Hola a todos:

Como ya sabréis, estoy de vuelta en Inglaterra, aunque no sé por cuánto tiempo ya que mi vida es algo cambiante en estos momentos y no puedo hacer planes a muy largo plazo.

Os he dicho unas cuantas veces que las fotos no se me dan muy bien, pero no estoy convencida de que me creáis, así que decidí dejaros unas muestras…

Por lo visto se acerca la Navidad. Estuve en Sheffield el fin de semana pasado y vi un Christmas pudding (un postre tradicional navideño de aquí, que normalmente se sirve con cream, brandy butter, o helado, o todo, y se quema por encima con un chorrito de algo…A mí me parece pesadísimo y no me gusta nada, pero es un tradición que yo intento evitar tanto como puedo) con ruedas y pensé, le haremos una foto.

Christmas pudding on wheels in front of Sheffield's City Hall

Christmas pudding con ruedad delante del City Hall de Sheffield

Por supuesto todo el mundo se estaba paseando por allí (hay mercadillos Navideños, feria, vamos, mucha gente). Decidí esperar un poco, y éste fue el resultado.

No so many people but blurry phot

No hay tanta gente pero me quedó borroso

En el pueblo donde vivo, Penistone, suelen aprovechar por estas fechas para hacer una feria de artesanía en la iglesia de St John, la central del pueblo, que fue construida (al menos partes de ella) en la época de los Normandos (partes son del siglo XI). Penistone aparece en el Domesday Book  (un registro que los invasores Franceses hicieron…ya se sabe, cuestión de impuestos). Yo intento aprovechar la feria cuando puedo para comprar regalos de Navidad un poco más originales.

Hen's Teeth Art Group advert

Poster del grup de artistas Hens Teeth

El grupo de artistas que se promocionan juntos y son de la zona, se hacen llamar Hens Teeth (dientes de gallina. La expresión en inglés se usa para referirse a algo que es muy raro, ya que las gallinas no tienen dientes. Supongo que sería similar a hablar de que a las ranas les salga pelo).

Decidí hacer una foto dentro…y así me quedó.

Inside of St John's Church during the fair

Dentro de St John´s. Otra foto borrosa

Aquí me parece que no llevaba puestas las gafas. Aún y así…

Compré algunas cosas. Por ejemplo:

Hand-knitted angel

Angelito de punto hecho a mano

No es que yo sea muy de Navidades, pero como sabéis estoy escribiendo una serie con ángeles así que…

Ya que estaba allí, aproveché para hacerle una foto al cine, el Penistone Paramount que cumple 100 años este año, y es uno de los amores de mi vida. Le han pintado la fachada para celebrarlo.

The Penistone Paramount. 100 years old. Looking Good!

The Penistone Paramount. 100 años. ¡Se conserva bien!

Este mes os he estado dando la lata hablando de NaNoWriMo (National Novel Writing Month) que es una iniciativa a la que se puede apuntar uno y es como un reto personal a escribir una novela de al menos 50000 palabras en un mes (Noviembre).

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¡Y gané! De hecho, el borrador de mi novela pasa algo de las 60000 palabras y me sobró algo de tiempo.

Me encantaría compartir un poco de la novela, pero era la tercera en mi series Asuntos Angélicos que os he mencionado alguna vez, y me pareció que sería difícil compartir algo que no revelara mucho de la historia en los otros dos libros y que se pudiera entender sin haberlos leído. Así que, en lugar de eso decidí compartir el segundo capítulo del la primera novela en la series Alerta Pink (por si no os acordáis, aquí compartí el primer capítulo):

Capítulo 2. El encuentro (Parte 1)

Yo no era demasiado soñadora o romántica…Vale, por supuesto me gustan las historias románticas y una no puede evitar soñar, pero yo no creía de verdad  que ese tipo de cosas me fueran a pasar a mí nunca. Y por supuesto no  esperaba que el chico perfecto se presentara de improviso, me arrebatara en sus brazos y me llevase al paraíso. (Para empezar estaba bastante convencida de que no tendríamos la misma opinión sobre qué es el paraíso.) Incluso en los cuentos de hadas esas cosas sólo le pasan a las princesas y otras heroínas de ese tipo. Chicas normalitas y corrientes como yo casi nunca eran las protagonistas de ese tipo de historias. Por supuesto el Feminismo y la concienciación social y étnica habían expandido el tema y las historias y cuentos modernos eran un poco más “equitativos” y “justos”. Pero con la mano en el corazón yo seguía prefiriendo los cuentos de hadas de siempre.

