresión en inglés se usa para referirse a algo que es muy raro, ya que las gallinas no tienen dientes. Supongo que sería similar a hablar de que a las ranas les salga pelo).

Decidí hacer una foto dentro…y así me quedó.

Inside of St John's Church during the fair

Dentro de St John´s. Otra foto borrosa

Aquí me parece que no llevaba puestas las gafas. Aún y así…

Compré algunas cosas. Por ejemplo:

Hand-knitted angel

Angelito de punto hecho a mano

No es que yo sea muy de Navidades, pero como sabéis estoy escribiendo una serie con ángeles así que…

Ya que estaba allí, aproveché para hacerle una foto al cine, el Penistone Paramount que cumple 100 años este año, y es uno de los amores de mi vida. Le han pintado la fachada para celebrarlo.

The Penistone Paramount. 100 years old. Looking Good!

The Penistone Paramount. 100 años. ¡Se conserva bien!

Este mes os he estado dando la lata hablando de NaNoWriMo (National Novel Writing Month) que es una iniciativa a la que se puede apuntar uno y es como un reto personal a escribir una novela de al menos 50000 palabras en un mes (Noviembre).

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¡Y gané! De hecho, el borrador de mi novela pasa algo de las 60000 palabras y me sobró algo de tiempo.

Me encantaría compartir un poco de la novela, pero era la tercera en mi series Asuntos Angélicos que os he mencionado alguna vez, y me pareció que sería difícil compartir algo que no revelara mucho de la historia en los otros dos libros y que se pudiera entender sin haberlos leído. Así que, en lugar de eso decidí compartir el segundo capítulo del la primera novela en la series Alerta Pink (por si no os acordáis, aquí compartí el primer capítulo):

Capítulo 2. El encuentro (Parte 1)

Yo no era demasiado soñadora o romántica…Vale, por supuesto me gustan las historias románticas y una no puede evitar soñar, pero yo no creía de verdad  que ese tipo de cosas me fueran a pasar a mí nunca. Y por supuesto no  esperaba que el chico perfecto se presentara de improviso, me arrebatara en sus brazos y me llevase al paraíso. (Para empezar estaba bastante convencida de que no tendríamos la misma opinión sobre qué es el paraíso.) Incluso en los cuentos de hadas esas cosas sólo le pasan a las princesas y otras heroínas de ese tipo. Chicas normalitas y corrientes como yo casi nunca eran las protagonistas de ese tipo de historias. Por supuesto el Feminismo y la concienciación social y étnica habían expandido el tema y las historias y cuentos modernos eran un poco más “equitativos” y “justos”. Pero con la mano en el corazón yo seguía prefiriendo los cuentos de hadas de siempre.

Debido a mi realista (más que pesimista) opinión de la vida, yo no esperaba que el perfecto candidato a mi novio de mentirijillas apareciera así sin más. Si ésta fuera una de esas historias, no sólo habría aparecido y sido perfecto, sino que se habría enamorado locamente de mí y al final yo me habría dado cuenta de que la pretensión se había transformado en realidad. Lo sé, habéis leído la historia. Y visto la película. Yo también. Aún y así…

Un chico nuevo llegó a la escuela. No era guapo en el sentido convencional, pero tenía “algo”. Pelo oscuro, ojos grises, alto, rasgos marcados…No el típico chico mono (estilo Zac Effron), pero más uno de esos tipos profundos y torturados, atractivo a lo duro (quizás como el Robert Pattinso, aunque de hecho a mí no me gusta demasiado, pero entiendo porque le gusta a muchas chicas). Y tenía mucho estilo. Chaqueta de cuero, siempre vestido de negro, rodeado de un ligero aire de misterio…incluso de amenaza y riesgo.

Como siempre las chicas populares tomaron la iniciativa e intentaron sonsacarle toda la información posible. Usaron sus técnicas más efectivas, incluyendo parpadeando para mostrar la enorme cantidad de mascara que usaban, desabrochándose  algunos botones de la blusa del uniforme, riéndole todas las gracias (y las sin-gracia)…Pero el parecía resistirse y no consiguieron sacarle ni una sonrisa.

Lorna, Silvia y yo oímos a Chloe (la jefa de las animadoras, ya conocéis el tipo, rubia, alta, ojos azules, atlética y bien proporcionada…) hablando con su mejor amiga Zoe (tipo muy similar pero morena) después de pasar algún tiempo con el chico nuevo:

—¿Qué crees que le pasa? Sólo contesta en monosílabas. Y dice que se llama “G”. ¿”G”? ¿Qué tipo de nombre es “G”?

—No te preocupes…Probablemente es gay.

—Tengo que saberlo. Le diré a Scott que hable con él después del entrenamiento esta tarde. Los tíos a veces pueden ser tímidos con chicas a las que no conocen.

Chloe había salía con Scott desde hacía unos meses, y Zoe estaba saliendo con Chris. Yo dudaba que el tal G fuera tímido. Tenía una mirada muy intensa y una sonrisa traviesa. Silvia dijo:

—Creo que nos está mirando.

Nuestra primera reacción en esos casos era mirar a nuestro alrededor porque  los chicos nunca nos miraban. Pero no había nadie más. Sí, parecía que nos estaba mirando.

—Creo que tienes razón— dijo Lorna.

—Pues no sé por qué— dije yo.

Nos fuimos las tres a la biblioteca a estudiar un rato. Cuando salimos, el entrenamiento de fútbol había terminado. G nos intrigaba, pero ninguna de las chicas populares estaba por allí y parecía poco probable que fuéramos a conseguir información alguna ese día. Yo acompañé a Silvia y Lorna a la parada de autobús y me eché a andar hacia casa. Cuando estaba a medio camino llegó Seth  en su viejo cacharro. Su padre le había prometido que le compraría un coche nuevo si sacaba buenas notas y conseguía que le aceptaran en una buena universidad, así que había estado trabajando duro a comparación con sus estándares habituales.

—¡Eh Pink! ¡Sube! ¡Te llevo a casa!

Me monté a su lado. Llevaba la música a todo volumen pero la bajó cuando me subí.

—¿Cómo fue el entrenamiento?

—Como siempre. Si al entrenador no se le ocurre alguna idea nueva nunca ganaremos a nadie este año.

—Creí que habías dicho que teníais un equipo fuerte.— La verdad es que yo no prestaba mucha atención a su charla sobre fútbol, pero de vez en cuando algo se me quedaba grabado.

—Si, pero no nos irían mal un par de tíos más…quizás un defensa potente…un goleador…

—No es muy probable que consigáis nuevos jugadores con la temporada tan avanzada, ¿no?

—Toni pensó que el tío nuevo éste…se hace llamar G, podría ser un jugador, aunque no parece lo suficientemente fuerte para ser un defensa pero…nunca se sabe qué talentos esconde la gente, pero no. Le dijo al entrenador que no le interesaba el fútbol. Parece que le gusta correr…y, no lo creerás…“la gimnasia de competición”! ¿No te parece la cosa más rara que has oído?

A mí siempre me ha gustado la gimnasia…No practicarla…Por más duro que trabaje no tengo ni estilo ni demasiado sentido del equilibrio, pero me encantaba ver gimnasia. Uno de los pocos deportes que me interesaban.

—¿Qué tiene de  malo la gimnasia? Tienes que estar muy en forma y ser fuerte…

—Ya, pero un poco femenino, ¿no te parece? Scott me estaba diciendo que Chloe había estado intentando hablar con él…“hablar”, ¿sabes? Ya sabes lo que quiero decir…

—Flirtear y enseñarle el sujetador, vamos…

Él se rió e hizo un gesto de garra.

—¡Gggggrrrr! ¡Cómo te pones! Eres demasiado seria. Pero supongo que eso es lo que quiero decir…Y él la ignoró. Bueno, no la ignoró, pero sólo respondió sí o no…Si Chloe no consigue acelerarle tiene que tener algún problema.

—Quizás prefiera otro tipo de chica…

—¿De veras? ¿A qué tío como dios manda no le gusta Chloe? Puede que no te guste como persona, pero está muy buena. ¿Quién crees que podría ser más de su tipo entonces? ¿Quizás tú?— Y se echó a reír. Y siguió riéndose…Mi decisión de mostrarle de qué era capaz aumentó exponencialmente.

Tan pronto como me dejó en casa y llegué a mi habitación me conecté con Lorna y Silvia. Estaban las dos en casa de Lorna. Les dije lo que había descubierto.

—¡De veras, Pink, Seth es un idiota total!— gruñó Lorna—. Quizás lo mejor sería que le enviases a freír churros.

—Ni se enteraría de qué iba el asunto y no me daría ninguna satisfacción. No, estoy aún más decidida que antes a seguir adelante con el plan.

—Se merecería que salieses con el tal G—dijo Silvia.

—Estaba pensando lo mismo, pero no sabemos nada de él. Y no somos las únicas. Parece que nadie sabe nada sobre él, ni siquiera de dónde ha salido. Podría ser un indeseable por lo que sabemos. Y además, dudo que esté interesado.

—Bueno, la poca información que tenemos sobre él tiene buena pinta —Lorna resumió—. No le gusta el fútbol, así que dudo que pase mucho tiempo con Seth y su grupo. Le gusta la gimnasia y a ti también te gusta el mismo deporte, así que tendrías algo de que hablar. Y parece inmune a los encantos de Chloe y su banda de chicas guapas…

—Y no se te vaya a olvidar que nos estaba mirando —dijo Silvia.

—No estoy segura de lo que eso pueda significar. Puede que pensara que somos raras o algo así…Tendremos que esperar a ver lo que pasa durante los próximos días y si hay alguna novedad… —dije yo.

—Sería todo un éxito si consiguieras salir con él…Es completamente nuevo en el mercado y no es de por aquí…un tío tan fresco y objetivo como encontrarás en estos lares —dijo Lorna.

—Ya veremos.

G se convirtió en el centro de atención la semana siguiente, aunque no parecía que el interés fuera recíproco y daba la impresión de que intentaba volverse invisible la mayoría del tiempo. Pero tenía una forma muy extraña de aparecer donde fuera que Lorna, Sylvia y yo estábamos, incluso cuando no le tocaba la misma clase que a nosotras.

—¡Te digo que nos está mirando! —dijo Sylvia por millonésima vez.

—Sí, ¿pero a cuál de nosotras está mirando? —preguntó Lorna.

Yo estaba algo aburrida de repetir la misma conversación al menos una vez al día, cuando no varias veces el mismo día. Esta vez acabábamos de salir de la biblioteca y él estaba en la acera al otro lado de la calle, apoyado en la pared, y parecía estar mirándonos.

—¿Quién sabe? —respondió Sylvia una vez más.

Ya estaba harta. No era tan difícil de saber.

—Si de verdad queréis saberlo, es bastante sencillo. OK, Sylvia, ven conmigo. Lorna, tú quédate ahí.

Agarré a Sylvia del brazo y me la llevé a rastras conmigo hasta el escaparate de la tienda de la esquina. No, G no estaba mirando a Lorna; sus mirada nos siguió a nosotras.

—Ahora, tú quédate ahí.

Dejé a Sylvia en la tienda y yo crucé al otro lado de la calle donde G estaba. Ahora no había duda posible. Por difícil que fuera de creer, me estaba mirando a mí. Sylvia y Lorna se reunieron conmigo, muy excitadas, pero intentado hablar en voz baja (aunque no me pareció que con mucho éxito). Al menos podía estar agradecida porque no se habían puesto a dar saltitos. No éramos unas chicas particularmente saltarinas.

—¡Oh Dios mío! ¡Te está mirando a ti de todas todas! —dijo Sylvia, intentando no echarse a pegar chillidos.

—Sí, sí, lo está. Eso es. ¡Es el tipo para nuestro plan —concluyó Lorna.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Sylvia.

—Lo primero, salir de aquí.

Esta vez fuimos a mi casa y charlamos mucho rato. Sylvia y Lorna sugirieron todo tipo de ideas alocadas planes estrafalarios para llamarle la atención a G. O más bien para “canalizar” su atención, ya que parecía que por algún motivo indeterminado yo ha había captado su atención. Todas sus sugerencias requerían una buena dosis de flirteo y de hacer papeles que no me resultaban muy familiares, como el de la dama en apuros o la fan alocada. No estaba segura de qué estrategia iba a usar, pero sí, parecía valer la pena el intentar conseguir que saliese conmigo. Y yo me sentía bastante curiosa sobre él y su interés en mí. ¿De qué iba todo aquello?

Cómo conseguirlo era otra cuestión. No sé si os habéis dado cuenta, pero los chicos no son mi especialidad. I aunque estaba decidida, trabajos, estudios y cosas urgentes por el estilo lo fue apartando a un lado y lo empujó al fondo de mi cerebro. Continué retrasándolo, intentando encontrar el momento adecuado para actuar, e ignorando los “consejos” de Sylvia y Lorna (para ser sincera, presión).

Un sábado por la mañana, más o menos un mes después de la aparición de G, Lorna, Sylvia y yo habíamos quedado en encontrarnos en Atlantis (una librería independiente). Yo había llegado algo temprano y entré a echarle un vistazo a los libros viejos. Estaba mirando una bella copia ilustrada de El gran Gatsby cuando alguien me tocó el hombro. Me giré, y allí estaba él, G.

—Hola.

—Hola.

Vale, ninguno de los dos íbamos a ganar un concurso a la originalidad o conseguir entrar en un libro que recogiera las más famosas palabras para iniciar una conversación.

—Me estaba preguntando cuándo tendría la oportunidad de pescarte a solas. Parece que siempre estés con tus amigas…Lorna y Sylvia, ¿no?

—Sí. Ya…habíamos notado que nos estabas mirando.

—Quieres decir que te estaba mirando a ti. Una forma interesante de comprobarlo científicamente. Aunque después de aquello supuse que habrías continuado y me habrías venido a hablar, pero no lo  hiciste —dijo él.

—Yo…no sabía qué significaba, pero nos lo estábamos preguntando y yo estaba aburrida de tanto especular…No sospechaba que me estuvieras mirando a mí.

—Pero al menos tenías esa esperanza.

—No.

No digáis que no os había advertido. Ya os he dicho que no se me dan bien los chicos y no podría flirtear ni aunque me fuese la vida en ello, así que…

—Oh, vale.

—No quería decir…Perdona, no se me dan bien estas cosas.

—¿Qué cosas?

—Ya sabes, flirtear y todo eso…Las relaciones con los tíos no son mi punto fuerte.

—Yo no me preocuparía mucho de eso si fuera tú…Volvamos a empezar. Hola Pink, soy G. Supongo que Pink no es tu nombre de verdad. ¿Cómo te llamas en realidad?

—Petra.

—¿De dónde viene el nombre?

—Siempre me ha gustado el rosa, y Pink en particular. Y no me gusta mi nombre de verdad, así que…

—No, me refería a tu nombre de verdad.

—Mi padre era un arqueólogo amateur cuando era joven y le gustaba mucho Petra.

—Supongo que podría haber sido peor.

—¿Cómo qué? ¿Abu Simbel o los jardines colgantes de Babilonia?

Se rio. Una risa corta pero sincera. Y luego sonrió. Tenía la sonrisa más rara y misteriosa que yo hubiese visto nunca, incluyendo a todos (hombres y mujeres). Imaginaos a la Mona Lisa, pero en hombre joven. Astuta, cómplice y misteriosa al mismo tiempo…

—¿Y tú? ¿Qué significa G?

En ese momento llegaron Lorna y Sylvia que se pararon en seco cuando me vieron hablando con G.

—Seguiremos hablando en otro momento. Quizás dentro de un par de días, durante el Día del Lago. Junto a la pequeña iglesia en la orilla norte. Después de comer.

—¿Por qué estás tan seguro de que será dentro de un par de días?

—Sé cosas…

Se fue. El Día del Lago era una tradición de la Escuela St. Mary. La directora, la Sra. Langston, había estudiado en Mount Holyoke College y le encantaba su Día de la Montaña, en particular la idea de que de repente, sin previo aviso, toda la escuela se montaba en los autobuses y se iba de excursión y pasaban el día fuera. Como no había ni montañas ni siquiera colinas que se merecieran el nombre cerca de St Mary, pero tenían el Lago Swallow (Golondrina) en las cercanías, decidió instituir en su lugar el Día del Lago. La fecha exacta cuando tendría lugar era un secreto muy bien guardado, sobre el que se especulaba mucho, así que yo no tenía ni idea de cómo podría haberse enterado G, si tenía razón, de cuándo iba a ser.

Sylvia y Lorna se pararon un buen rato preguntándome sobre mi encuentro con G, pero lo cierto es que no tenía mucho que decirles.

—¿Creéis que de verdad sabe cuándo será el Día del Lago? —preguntó Sylvia.

—Parecía muy seguro, ¿pero cómo lo iba a saber? No lleva aquí ni dos minutos y no conoce a los maestros…al menos que nosotras sepamos. ¿Por qué se lo iban a decir a él?

—Quizás su familia sea muy rica y hayan hecho una donación substancial…—sugirió Lorna.

—Estoy segura de que si alguien hubiese hecho una donación enorme nos habríamos enterado de ello, lo habrían publicado en el periódico local y anunciado por todas partes. Y estoy segura de que cualquier benefactor tendría cosas mucho más importantes que preguntar que cuándo iba a ser el siguiente Día del Lago —dije yo. Teníamos que tener cuidado y no dejarnos llevar por nuestras teorías, si no, G acabaría no siendo solo James Dean sino también Rockefeller. Su referencia a la pequeña iglesia era correcta, pero eso solo significaba que debía haber visitado el lago en algún momento ya que era un lugar bastante popular en esa zona. Eso no tenía nada de misterioso.

Finalmente conseguí que las chicas dejasen de hablar de G y pasásemos a otros temas. Aunque tengo que admitir que me moría de curiosidad por ver si tendría razón y el Día del Lago sería de verdad dentro de dos días. Por supuesto esa no era la única razón por la que me sentía curiosa. También quería ver qué me iba a decir la próxima vez que nos encontráramos. Me había parecido muy decidido, pero no tenía ni idea de sus goles o intenciones.

Si estuviera intentando hacerme pasar por alguien interesante y por encima de esas cosas os diría que un par de días más tarde ya me había olvidado de las predicciones de G y fui a la escuela sin expectativas. Lo cierto es que estaba agitada ese día, y Sylvia y Lorna no habían dejado de hablar de ello en el ínterin. Así que cuando al cabo de cinco minutos de haber empezado nuestra primera clase sonaron las campanas y anunciaron el Día del Lago nos excitamos mucho.

—Pero, ¡él no está aquí! —dijo Sylvia —. Debería haber estado en clase con nosotras peo no ha venido.

—Bueno, supongo que si de verdad sabía que no iba a haber clase debe haber encontrado algo mejor que hacer que venir de excursión —dije, haciendo ver que no me importaba.