Debido a mi realista (más que pesimista) opinión de la vida, yo no esperaba que el perfecto candidato a mi novio de mentirijillas apareciera así sin más. Si ésta fuera una de esas historias, no sólo habría aparecido y sido perfecto, sino que se habría enamorado locamente de mí y al final yo me habría dado cuenta de que la pretensión se había transformado en realidad. Lo sé, habéis leído la historia. Y visto la película. Yo también. Aún y así…

Un chico nuevo llegó a la escuela. No era guapo en el sentido convencional, pero tenía “algo”. Pelo oscuro, ojos grises, alto, rasgos marcados…No el típico chico mono (estilo Zac Effron), pero más uno de esos tipos profundos y torturados, atractivo a lo duro (quizás como el Robert Pattinso, aunque de hecho a mí no me gusta demasiado, pero entiendo porque le gusta a muchas chicas). Y tenía mucho estilo. Chaqueta de cuero, siempre vestido de negro, rodeado de un ligero aire de misterio…incluso de amenaza y riesgo.

Como siempre las chicas populares tomaron la iniciativa e intentaron sonsacarle toda la información posible. Usaron sus técnicas más efectivas, incluyendo parpadeando para mostrar la enorme cantidad de mascara que usaban, desabrochándose  algunos botones de la blusa del uniforme, riéndole todas las gracias (y las sin-gracia)…Pero el parecía resistirse y no consiguieron sacarle ni una sonrisa.

Lorna, Silvia y yo oímos a Chloe (la jefa de las animadoras, ya conocéis el tipo, rubia, alta, ojos azules, atlética y bien proporcionada…) hablando con su mejor amiga Zoe (tipo muy similar pero morena) después de pasar algún tiempo con el chico nuevo:

—¿Qué crees que le pasa? Sólo contesta en monosílabas. Y dice que se llama “G”. ¿”G”? ¿Qué tipo de nombre es “G”?

—No te preocupes…Probablemente es gay.

—Tengo que saberlo. Le diré a Scott que hable con él después del entrenamiento esta tarde. Los tíos a veces pueden ser tímidos con chicas a las que no conocen.

Chloe había salía con Scott desde hacía unos meses, y Zoe estaba saliendo con Chris. Yo dudaba que el tal G fuera tímido. Tenía una mirada muy intensa y una sonrisa traviesa. Silvia dijo:

—Creo que nos está mirando.

Nuestra primera reacción en esos casos era mirar a nuestro alrededor porque  los chicos nunca nos miraban. Pero no había nadie más. Sí, parecía que nos estaba mirando.

—Creo que tienes razón— dijo Lorna.

—Pues no sé por qué— dije yo.

Nos fuimos las tres a la biblioteca a estudiar un rato. Cuando salimos, el entrenamiento de fútbol había terminado. G nos intrigaba, pero ninguna de las chicas populares estaba por allí y parecía poco probable que fuéramos a conseguir información alguna ese día. Yo acompañé a Silvia y Lorna a la parada de autobús y me eché a andar hacia casa. Cuando estaba a medio camino llegó Seth  en su viejo cacharro. Su padre le había prometido que le compraría un coche nuevo si sacaba buenas notas y conseguía que le aceptaran en una buena universidad, así que había estado trabajando duro a comparación con sus estándares habituales.

—¡Eh Pink! ¡Sube! ¡Te llevo a casa!

Me monté a su lado. Llevaba la música a todo volumen pero la bajó cuando me subí.

—¿Cómo fue el entrenamiento?

—Como siempre. Si al entrenador no se le ocurre alguna idea nueva nunca ganaremos a nadie este año.

—Creí que habías dicho que teníais un equipo fuerte.— La verdad es que yo no prestaba mucha atención a su charla sobre fútbol, pero de vez en cuando algo se me quedaba grabado.

—Si, pero no nos irían mal un par de tíos más…quizás un defensa potente…un goleador…

—No es muy probable que consigáis nuevos jugadores con la temporada tan avanzada, ¿no?