—¡Pero había quedado contigo! —dijo Lorna.

—Sobreviviré.

Aún y así, no me pude resistir y dejé a Sylvia y a Lorna después de comer y paseando por la orilla del lago me acerqué a la pequeña iglesia. Y allí estaba él. G iba vestido de negro de cabeza a pies, como siempre, llevaba una chaqueta de piel negra, y estaba de pie al lado de una motocicleta que a mí me parecía muy grande para su edad. ¿Una Triumph? Negra, brillante, impresionante es la descripción que os puedo dar. Las motos son otro de los temas en los que no me especializo.

—¡Guau! ¿Es tuya?

—Sí.

—¡Muy chula! Un  poco Ángeles del Infierno, ¿no?

Su respuesta fue una sonrisa más rara incluso de lo norma. ¿Qué demonios pasaba con él?

—Así que tenía razón. Sobre el Día del Lago, quiero decir. ¿Cómo lo supiste?

—Ya te dije que sé cosas…

—Así que te haces el misterioso…vale. Me preguntaste sobre mi nombre, el otro día, pero nunca me respondiste sobre el tuyo. ¿Qué significa G?

—Nada…Solo…decidí cambiar de estilo de vida y escogí un nuevo nombre. Ahora me llamo G.

—¿Como Ali-G o los hombre G?

—Muy divertido. Ya me lo habían dicho antes.

—Al menos no es el punto G. Y sí, estoy segura de que también te lo habían dicho.

—Podría ser la fuerza G.

—Si…¿pero no es algo religioso, como Malcolm X?

—No. Nada que ver con la religión.

No sabía por qué, pero no le creí, y me pareció que se había puesto muy tenso cuando mencioné la religión, pero probablemente era demasiado pronto para ir de indagación. Era algo raro ya que a los tíos de hoy en día no parecía preocuparles la religión y no era usual que hablar de ella consiguiera ninguna reacción…Quizás tenía algo que ver con su referencia a su antiguo estilo de vida. Quizás había estado en una secta o algo así…O quizás yo debería dejar de inventarme cosas. Estaba siendo discreto y no me había dado mucha información sobre sí mismo, pero eso era justo. Nos conocíamos hacía cinco minutos como quien dice, aunque ahora todos eran amigos de todos y publicaban detalles íntimos de sus vidas sin darle ninguna importancia, así que su actitud era algo anticuada, aunque yo la encontraba vivificante. Cuando la gente anunciaba cada íntimo detalle de sus vidas a los cuatro vientos solo podía significar que no había nada que valiese la pena saber sobre ellos. Aún y así, no pude evitar seguir preguntándole cosas, aunque fueran menos íntimas.

—¿Por qué te vistes siempre de negro?

—Me cansé de ir de blanco.

Esa sonrisa suya de nuevo. Era enigmático. No tenía ni idea de lo que estaba hablando pero sospechaba que no llegaría mucho más lejos con mi tipo de preguntas.

—¿Podemos hablar ya o aún tienes más preguntas que hacerme antes de que podamos continuar? —me preguntó, sonriendo aún.

—Solo una más. ¿Por qué yo? No eres de aquí y supongo que no conoces a nadie del lugar —le miré y negó con la cabeza—, así que, ¿por qué yo? No puede ser mi aspecto, de eso estoy segura. No soy una gran belleza. Del montón. —No era falsa modestia. No soy muy alta, pelo corto castaño y ojos marrones (un poco verdes), rellenita…

—Eso es parte del atractivo —la sonrisa de nuevo.

—Chicas como Chloe han intentado hablar contigo sin conseguir nada, y por lo que me han dicho a los chicos de tu edad les resultan irresistibles.

—Eso es una generalización injusta. No todos tenemos el mismo gusto.

—¿De veras? ¿Entonces eres un raro? ¿Te atraen las personas que no son atractivas?

—Ah no, por ahí no me vas a pillar. No soy tan estúpido como tu amigo Seth. Sé que estás enfadada con él por la manera en que te trata como si le dieras pena, y no estuvieras ni la altura de su zapato. No he dicho que no fueses atractiva. Tú eres la que lo ha dicho.

Había ido demasiado lejos. Tuviese razón o no, esa no era manera de hablar de un amigo mío. ¿Y cómo demonios se atrevía a insinuar que sabía cómo me sentía?

—Escucha, Sr. G o como quiera que te llames, no metas a mis amigos en esto. No sé quién o qué te crees que eres, pero eso no te da derecho a hacer comentarios y criticar a la gente a la que conozco y quiero. Te deseo una vida feliz.

Me di la vuelta y eché a andar tan aprisa como pude de vuelta con el resto del grupo. Esto había sido una equivocación. ¡Salir con él! Ni en mil años.

Debió correr porque estaba de nuevo a mi lado.

—No te enfades. Anda, sé que has estado pensando en vengarte de los comentarios que hace sobre ti saliendo con un candidato apropiado. Y sé que tú y tus amigas habías pensado en mí para el papel.

Debí tener aspecto de asombrada porque añadió:

—No te preocupes. Tus amigas no me lo han dicho y nadie más lo sabe.

—Y si te pregunto cómo lo sabes me vas a decir que sabes cosas…

El asintió y sonrió.

—Te lo tienes muy creído…No me importa ni lo que sabes ni cómo lo sabes. Puedes guardarte todos tus conocimientos y tus secretos para ti solo. La vida es demasiado corta para esto, si quieres mi opinión. Estoy segura de que puedes encontrar otra chica que sea tan poco atractiva como yo para lo que sea que tienes pensado. Buena suerte.

Ningún tío se merecía el tener que soportar todo aquello por él, en mi opinión. Se lo podía meter donde le cupiese. Eché a andar aún más deprisa que antes. Y no tenía la menor intención de pararme o de que me parasen.

Esta vez me siguió motorizado y resbaló en la gravilla hasta pararse a unos pocos metros de mí.

—Me estoy ofreciendo voluntario a hacer el papel con Seth. No tengo ningún problema con ser tu novio oficial. Sé que no quieres una relación de verdad. Eso me va al dedillo. Yo tampoco quiero una. Opino como tú que se invierte demasiado tiempo en relaciones con el sexo opuesto a nuestra edad. Pero también sé que la actitud de Seth te parece enojosa y tienes razón. A un montón de tíos les encantaría ser tu novio si de veras quisieras uno.

—Ahora lisonjas…Aprendemos rápido —le contesté intentando ser irónica.

—Vamos, Pink. No soy de aquí. Como has dicho antes algunas de las chicas a las que se consideran entre las más bellas y deseadas por todos los chicos se han acercado a mí sin éxito. Te llevaría muchos puntos si tú consiguieras lo que a ellas se les ha resistido. Y no te daré mucho trabajo. Haré mi papel a la perfección en público. No tienes que preocuparte.

—¿Por qué insistes tanto? ¿Tú que ganas con todo esto?

—Oh, no te preocupes. No tengo malas intenciones. Ya te dije que no me interesan las relaciones…ningún tipo de relaciones…

Cuando alguien dice que no te preocupes dos veces seguidas, uno debe preocuparse definitivamente. No tenía una respuesta preparada y me lo quedé mirando. No sé qué expresión debía hacer porque se sonrojó y añadió rápidamente:

—Sé que Chloe y Zoe y todas esas chicas se estaban preguntando…Pero están tan convencidas de que son irresistibles…No soy gay. Simplemente tengo otras prioridades ahora mismo. Pero eso quedará entre tú y yo. Todos los demás creerán que estamos liados. Seremos convincentes.

No dije nada. ¿Era gay, era hetero, o simplemente no le interesaba el tema? ¿Me importaba algo todo eso? Sí, tenía razón. Si me presentaba en la escuela colgada de su brazo y era su novia oficial la gente lo notaría y me tomaría más en serio. Y zarandearíamos la opinión de Seth. ¿Pero que quería a cambio? ¿Y por qué se resistía tanto a decírmelo?

—Todo eso está muy bien, y no te preocupes, no estoy interesada en tu orientación sexual. Te la puedes guardar para ti. Tienes razón en mi opinión sobre las relaciones. Pero sigues sin haberme dicho por qué me escogiste a mí de buen principio. Y no me digas que eres un buen Samaritano ayudando a chicas necesitadas. ¿De qué va todo esto?

Me miró con una de sus miradas  penetrantes, esta vez sin sonreír. Después de lo que parecieron horas dijo:

—Creo que podríamos trabajar juntos.

—¿Trabajar? ¿Quieres decir deberes? ¿Un trabajo de clase?

—No exactamente.

Gracias a todos por leer, y si os ha gustado, ya sabéis, dadle al me gusta, comentad, compartid, y…bueno también podéis hacer CLIC si os apetece en los varios link o en los otros sitios en la página, que hay libros, blogs…No os quedéis con las ganas!

Hola a todos:

No sé si recordaréis que hace unos meses pedí consejo en el blog sobre una novela romántica que estaba planeando, pidiendo sugerencias sobre títulos, nombres, recetas… Vamos, de todo. Y hace unas semanas como parte de un blog hop sobre los personajes de las  novelas que estábamos escribiendo mencioné a los principales protagonistas de la mía.  Pues bueno I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) está acabada en borrador, y ando corrigiéndola, poniéndola guapa, y haciendo todas esas cosas que se hacen antes de lanzar nuestras creaciones al mundo.

Pero como hace tiempo que vengo hablando de ella, me pareció que podría compartir al menos el principio con vosotros, para que no os quejéis de que no os tengo al tanto. Y la probable portada.

I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) de Olga Núñez Miret. Portada de Lourdes Vidal

I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) de Olga Núñez Miret. Portada de Lourdes Vidal

Prólogo. Ahora

 

—¡Cámara, acción!

Dulcinea (Dulce para sus amigos) se quedó paralizada. Veía hablar al productor pero su mente iba a mil por hora y no procesaba nada. “¡Dios mío! ¿Cómo me he metido en este lío? ¿Por qué me he dejado convencer?” se preguntó. El codazo de Adelfa la despertó:

—¡Vamos! ¡Solo tenemos 45 minutos para crear la Madre de todos los Cupcakes.

—Pues si eso es lo que tenemos que hacer, ¡a la carga!

 

Capítulo 1. Inicios (Hace tres años)

A Dulcinea le encantaba su nombre. Siempre le había parecido que le sentaba como un guante. Tanto era así, que si la hubieran llamado de otra manera estaba convencida de que se habría cambiado el nombre a Dulcinea. OK, no era el nombre más típico para una chica norteamericana, pero su madre, Carmen, era española, y siempre había opinado que la dama/amor imaginario de Don Quijote se merecía una segunda oportunidad y un papel más importante que el que le había tocado. También le encantaba el hecho de que el diminutivo era Dulce. Y si había algo que le gustaba a su madre eran las cosas dulces. Carmen era la mejor pastelera amateur de entre las madres de todas sus amigas y dudaba que hubiera muchos profesionales de la repostería y los postres que pudieran competir con ella. Su talento culinario alcanzó tal popularidad que mucha gente le pedía que les diera recetas o les enseñara cómo preparar pasteles hasta el punto que decidió hacer un cursillo de cocina y postres en el instituto local de enseñanza para adultos y siguió con él hasta su fallecimiento. Era de justicia y totalmente apropiado que su hija fuera Dulce.

—¿Qué me dices entonces? Llevas demasiado tiempo luchando contra tu destino. ¿Cuántas carreras y trabajos distintos has probado? —le preguntó Adelfa su mejor amiga, que aunque siempre apoyaba sus ideas, desde luego no se mordía la lengua en cuanto a expresar su opinión —. Déjame contar…

—¿…las maneras? —bromeó Dulce.

—No te pongas Shakesperiana conmigo.

—Es Elizabeth Browning, no Shakespeare.

—¿Ves como llevo razón? Sé que adoras los libros pero…si al menos pudieras hacer algo útil con ello quizás, pero así…Vale, volvamos a lo que estábamos hablando antes de la interrupción literaria. Peluquería…— Adelfa contó uno con los dedos.

Ahora, si esto fuera una película, vendría un montaje de unos cuantos cortes de pelo con poca gracia y nada chic, una permanente quemada hasta el punto de que se cayeran mechones de pelo, aunque el mayor desastre de Dulce siempre fue el tinte y el color. Una paleta de colores naranja brillantes e inesperados, verdes fosforescentes, e incluso efectos tricolor habían salido de sus manos y sellado su salida de la escuela de peluquería por la puerta de atrás.

—Azafata… —Dos.

La película mostraría ahora como a Dulce se le caían las bolsas de equipaje al intentar colocarlas en el compartimento superior, como le aplastaba el pie con el carrito de la comida a un pasajero, le echaba el café por encima a otro, y como se caía sentada encima de varios pasajeros y pasajeras. Nunca se le había dado bien llevar tacones y al final decidió que viajar constantemente tampoco era lo suyo. Por lo menos no le vomitó encima a nadie.

—Horticultura y jardinería ornamental… —Tres.

Esto podría ponerse feo, especialmente si os gustan las flores y las plantas. Nadie podía acusar a Dulce de tener la mano partida para la jardinería. Aparte de composiciones rocosas sin plantas, nada había sobrevivido a sus experimentos como jardinera. Y sus diseños de jardines parecían algo salido de El Bosco. Adelfa solía bromear y decirle que tendría éxito si se especializase en jardines para Goths. Aunque que ella supiera a los Goths no les iba demasiado el aire libre ni los jardines.

—Empresariales… —Cuatro.

De hecho, los estudios le fueron bien. Aunque Dulce prefería la ficción y la literatura no le disgustaban los números y el estudiar en general. Así que la parte teórica no le había ido mal. Una vez llegó el momento de aplicarlo a situaciones de la vida real, ella era demasiado amable y bien educada y no se arriesgaba lo suficiente, no le gustaba la competición salvaje y no era agresiva así que jamás tuvo éxito. Aunque se planteó dedicarse a la enseñanza, los profesores con más carisma eran los que tenían muchas anécdotas personales que contar, especialmente sobres sus éxitos y los fracasos de los demás. Y ella quería hacer algo que requiriera ponerse con las manos en la masa.

—Fotografía… —Cinco.

Dime, ¿no creéis que hoy en día con las cámaras digitales es totalmente imposible hacer una mala foto? Pues bien, si conocierais a Dulce sabrías que estáis equivocados. Mala iluminación, ángulos imposiblemente antiartísticos, partes del cuerpo en lugar del todo. Ni siquiera una top model quedaría bien en sus manos.

—Cuidar de niños…

—Vale, vale. Si estás intentando que me sienta mejor, estás haciendo un trabajo estupendo. Y no le pasó nada malo a ninguno de los bebés. Solo que no estoy hecha para ello. No todo el mundo tiene tanta suerte como tú, Adelfa. Siempre te ha gustado mezclar cosas y analizarlas. Has nacido para ser química y lo has sabido de siempre.

A Adelfa se le había dado bien la química desde muy joven y siempre había impresionado, primero a los maestros y luego a los profesores de universidad, con su talento. Cuando se graduó varias de las más grandes compañías farmacéuticas se la disputaron, aunque ella escogió enseñar en la universidad local y dedicarse a su propia investigación. Pero su éxito profesional no parecía bastarle. Y a pesar de su aspecto (hermoso color café con leche, boca hecha para besarla, curvas en los lugares adecuados y un trasero que hasta Beyoncé estaría orgullosa de lucir) volvía a estar de duelo por otra relación amorosa fallida.

—Sí, pero aún no he encontrado una fórmula que si se la damos a los hombres haga que los idiotas y los perdedores se vuelvan fluorescentes.

Dulce no pudo evitar imaginarse los resultados de tal preparado. ¡Valdría millones!

—Quizás te haría falta estudiar magia en lugar de química para eso. Aunque mi experiencia en el tema es muy limitada diría que la ciencia y los mejores cerebros han fallado miserablemente al intentar encontrar la fórmula para la relación perfecta.

—Probablemente no es culpa de los tíos. Soy yo. Parece que tengo un talento especial echar a perder incluso al mejor tío.

Dulce odiaba ver así a su amiga. Primero porque no tenía razón. Segundo, porque era su amiga y la apoyaría en lo que fuera. Y tercero, porque su último novio, Melvin, no era el mejor tío ni con diferencia. Desde luego los había tenido peores, pero Melvin era uno de esos tipos que se creen que coleccionar mujeres es un hobby de categoría y que cuanto mejores sean las mujeres, más valor tienen para él. Les iba a la zaga, usaba todos los trucos románticos a su alcance, y entonces, una vez las tenía aseguradas, se iba a por otra, a por el siguiente reto, la siguiente joya en la colección.

—Estoy segura de que si quisieras podrías echar a perder a alguien, pero no, no es culpa tuya. Tienes razón; era un idiota y un perdedor. Y vale, también tienes razón sobre mí. Nada de lo que he hecho hasta ahora ha funcionado. Y sí, es cierto, se me da bien la repostería, pero ¿cómo voy a vivir de eso?

El talento repostero de Dulce había sido objeto de muchas conversaciones entre las dos amigas a través de los años, pero últimamente Adelfa le había estado dando la lata a Dulce más de lo habitual con ello.

—¿Por qué no preparamos algún pastel y luego hablamos? Una de las recetas de tu madre. ¿Por qué no aquel pastel que llevaba chocolate, almendras tostadas, huevo, mantequilla, leche, harina y levadura?

—¿Reina de Saba? ¿Pero tendremos todos los ingredientes a mano? —preguntó Dulce.

Adelfa se echó a reír mientras cogía las llaves del coche.

—¡Vamos a comprar! ¡Y necesitaremos unas cuantas cosas más!

—Helado, crema…

—Y también algunos snack salados, para equilibrar la dieta un poco. Al menos el gilipollas me dejó antes de que nos fuéramos a vivir juntos y no tendré que perder el tiempo trasladando trastos. ¡Deprisa! ¡No gastemos ningún tiempo de cocinar!

Una vez de vuelta en su apartamento (de hecho el piso bajo de una casa convertida en un par de apartamentos, con la ventaja de que ellas tenían el patio y un viejo pero aún energético limonero todo para ellas) vaciaron las bolsas de la compra, se pusieron los delantales y se echaron manos a la obra. Adelfa también había comprado una buena reserva de bebidas y se sirvió un vaso de vino tinto y una limonada para Dulce.

—Un día de estos tendremos que conseguir que bebas alcohol. Esta postura anti-alcohólica es demasiado remilgada y aburrida.

—Conoces perfectamente bien mi opinión sobre la bebida, Adelfa. No es nada religioso, ni siquiera moral, aunque no es que pueda decir que me guste lo que le puede hacer a la gente. Es…

—Cuestión de sabor. Ya lo sé, ya lo sé.

—No me importa usarlo para cocinar. De hecho debo admitir que ayuda con algunas recetas. Mucho.