—Toni pensó que el tío nuevo éste…se hace llamar G, podría ser un jugador, aunque no parece lo suficientemente fuerte para ser un defensa pero…nunca se sabe qué talentos esconde la gente, pero no. Le dijo al entrenador que no le interesaba el fútbol. Parece que le gusta correr…y, no lo creerás…“la gimnasia de competición”! ¿No te parece la cosa más rara que has oído?

A mí siempre me ha gustado la gimnasia…No practicarla…Por más duro que trabaje no tengo ni estilo ni demasiado sentido del equilibrio, pero me encantaba ver gimnasia. Uno de los pocos deportes que me interesaban.

—¿Qué tiene de  malo la gimnasia? Tienes que estar muy en forma y ser fuerte…

—Ya, pero un poco femenino, ¿no te parece? Scott me estaba diciendo que Chloe había estado intentando hablar con él…“hablar”, ¿sabes? Ya sabes lo que quiero decir…

—Flirtear y enseñarle el sujetador, vamos…

Él se rió e hizo un gesto de garra.

—¡Gggggrrrr! ¡Cómo te pones! Eres demasiado seria. Pero supongo que eso es lo que quiero decir…Y él la ignoró. Bueno, no la ignoró, pero sólo respondió sí o no…Si Chloe no consigue acelerarle tiene que tener algún problema.

—Quizás prefiera otro tipo de chica…

—¿De veras? ¿A qué tío como dios manda no le gusta Chloe? Puede que no te guste como persona, pero está muy buena. ¿Quién crees que podría ser más de su tipo entonces? ¿Quizás tú?— Y se echó a reír. Y siguió riéndose…Mi decisión de mostrarle de qué era capaz aumentó exponencialmente.

Tan pronto como me dejó en casa y llegué a mi habitación me conecté con Lorna y Silvia. Estaban las dos en casa de Lorna. Les dije lo que había descubierto.

—¡De veras, Pink, Seth es un idiota total!— gruñó Lorna—. Quizás lo mejor sería que le enviases a freír churros.

—Ni se enteraría de qué iba el asunto y no me daría ninguna satisfacción. No, estoy aún más decidida que antes a seguir adelante con el plan.

—Se merecería que salieses con el tal G—dijo Silvia.

—Estaba pensando lo mismo, pero no sabemos nada de él. Y no somos las únicas. Parece que nadie sabe nada sobre él, ni siquiera de dónde ha salido. Podría ser un indeseable por lo que sabemos. Y además, dudo que esté interesado.

—Bueno, la poca información que tenemos sobre él tiene buena pinta —Lorna resumió—. No le gusta el fútbol, así que dudo que pase mucho tiempo con Seth y su grupo. Le gusta la gimnasia y a ti también te gusta el mismo deporte, así que tendrías algo de que hablar. Y parece inmune a los encantos de Chloe y su banda de chicas guapas…

—Y no se te vaya a olvidar que nos estaba mirando —dijo Silvia.

—No estoy segura de lo que eso pueda significar. Puede que pensara que somos raras o algo así…Tendremos que esperar a ver lo que pasa durante los próximos días y si hay alguna novedad… —dije yo.

—Sería todo un éxito si consiguieras salir con él…Es completamente nuevo en el mercado y no es de por aquí…un tío tan fresco y objetivo como encontrarás en estos lares —dijo Lorna.

—Ya veremos.

G se convirtió en el centro de atención la semana siguiente, aunque no parecía que el interés fuera recíproco y daba la impresión de que intentaba volverse invisible la mayoría del tiempo. Pero tenía una forma muy extraña de aparecer donde fuera que Lorna, Sylvia y yo estábamos, incluso cuando no le tocaba la misma clase que a nosotras.

—¡Te digo que nos está mirando! —dijo Sylvia por millonésima vez.

—Sí, ¿pero a cuál de nosotras está mirando? —preguntó Lorna.

Yo estaba algo aburrida de repetir la misma conversación al menos una vez al día, cuando no varias veces el mismo día. Esta vez acabábamos de salir de la biblioteca y él estaba en la acera al otro lado de la calle, apoyado en la pared, y parecía estar mirándonos.