—Ya sabes lo que pienso sobre eso. Como dice el dicho: Me gusta cocinar con vino. ¡A veces hasta lo pongo en la comida!

Dulce se encogió de hombros y las dos se rieron y se dedicaron a cocinar. Las dos amigas pelaron las almendras, mezclaron la mantequilla y el azúcar, trituraron las almendras en trocitos pequeños, separaron las yemas de las claras del huevo, derritieron el chocolate con un poco de leche y añadieron todos los ingredientes (y la harina y la levadura). Vertieron la mezcla en un molde, la metieron en el horno caliente y salieron al patio después de haber lavado los cacharros, a esperar a que el horno obrara su magia. Hacía poco que se habían comprado una silla/columpio doble y las dos se sentaron de un salto, meciéndose hacia atrás y hacia adelante lentamente.

—¿Alguna idea? ¿Cómo podemos convertir mi talento para la repostería en un negocio? Bueno, debería decir “nuestro” talento para la repostería, ya que tú eres la que siempre consigue descubrir la perfecta combinación y la cantidad de ingredientes que asegura que los pasteles o las masas hagan lo que se supone que deben hacer —dijo Dulce.

—De acuerdo, tú eres la Diosa de los Sabores y yo la Reina de la Química y de calcular las cantidades y la temperatura del horno. No estaba pensando en dejar mi trabajo, especialmente la investigación, aunque siempre podría trabajar menos horas, pero podríamos experimentar después de mi trabajo y yo podría dejar preparadas instrucciones precisas para que las puedan seguir otros miembros del personal que nos ayudarían con la repostería —dijo Adelfa.

—¿Personal? ¡Dios mío! Si tú vas a crear una metodología y recetas detalladas, quizás yo podría escribir un libro de cocina. O un libro de repostería y dulces. Siempre son populares y me encantan los libros, aunque nunca he escrito nada largo. Bueno, supongo que escribir un libro de recetas no es lo mismo que escribir otro tipo de libros.

Adelfa se estaba mordiendo el labio inferior, un hábito que tenía desde pequeña y al que volvía cuando se ponía a pensar, especialmente cuando estaba sola.

“Un libro de cocina. No es mala idea, pero como plan de negocios…Por lo que he observado, los libros de ese tipo que se venden bien suelen o haber sido escritos por famosos, por chefs conocidos (por ejemplo porque tienen un programa de televisión), o libros asociados con un restaurante o un local famoso. Creo que tendríamos que tenerlo en cuenta para cuando nuestra pastelería/cafetería se convierta en un éxito. Entonces podemos expandirnos y producir todo tipo de productos de mercado, no solo libros, sino quizás también nuestra propia marca de utensilios de cocina, podríamos asociarnos con algún distribuidor de harina y esencias pasteleras orgánicas y prestarles nuestra marca, delantales, libros de cocina para niños, videos, programas de televisión…

Dulce se sintió como solía cuando le entraba el pánico. Tuvo una sensación vívida de que las pecas le crecían y ocupaban toda su cara, su ojos verdes estaban a punto de salir proyectados de las órbitas y su pelo pelirrojo (o rubio caoba como insistía Adelfa) se ponía de punta. Sorprendentemente, cuando en ocasiones como ésta había conseguido verse en un espejo, solo tenía pinta de asustada y estaba pálida, aunque no acababa de creerse que el espejo no estuviese gastándole una broma. Ella sabía lo que sentía.

—¡Respira Adelfa! ¡Respira! Quizás deberíamos empezar por el principio. ¿Estamos hablando de una pastelería, o una cafetería o…?

—¿Y por qué no una mezcla de las dos?

Sí, ¿y por qué no?

 

Gracias por leer, y si os ha interesado, ya sabéis, dadle al me gusta, comentad y compartid. Y os mantendré informados del lanzamiento oficial. 

 

 

Os he dado la lata mucho hablándoos de ‘El hombre que nunca existió’ y ‘Gemela Maldad’ pero  también he publicado una serie de 3 novelas cortas unidas por un mismo personaje central , Mary, que de momento solo están disponibles en inglés. El título de la serie es ‘Escapando Psiquiatría’ (ya que Mary es psiquiatra y escritora, como yo) y las novelas cortas se titulan: ‘Cannon Fodder’ (Carne de cañón), ‘Teamwork’ (Trabajo en equipo) y ‘Memory’ (Memoria). La premisa de la serie es que Mary quiere dedicarse a la escritura por completo, pero las circunstancias conspiran contra ella y por una razón u otra se ve envuelta en casos en los que tiene que volver a su profesión de psiquiatra, ya sea para proporcionar una opinión   experta para un caso judicial (como en ‘Cannon Fodder’), ofrecer terapia a un policía que presencia el asesinato de su compañero y padre adoptivo (‘Teamwork’), o en el caso de ‘Memory’ cuando ella misma es víctima de una crimen horrible y pierde la memoria.

El proceso de creación de ‘Escapando Psiquiatría’ fue un poco especial. Yo escribí ‘Cannon  Fodder’ hace muchos años (estaba estudiando literatura americana en la Universidad de Sussex, en Brighton, pero ese año como parte de la carrera lo pasábamos en una universidad de los Estados Unidos y yo estaba en Mount Holyoke College, Massachusetts). Durante mi estancia en Mount Holyoke participé en un curso de escritura de historias cortas, y le pedí a nuestro profesor que se leyera ‘Cannon Fodder’. A él le gustó mucho pero me comentó que era demasiado larga para una revista, pero demasiado corta para publicarla como novela (esto era en 1998 cuando publicación digital…era ciencia ficción). También se la envié a Maria Lauret, mi tutora en Sussex, que me comentó le mismo. Le gustó pero…Los dos sugirieron que quizás podría escribir más historias con el mismo personaje central como hilo conductor. Yo me quedé con la idea pero entre acabar la carrera, luego el doctorado, y la vida, no hice nada. Cuando yo volví a trabajar de psiquiatra (cosa que sigo haciendo), también volví a escribir con más ahínco y a pesar de otras distracciones, escribí dos historias más sobre Mary y sus aventuras y empecé a escribir un epílogo, con la idea de publicar las tres historias juntas con el epílogo. Al empezar a publicar en versión digital me di cuenta de que las novelas cortas han experimentado un renacimiento y decidí publicarlas por separado, en inglés.

Ahora, me estoy planteando volver a mi idea inicial, publicarlas como novela, y traducirlas al castellano. Para ver que os parece la sugerencia, os dejo una descripción de la primera novela corta Carne de Cañón y la traducción de un fragmento de la novela, parte de la entrevista entre Mary y Cain White.

Gracias por leer y no os olvidéis de dejar comentarios con vuestra opinión.

Carne de Cañón

En Carne de Cañón, Phil un abogado que es muy amigo de Mary (se conocieron en la Universidad) le pide que evalue y proporcione una opinion experta para el caso que está defendiendo. Su cliente, un hombre de origen Afro-Americano, muy religioso ha sido acusado de incitar  a la violencia durante una reunión religiosa. Aunque nunca ha hecho nada violento, algunas personas encuentran sus discursos provocadores y agitadores. No se limita a decir que oye la voz de Dios, sino que insiste en decir que Dios es negro y su mensaje parece ser de promoción de movimientos negros nacionalistas. ¿Qué le pasa a Cain? Está loco, delusional, equivocado, intentando atraer la atención de los medios de comunicación, o es un Santo? Para encontrar la respuesta a estas preguntas Mary habla con su familia y sus amigos. Aunque llega a la conclusión de que está cuerdo, su investigación destapa secretos sobre su familia, sus creencias y sobre la actitud de la población local que son preocupantes. ¿Santo o pecador, quién tiene la autoridad moral para decidir? Cuanto más se adentra Mary en las vidas de Cain y de los que lo rodean más se da cuenta de lo peligrosos y destructivos que pueden ser ciertos secretos.
Carne de Cañón trata sobre dañinos secretos de familia, el proceso judicial Americano, análisis psicológicos, discusiones sobre moralidad y religión, raza, abuso, tolerancia, pecado y finalmente redención. Aunque naturalmente yo la he escrito creo que no tiene desperdicio.

Fragmento de Carne de Cañón

−No soy nada especial, solo yo, Cain White, un joven de lo más normal.

−       ¿Crees que jóvenes normales y corrientes van diciendo que Dios les habla?

−       No conozco a otros jóvenes que lo digan, pero será porque no le oyen. Pero yo sí.

−        ¿Oyes su voz como me oyes a mí? ¿Su voz viene del exterior?

−       Es difícil de explicar. No es una voz como ninguna de las que he oído antes. No es la voz de un hombre o una mujer. Es Dios.

−       ¿Y tú cómo lo sabes?

−       Porque me lo dice la voz. Y yo la creo.

−       ¿Te habla a ti directamente, o habla sobre ti y sobre otra gente?

−       No, no, me habla a mí.

−       ¿Te llama por tu nombre?

−       Sí…Dice algo así como: −Cain, escucha. Quiero que le digas algo a los demás. Diles que deben amarse a si mismos. Dile que son hermosos, lo más bello de la creación.

−       ¿Quiénes son los demás?

−       Gente de raza negra.

−       Quieres decir que Dios le está hablando a la gente de raza negra a través de ti.

−       Lo que quiero decir es que Dios es negro.

Mary tuvo que morderse el labio para evitar una sonrisa. Cain iba a pasarlo mal en el juicio si el juez era blanco y conservador.

−       No me crees.

Mary le miró a los ojos directamente, sin pestañear.

−       No es parte de mi trabajo dictaminar si Dios es negro, blanco o de algún otro color.

−       No. Tú solo quieres saber si estoy loco. Supongo que debo estar como una cabra para decirle estas cosas a una psiquiatra blanca.

−       ¿Crees que psiquiatras negros diagnostican las enfermedades mentales siguiendo distintas pautas?

−       Probablemente no.

−       Esa voz, ¿está dentro de tu cabeza o fuera?

−       Ya te dije que fuera. Y no, no me la estoy imaginando.

−       No he dicho que te la estés imaginando.

−       ¿Cuándo oíste la voz por primera vez?

−       La oí una vez cuando era pequeño, justo después de morir mi padre, y me dijo que cuidase de mi madre y mis hermanos. Y después, hace unos meses.

−       ¿Usas drogas?

−       Nunca las he tocado. No estoy bajo la influencia, o ido. – Dijo bruscamente.

−       Tengo que preguntarte este tipo de cosas.

−       Lo sé. Perdona.

Gracia por leer. Por favor, dejad comentario, y compartid.

‘Cannon Fodder’

http://viewbook.at/B00AKWO8Z6

CannonFoddertitle

 

 

 

 

Hola a todos:

Os quiero pedir un favor. Me explico. Me parece que ya os había comentado que el proyecto en el que estoy trabajando ahora (bueno, ahora mismo estoy haciendo una traducción para un colega escritor, pero “mi” proyecto) es una serie de novelas juveniles. La primera de la serie ‘Pink Matters’ está ya terminada en versión inglesa y la he enviado a varias lectoras que se ofrecieron en un grupo de Goodreads. De momento no he recibido una gran respuesta. Había empezado a traducirla al castellano (llevo un capítulo y un poco) cuando me lié a publicar algunas novelas cortas, traducir una, y luego empecé con la otra traducción.

A pesar de que no hay mucho material de momento, os quería pedir opiniones. Ya sé que no es mucho, sólo un capítulo, aunque algo larguito, y es un borrador, osea que os pido que ignoréis formatos, faltas (ya que no lo he corregido más), y cosas de ese estilo. Lo que quiero que me digáis es si os parece que se puede leer y que tiene algo de interés. También he de reconocer que no estoy al tanto de algunas de las expresiones de hoy en día en castellano y para traducir algunos tipos de personajes (si lo leéis ya sabréis a qué me refiero) me he fíado del internet (contaba con preguntarle a la gente luego, pero no sé si habrá luego…) así que seguro que hay expresiones que no se usan (no sé que es un geek en castellano, pero es que no existían en esa forma en mi época en España). También lo bajaré a Wattpad pero no he tenido muchos comentarios allí aparte de Frank…

Os estaré eternamente agradecida si me decís qué os parece, pero de verdad. Prefiero tener el disgusto ahora que luego…

Muchas gracias!

Asuntos angélicos 1. Alerta Pink

Capítulo 1. Petra (alias Pink)

Es verdad. Nadie puede hacerte sentir tan humillada como un amigo íntimo. Sí, estábamos muy unidos. Pero de ahí a asumir…Seth y yo nos conocíamos hacía muchos años, él vivía en la casa de al lado, íbamos a la escuela juntos, compartíamos cosas…Y Seth era el chico más popular del Instituto (y por lo tanto el chico más popular de mi universo), y tenía todas las chicas que quería y todo eso. Ya lo sé, habéis visto la película. Y sabéis que todo el mundo creía que estaba enamorada de él y no era una pena que yo no fuera “su tipo”, y fuera “del montón” y… “llenita”…Pero, OK, acepto que todo le mundo se creyera eso y me tuvieran pena. Lo que no acepto, ni de broma, lo que es realmente ofensivo, es que “él” mismo se lo creyera. Me había llamado por teléfono la noche fatal (el 5 de Noviembre si lo queréis saber), alrededor de la medianoche, bastante bebido, para pedirme que le fuera a recoger a la fiesta de Cris. Me habían invitado pero estaba muy ocupada escribiendo y sabía como eran ese tipo de fiesta. Porque por supuesto, yo también era “aburrida”, “inteligente” y “estudiosa”. No bebía y no tomaba drogas.

Lo fui a buscar (tuve que tomar prestado el coche de mis padres, pero les gustaba Seth, y yo estaba convencida de que al menos mi madre pensaba que las cosas se “desarrollarían” entre nosotros) y lo encontré dándose el lote con una chica. No la había visto nunca, probablemente de una ciudad vecina. Una vez se despidió (algo así como ‘te llamaré’ pero muy difícil de entender con la bebida) me siguió, o más exactamente, lo medio llevé a cuestas al coche. Tuve que pararme una vez para que vomitara. Entonces, cuando paré delante de su casa para dejarle salir, se volvió hacia mí, me besó en la mejilla (una experiencia inigualable oliendo aún a vómito y todo eso) y dijo la frase memorable:

“Sabes, Pink, que si algún día…necesitas a un tío…Si no puedes encontrar…Yo…Yo lo haré contigo.”

Yo le empujé fuera del coche contagiada de las náuseas. Y no conseguí dormir después de eso.

Al día siguiente la cosa se puso aún peor aunque yo lo creía imposible. Tenía la esperanza de que no recordara el comentario, y ni siquiera esperaba o quería una disculpa, pero…Oh, no, eso hubiera sido demasiado fácil. Intenté evitarle durante todo el día, incluso decidí no contárselo a mis mejores amiga, Lorna y Silvia. ¿Lo entendéis? Quizás si no hablaba de ello, no habría pasado de verdad. Podía hacer ver que había sido una pesadilla y me lo había imaginado todo.

Dejé la escuela sin verle y pensaba que mi plan había funcionado y estaba a salvo. Pero no, sería mucho pedir. Cuando llegué a la puerta de mi casa oí a alguien que corría hacia mí. Ni siquiera me hizo falta darme la vuelta; sabía que era él.

“Pink, Pink! ¡Eh…He estado intentando pillarte todo el día!

“Pues por fin lo has conseguido. ¿Qué querías?”

“Yo…Escucha, sobre lo de ayer…”

Tampoco quería avergonzarle. Era mi instinto maternal hacia él que se había desarrollado a lo largo de los años (si no estaba imprimido en mi ADN) y no lo conseguía desconectar, ni siquiera cuando era vil. Decidí hacer ver que no me acordaba.

“ ¿Ayer?”

“Lo del sexo…yo…”

“Olvídalo.”

“No, no. No es eso. Yo sólo…Sólo te quería decir…que iba en serio. No era cosa de la bebida…Por supuesto, no hace falta que te preocupes por nada. No se lo contaría a nadie.”

Estaba a punto de preguntarle si estaba hablando en serio, pero me estaba mirando con cara solemne y ‘comprensiva’. No se me ocurrió qué decir y él malinterpretó mi silencio.

“Está bien. No hace falta que digas nada. Nos vemos.” Me dijo, dándome una palmadita en la espalda. Mi único consuelo fue que al menos no me dio la palmadita en la cabeza, como a un buen perro. Para ser sinceros no era un gran consuelo.

Me podría haber echado a gritar, y de hecho lo hice cuando entré en la casa y me encerré en mi habitación. ¡Lo quería matar! Y sin duda hubiese sido homicidio justificado.

Estuve muy preocupada y dolida un par de semanas, e intenté evitar a Seth con poco resultado. Él parecía no tener ni idea de mis esfuerzos o sentimientos.

No me lo pude guardar más tiempo, y finalmente se lo conté a Lorna y Silvia. También nos conocíamos hacía muchos años, y habíamos ido a la misma escuela y clase desde que éramos pequeñas, aunque Lorna y Silvia vivían en High Ridge, una ciudad vecina. Siempre nos habían interesado las mismas cosas y habíamos pasado el rato juntas, ya que no encajábamos fácilmente en ninguno de los grupos usuales. Estudiosas y amantes de los libros, pero no repelentes (ni siquiera llevábamos gafas), del montón pero no terriblemente feas, no muy deportivas pero tampoco tan torpes como para convertirnos en víctimas propicias de todas las bromas. Y sí, no estábamos en el grupo de la gente ‘in’ y de moda, pero no atraíamos la atención con estilos raros de ropa, maquillaje o tatuajes. En resumen, éramos invisibles y grises. Y hasta entonces eso nos había convenido. También era verdad que mi amistad con Seth nos daba algo de credibilidad y evitaba que cayéramos de pleno en uno de los grupos despreciados.

Yo había estado intentando hacer ejercicio, comer sanamente  y perder peso, y algo de éxito había tenido, aunque era lo suficientemente realista para saber que nunca llegaría a ser Barbie…Incluso si me matase de hambre, la estructura de mi cuerpo no cambiaría hasta el punto de tener piernas que me llegasen a los sobacos y aunque aún tenía esperanzas para mis pechos, hasta entonces se habían negado a convertirse en algo que pudiera atraer la mirada de los chicos.

A Lorna se le había dado mejor lo del crecer, y aunque se negase a aceptarlo cuando Silvia y yo se lo decíamos, se había convertido en una chica atractiva. Era muy evidente que cuando estábamos las tres junta lo chicos ahora la miraban a ella, mientras que antes solían deslizar la miraba sobre nosotras para fijarse en alguna otra persona. Su recientemente alisado y largo pelo marrón, ojos color avellana, perfecto cutis aceitunado y boca en forma de corazón la hacían muy bonita, incluso sin maquillaje. Y era menuda y bien proporcionada. Incluso había salido con algún chico, aunque de momento aún no había encontrado a su príncipe azul.