—¿Quién sabe? —respondió Sylvia una vez más.

Ya estaba harta. No era tan difícil de saber.

—Si de verdad queréis saberlo, es bastante sencillo. OK, Sylvia, ven conmigo. Lorna, tú quédate ahí.

Agarré a Sylvia del brazo y me la llevé a rastras conmigo hasta el escaparate de la tienda de la esquina. No, G no estaba mirando a Lorna; sus mirada nos siguió a nosotras.

—Ahora, tú quédate ahí.

Dejé a Sylvia en la tienda y yo crucé al otro lado de la calle donde G estaba. Ahora no había duda posible. Por difícil que fuera de creer, me estaba mirando a mí. Sylvia y Lorna se reunieron conmigo, muy excitadas, pero intentado hablar en voz baja (aunque no me pareció que con mucho éxito). Al menos podía estar agradecida porque no se habían puesto a dar saltitos. No éramos unas chicas particularmente saltarinas.

—¡Oh Dios mío! ¡Te está mirando a ti de todas todas! —dijo Sylvia, intentando no echarse a pegar chillidos.

—Sí, sí, lo está. Eso es. ¡Es el tipo para nuestro plan —concluyó Lorna.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Sylvia.

—Lo primero, salir de aquí.

Esta vez fuimos a mi casa y charlamos mucho rato. Sylvia y Lorna sugirieron todo tipo de ideas alocadas planes estrafalarios para llamarle la atención a G. O más bien para “canalizar” su atención, ya que parecía que por algún motivo indeterminado yo ha había captado su atención. Todas sus sugerencias requerían una buena dosis de flirteo y de hacer papeles que no me resultaban muy familiares, como el de la dama en apuros o la fan alocada. No estaba segura de qué estrategia iba a usar, pero sí, parecía valer la pena el intentar conseguir que saliese conmigo. Y yo me sentía bastante curiosa sobre él y su interés en mí. ¿De qué iba todo aquello?

Cómo conseguirlo era otra cuestión. No sé si os habéis dado cuenta, pero los chicos no son mi especialidad. I aunque estaba decidida, trabajos, estudios y cosas urgentes por el estilo lo fue apartando a un lado y lo empujó al fondo de mi cerebro. Continué retrasándolo, intentando encontrar el momento adecuado para actuar, e ignorando los “consejos” de Sylvia y Lorna (para ser sincera, presión).

Un sábado por la mañana, más o menos un mes después de la aparición de G, Lorna, Sylvia y yo habíamos quedado en encontrarnos en Atlantis (una librería independiente). Yo había llegado algo temprano y entré a echarle un vistazo a los libros viejos. Estaba mirando una bella copia ilustrada de El gran Gatsby cuando alguien me tocó el hombro. Me giré, y allí estaba él, G.

—Hola.

—Hola.

Vale, ninguno de los dos íbamos a ganar un concurso a la originalidad o conseguir entrar en un libro que recogiera las más famosas palabras para iniciar una conversación.

—Me estaba preguntando cuándo tendría la oportunidad de pescarte a solas. Parece que siempre estés con tus amigas…Lorna y Sylvia, ¿no?

—Sí. Ya…habíamos notado que nos estabas mirando.

—Quieres decir que te estaba mirando a ti. Una forma interesante de comprobarlo científicamente. Aunque después de aquello supuse que habrías continuado y me habrías venido a hablar, pero no lo  hiciste —dijo él.

—Yo…no sabía qué significaba, pero nos lo estábamos preguntando y yo estaba aburrida de tanto especular…No sospechaba que me estuvieras mirando a mí.

—Pero al menos tenías esa esperanza.

—No.

No digáis que no os había advertido. Ya os he dicho que no se me dan bien los chicos y no podría flirtear ni aunque me fuese la vida en ello, así que…

—Oh, vale.

—No quería decir…Perdona, no se me dan bien estas cosas.

—¿Qué cosas?

—Ya sabes, flirtear y todo eso…Las relaciones con los tíos no son mi punto fuerte.

—Yo no me preocuparía mucho de eso si fuera tú…Volvamos a empezar. Hola Pink, soy G. Supongo que Pink no es tu nombre de verdad. ¿Cómo te llamas en realidad?