Por otro lado, la adolescencia no se había portado tan bien con Silvia que de repente había dado un tirón que la había hecho más alta que la mayoría de los chicos de nuestra edad, muy delgada, y lisa como una tabla de planchar. A pesar de innumerables visitas al ortodontista y una sucesión de aparatos que se merecían figurar en un artículo sobre implementos de tortura en Wikipedia, su sonrisa no estaba hecha para anuncios de dentífricos y ella se había vuelto aún más tímida que antes. Desde mi punto de vista de mejor amiga tengo que añadir que las encontraba a las dos hermosas y las mejores amigas que una chica pudiera desear.

Cuando les conté lo que había hecho Seth sus reacciones fueron las que me esperaba.

Lorna estaba indignada.

“¿Quién se cree que es él, eh? Anda… ¿Cómo puedes ser su amiga? No necesitas a ese idiota, Pink. Definitivamente not.”

Silvia siempre era amable y lo perdonaba todo. Yo siempre sospeché que a ella le gustaba Seth…Bueno, vale, le gustaba a la mayoría de las chicas, pero Silvia era tan tímida que casi nunca se permitía pensar en chicos, ya que la hacía desmoronarse. Pero yo había visto como se sonrojaba cuando Seth miraba hacia ella o le hablaba…si no amor…encaprichamiento al menos.

“Probablemente sólo estaba intentando ser amable…Es un tío a fin y al cabo. No entiende lo que sentimos sobre estas cosas. Estoy segura de que no intentaba humillarte.”

“Pues menos mal, ¿no? No creo que lo hubiera podido hacer nada mejor si hubiese estado intentando humillarte…Un polvo de pena…. ¡Ughhhh! ¡Me pone enferma!” Dijo Lorna, aún enfadada.

“Sí, yo también estaba muy enfadada al principio. Pero ahora…en lugar de seguir echando humo por la cabeza, creo que quizás debería tomar la iniciativa y hacer algo.”

“Sí, pero ¿qué?”

“De eso es de lo que os quería hablar. Le tengo que ajustar las cuentas.”

“ ¿Cómo?” Preguntó Lorna, interesada.

“Tengo que demostrar que se equivoca.”

“Quieres decir… ¿echarte novio?.. ¿No es un poco demasiado?” Dijo Silvia, evidentemente horrorizada por la sugerencia.”

“No creo que haga falta ir tan lejos como echarme novio. No quiero novio. Soy demasiado joven y tengo muchas cosas que hacer…De todas formas sabéis que pienso de todo eso.” En resumen lo que pienso de eso es, muy bonito en teoría pero en realidad una gran pérdida de tiempo a una edad en que uno no tiene tanto tiempo para perder. Cosas más importantes que hacer. OK, sé que debéis pensar ‘uvas verdes’ y todo eso…Pero, con toda sinceridad… ¿chicos? Quizás cuando crezcan…si es que crecen alguna vez.

“Ya veo. Tú sólo quieres que él te vea salir con alguien…” Dijo Lorna asintiendo. “Lo apruebo.”

“Sí ya, pero ¿quién? Pregunté.

“Veamos.”

Como solíamos hacer cuando teníamos que tomar decisiones importantes o discutir asuntos serios nos fuimos al café de la biblioteca. Con la popularidad de los libros electrónicos, netbooks y tablets, móviles android, y particularmente Facebook, Twitter y otros medios de comunicación social, casi no había nadie más que gente mayor en la biblioteca. Siempre nos sentábamos a la misma mesa, al fondo junto a la ventana, y la considerábamos “nuestra mesa”.

Una vez instaladas, con nuestras Coca-cola light, empezamos a buscar candidatos virtualmente. Silvia estaba muy bien organizada e interrumpió a Lorna cuando empezó a nombrar a chicos al tuntún.

“Sería mejor que consideráramos la población de chicos.”

“¿Cómo?” le pregunté.

“Bueno, ya sabes…Como si fuera un estudio etnográfico/sociológico. ¿En qué tipo de chico estabas pensando?”

“¿Quieres que creemos un perfil?” Preguntó Lorna.

“Quizás. Pero creo que eso sería demasiado ambicioso, considerando la materia cruda que tenemos a nuestra disposición. Será más fácil ver qué hay en cuanto a grupos de chicos que puedan estar disponibles.”

“Vale. Un método científico y organizado. ¿Por qué no?” Sí, tenía sentido. No hacía falta ser súper-emocional y comportarnos como niñas. Si lo íbamos a hacer, más valía hacerlo bien. Y como era cuestión de tíos, pensar como uno podría ayudar.

Silvia sacó su i-pad de la mochila.

“¿De veras?” Le preguntó Lorna. “¿No es ir un poco demasiado lejos?”

“¿Por qué? ¿Para que está la tecnología sino para este tipo de cosas?”

“ ¿Para cosas importantes quizás? Como resolver el problema de proporcionar energía y comida a la población del mundo entero, curar enfermedades, educar a las masas…” Contesté yo.

“Sí, de acuerdo. Quizás haremos todo eso en algún momento en nuestras vidas, pero ¿qué daño hacemos utilizando una base de datos para tomar una decisión razonable sobre chicos?”

Tuve que reconocer que tenía razón. Hoy, encontrar al candidato ideal para novio; mañana, el Premio Nobel.

Lorna, que evidentemente había estado pensando en chicos un poco, se puso a cargo de nombrar los distintos grupos de posibles candidatos, mientras todas considerábamos sus pros y contras. Bueno, no siempre podíamos encontrar pros. Cuando se consideraba el asunto de una forma sistemática, parecía de lo más sorprendente que nadie saliera con alguien. Las agencias matrimoniales se merecían su dinero y más por siquiera atreverse a tal tarea.

“Veamos, veamos… ¿Con qué tipo de chico te gustaría que te viera Seth, Pink?” Me preguntó Silvia.

“Bueno…evidentemente alguien razonablemente atractivo pero con algo de cerebro…Quiero decir, tendría que ser alguien con quien él pudiera creerse que yo saldría…Seth me conoce lo suficientemente bien como para saber que yo no saldría con alguien puramente por su cara bonita…Aunque alguien que fuera solamente “una cara bonita” probablemente tampoco saldría conmigo.”

Lorna me miró seria.

“Oh Pink, vamos, no empieces así. No hay problema alguno con tu apariencia. Cualquier chico…”

“Dejémoslo. No es cuestión de eso…Seamos metódicas.” Dije yo.

“OK. Atractivo pero razonablemente inteligente…”

Pensamos un rato. No había tantísimos chicos que encajaran en la categoría…

“Siempre están los amigos de Seth…Adam no está mal…” dijo Lorna.

“No, no lo está. Ni tampoco Tony, o Chris, o Scott… ¿Estás bromeando, Lorna? ¿No te has fijado nunca en el tipo de chica con las que salen? Animadoras, chicas de moda…la más bellas o al menos bonitas…Sería una misión imposible y ya sabes que no son demasiado discretos…Cuando salen con alguna chica todo el mundo sabe todos lo detalles. ¡Incluso nosotras!” le contesté.

“Sí, Seth es le único con algo de clase en su grupo de amigos.” Por supuesto, esa fue Silvia. ¿No os había dicho que a ella le gusta Seth?

“Tampoco estoy demasiado convencida sobre ninguno de ellos con respecto al tamaño de sus cerebros. Son populares y buenos en deportes y eso les da mucha manga ancha, pero con respecto a méritos…” añadí yo.

“Seth es bastante listo…creo.”

Lorna y yo miramos a Silvia. No estoy segura si yo también lo hice, pero Lorna definitivamente alzó la vista al cielo.

“Sí, y tiene un precioso pelo trigueño y ondulado, ojos verdes, hoyuelos muy monos y todo lo demás. Deja de hablar de Seth, Silvia. Él es el causante de todo este lío y evidentemente Pink no va a salir con él. No, tienes razón, Pink, ninguno de sus amigos sirven para esto. Los conoce demasiado bien, se daría cuenta de que no saldrías en serio con ninguno de ellos…No funcionaría.”

La mayoría de chicos considerados listos entraban en una de dos de las categorías más despreciadas, o los cerebros, el grupo de los estudiosos, compuesto principalmente de carácteres relegados, buenos para tener una conversación o formar grupo de estudio, pero no para salir con ellos, y los frikki informáticos.

“Theo, Paul, Mark y Luke…” dijo Silvia.

“¿Los cerebros? Por supuesto, son inteligentes, pero… ¿atractivos? ¿Les has mirado alguna vez?” dije yo.

“Bueno…sí, pero Mark…tiene unos ojos bonitos…” añadió Silvia.

“Sí, y Theo es muy alto, y Luke tiene un pelo negro rizado fabuloso, pero, Mark tiene un acné horroroso y es muy bajito, Theo es enorme y siempre está sudando, Luke lleva unas gafas muy pasadas de moda y es tan delgado que casi no se le ve de perfil y Paul…” seguí yo.

Sí, el pobre Paul era oficialmente el tío más feo de la escuela. Era un chico encantador pero si saliera con cualquiera de ese grupo seguro que Seth pensaría que estaba desesperada o me había vuelto locas. Probablemente volvería a repetirme su oferta si me viera con alguno de ellos. Tampoco funcionaría.

Lorna negó con la cabeza.

“No, ninguno de ellos servirá. No sólo son feos pero también son muy tímidos con las chicas y no tienen gracias sociales. Probablemente les daría un infarto si siquiera sospechasen que querías salir con uno de ellos…Y…”

“Sí, lo sé. Son demasiado majos y les haría daño si los usase así.” De acuerdo, me quería vengar de Seth, pero no era justo hacerle daño a otros para conseguirlo. Yo no creo en el “daño colateral”.

Llenamos otra vez los vasos de Cola light y volvimos a concentrarnos en el documento en el i-pad de Silvia…De momento sólo cruces…Sherlock Holmes solía clasificar los casos en los que estaba trabajando en categorías de dificultad según el número de pipas que se tenía que fumar para llegar a la respuesta. Fumar ya no era correcto socialmente y mujeres y pipas nunca se habían llevado demasiado bien así que…Supongo que en nuestro caso clasificaríamos problemas o planes en relación al número de colas light que nos bebíamos mientras los discutíamos. Éste podría llegar a batir nuestro record de tres.

“¿Y los frikki informáticos? No son tan sensitivos como los cerebros.” Sugirió Lorna.

Aunque los cerebros estaban bastante obsesionados con la informática, los frikki eran una categoría de chicos diferenciada. Sólo parecían tener tiempo para accesorios electrónicos, juegos, y la mayoría del tiempo parecían vivir en una realidad alternativa que sólo se cruzaba con la nuestra esporádicamente.

“Y aparte de Troy, el resto tienen una pinta bastante normal.” Afirmó Silvia.

Todas pausamos al mencionar a Troy. Era hijo del alcalde y a comparación con su hermano mayor que había terminado la escuela con una beca de fútbol y ahora estaba estudiando en Davis, la joya de la familia, era realmente raro y tenía un aspecto de lo más extraño. Siempre me hacía pensar en actores de película de terror. No parecía pertenecer a nuestro planeta. No era feo, pero como un Picasso su estética y fisonomía eran extremadamente poco convencionales. Es cierto que nadie podría pasar desapercibido dándole la mano, pero no estaba convencida de que ese era el tipo de atención que yo quería.

“¿Has intentado hablar alguna vez con Matt, Pete, Dean o Todd de algo que no sean juego, ordenadores o comics? Sé que lo habéis intentado. Yo también. Sin ningún éxito. Quiero venganza, pero no a coste de mi cordura. No quiero un novio de verdad pero al menos apreciaría a alguien con quien pudiera hablar…”

Más cruces. Seguíamos sin ningún sí.

“¿Y que me dices de los chicos invisibles?” Preguntó Lorna. A los que se refería eran a chicos como nosotras que no parecían pertenecer a ninguna de las categorías establecidas. Normales y corrientes, sin pasarse de feos, no particularmente deportistas, sin ser particularmente inteligentes, ni especialmente atractivos…

“No. Pink necesita a alguien que le llamara la atención a Seth. A alguien que le hiciera volver la cabeza si le viera con ella. Un invisible…por sus características esenciales no serviría.”

Asentí. Sí, Silvia tenía razón.

“Se daría cuenta si salieras con uno de los rebeldes.” Dijo Lorna.

Sí, incluso Hope Springs, ‘la ciudad donde nunca pasa nada’ (de acuerdo con nuestra versión revisada del lema oficial que era ‘donde todos los sueños son posibles’. Estoy de acuerdo, empalagosamente dulce, y además falso) tenía chicos malos. A nuestra edad no estábamos totalmente convencidas de que fueran genuinamente malos, no habían tenido suficiente tiempo para cometer muchas maldades, pero eran rebeldes, inconformistas y más problemáticos que la mayoría. Había que admitir que en un sitio como Hope Springs eso no era muy difícil pero…tenían un poco de mala reputación.

“Clint tiene novia. Y Jesse…” dijo Silvia.

Jesse había empujado a Silvia el año pasado y ella se había caído por las escaleras torciéndose el tobillo. Él había insistido en que no lo había hecho a posta, diciendo que tenía mucha prisa y ella estaba en medio, pero…oficialmente era persona non-grata para nosotras. De acuerdo con nuestras predicciones acabaría en la cárcel algún día. Carne de prisión iba más allá de lo que yo había pensado. No.

Habíamos llegado a nuestra tercera cola light y seguíamos sin candidatos razonables.

“No puedo pensar más.” Dijo Lorna. “Creo que debemos habernos repasado toda la clase”

Nos quedamos calladas unos segundos y entonces Silvia saltó.

“¡Tienes razón! ¡Eso es! Hemos revisado a todos los chicos de nuestra clase. Pero esos no son todos los chicos. Tenemos que buscar en otras clases. Necesitamos expander nuestro intervalo de edades.”

Cerré los ojos. Sabía adonde íbamos con esto. Podía leer el nombre que Silvia iba a mencionar en luces de neón. Pero aún tenía curiosidad por ver cómo le sacaría a relucir.

“No creo que chicos más jóvenes sean apropiados. Primero…incluso chicos de nuestra edad son inmaduros, ¿os podéis imaginar cómo deben ser los chicos más jóvenes? Un año más joven ya sería demasiado. No quieres echarte reputación de ladrona de niños.” Dijo Lorna, terminantemente. Tenía una forma de resumir las cosas e ir derecha al grano que yo siempre había admirado y creía que sería una gran ventaja para una carrera en publicidad o el cine.

“No, Seth se reiría de mí si saliera con un chico más joven. Se metería con él y conmigo todo el tiempo. No, eso no serviría para nada.”

“Anda chicas, vamos. Sabéis que no me refería a salir con un chico más joven. Lo que quería decir es que tendrías que considerar a chicos más mayores. Siempre le da status a una chica el salir con un tío mayor. Un hombre de mundo, maduro…”

“Seguro, pero ¿cómo de mayor? ¿De qué estamos hablando? ¿Chico universitario?” preguntó Lorna, girándose hacia mí y guiñándome un ojo. Evidentemente ella también había llegado a la misma conclusión sobre las intenciones de Silvia.

“Tampoco queremos pasarnos o hacer que el tío acabe pareciendo un viejo verde o un pedófilo…No, quizás alguien que sea un par de años más mayor…” añadió Silvia, intentado sonar casual, y fallando miserablemente.

“Me parece que no conocemos a muchos chicos de esas edad, ¿verdad Lorna? Pregunté, mirando a Lorna e intentando mantener la expresión seria.

“No. A mí no se me ocurre ninguno. Quizás tíos de otra ciudad…” Lorna chasqueó los dedos. “!Tengo una idea! Silvia, ¿por qué no le preguntas a tu hermano Jackson si tiene algún amigo que pueda ser apropiado? Es dos años mayor que nosotras, ¿no? No conozco a sus amigos, pero quizás alguno de ellos sirva. Podríamos llamarle.”

Lorna y yo miramos a Silvia con caras serias y decididas.

“Sí, eso parece una buena idea. ¿Por qué no llamas a Jackon, Silvia, y le preguntas?” dije yo.

Silvia nos miró a las dos, ruborizada, respirando rápida y superficialmente, intentando pensar en algo que decir. Finalmente no pudimos resistirlo más tiempo y nos echamos a reir.

“ ¡Tendrías que verte la cara, Silvia!” le dije.

“ ¡Me estabais tomando el pelo! ¡Sabíais que me refería a mi hermano!”

Lorna le dio un achuchón en el brazo.

“Por supuesto que sabíamos que te referías a tu hermano. Siempre estás intentando juntarle con Pink. Desde siempre has tenido la idea de que los dos se enamorarán locamente, serán felices y comerán perdices, vosotras dos seréis hermanas y tendrás preciosos sobrinos y sobrinas.”

“ ¡Pero a Jackson tú le gustas de verdad, Pink!”

“Sabes que pienso que tu hermano es un chico majo y me gusta, como amigo, pero…”

Lorna de nuevo se dejó de rodeos.

“Jackson es torpe, tiene una atención tan breve como la de un pez y aparte de deportes de pelota muy pocos intereses. Tú eres el cerebro de la familia, querida Silvia. Tu hermano, aunque no es feo, es un poco…”

Silvia no la dejó terminar.

“Tienes razón, esto es cuestión de venganza y no sería justo mezclar a mi hermano cuando él tiene sentimientos por ti…”

El pobre Jackson probablemente ni siquiera sabía qué sentía, pero confiaba en la opinión de su hermana sobre sus sentimientos y siempre había sido extra-amable conmigo, aunque yo había intentado tanto como pude, sin herirle, hacerle entender que no le veía como posible novio, y de hecho no quería ningún novio. Lorna tenía razón, feo no era. Tenía la perfecta sonrisa que su hermana no había conseguido a pesar de innumerables visitas al dentista, y aunque muy alto, jugaba al baloncesto y su altura le sentaba bien.

“Bueno, eso es todo. Tendremos que seguir pensando.” Dijo Lorna. “No puedo beber más Coca-cola light o seguir hablando de tíos. Tendremos que dejarlo.”

“Quizás aparecerá alguien nuevo.” Dijo Silvia, siempre optimista. Yo no creía que eso fuera probable pero asentí. ¿Para qué preocuparla más después de nuestros después de nuestros comentarios sobre su hermano? Quizás todos nuestros sueños se convertirían en realidad de todos modos.

Gracias por leer.  Y por favor no os olvidéis de dejar comentario. Y si leéis en inglés y os apetece leer algo más de la historia, con mucho gusto os puedo enviar el PDF.

 

Living in the Gap

“Ruffled feathers and endless squawking over a minor difficulty is typical of a crow’s life. I lean back on the counter and realize that could be my line….”

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Los escritos de Héctor Browne

Blog (algo literario y algo viejo) de un Licenciado en Letras, diplomado en edición, y Profesor de Lenguaje.

Priscilla Bettis, Author

The making of a horror novelist.

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