—Petra.

—¿De dónde viene el nombre?

—Siempre me ha gustado el rosa, y Pink en particular. Y no me gusta mi nombre de verdad, así que…

—No, me refería a tu nombre de verdad.

—Mi padre era un arqueólogo amateur cuando era joven y le gustaba mucho Petra.

—Supongo que podría haber sido peor.

—¿Cómo qué? ¿Abu Simbel o los jardines colgantes de Babilonia?

Se rio. Una risa corta pero sincera. Y luego sonrió. Tenía la sonrisa más rara y misteriosa que yo hubiese visto nunca, incluyendo a todos (hombres y mujeres). Imaginaos a la Mona Lisa, pero en hombre joven. Astuta, cómplice y misteriosa al mismo tiempo…

—¿Y tú? ¿Qué significa G?

En ese momento llegaron Lorna y Sylvia que se pararon en seco cuando me vieron hablando con G.

—Seguiremos hablando en otro momento. Quizás dentro de un par de días, durante el Día del Lago. Junto a la pequeña iglesia en la orilla norte. Después de comer.

—¿Por qué estás tan seguro de que será dentro de un par de días?

—Sé cosas…

Se fue. El Día del Lago era una tradición de la Escuela St. Mary. La directora, la Sra. Langston, había estudiado en Mount Holyoke College y le encantaba su Día de la Montaña, en particular la idea de que de repente, sin previo aviso, toda la escuela se montaba en los autobuses y se iba de excursión y pasaban el día fuera. Como no había ni montañas ni siquiera colinas que se merecieran el nombre cerca de St Mary, pero tenían el Lago Swallow (Golondrina) en las cercanías, decidió instituir en su lugar el Día del Lago. La fecha exacta cuando tendría lugar era un secreto muy bien guardado, sobre el que se especulaba mucho, así que yo no tenía ni idea de cómo podría haberse enterado G, si tenía razón, de cuándo iba a ser.

Sylvia y Lorna se pararon un buen rato preguntándome sobre mi encuentro con G, pero lo cierto es que no tenía mucho que decirles.

—¿Creéis que de verdad sabe cuándo será el Día del Lago? —preguntó Sylvia.

—Parecía muy seguro, ¿pero cómo lo iba a saber? No lleva aquí ni dos minutos y no conoce a los maestros…al menos que nosotras sepamos. ¿Por qué se lo iban a decir a él?

—Quizás su familia sea muy rica y hayan hecho una donación substancial…—sugirió Lorna.

—Estoy segura de que si alguien hubiese hecho una donación enorme nos habríamos enterado de ello, lo habrían publicado en el periódico local y anunciado por todas partes. Y estoy segura de que cualquier benefactor tendría cosas mucho más importantes que preguntar que cuándo iba a ser el siguiente Día del Lago —dije yo. Teníamos que tener cuidado y no dejarnos llevar por nuestras teorías, si no, G acabaría no siendo solo James Dean sino también Rockefeller. Su referencia a la pequeña iglesia era correcta, pero eso solo significaba que debía haber visitado el lago en algún momento ya que era un lugar bastante popular en esa zona. Eso no tenía nada de misterioso.

Finalmente conseguí que las chicas dejasen de hablar de G y pasásemos a otros temas. Aunque tengo que admitir que me moría de curiosidad por ver si tendría razón y el Día del Lago sería de verdad dentro de dos días. Por supuesto esa no era la única razón por la que me sentía curiosa. También quería ver qué me iba a decir la próxima vez que nos encontráramos. Me había parecido muy decidido, pero no tenía ni idea de sus goles o intenciones.

Si estuviera intentando hacerme pasar por alguien interesante y por encima de esas cosas os diría que un par de días más tarde ya me había olvidado de las predicciones de G y fui a la escuela sin expectativas. Lo cierto es que estaba agitada ese día, y Sylvia y Lorna no habían dejado de hablar de ello en el ínterin. Así que cuando al cabo de cinco minutos de haber empezado nuestra primera clase sonaron las campanas y anunciaron el Día del Lago nos excitamos mucho.

—Pero, ¡él no está aquí! —dijo Sylvia —. Debería haber estado en clase con nosotras peo no ha venido.

—Bueno, supongo que si de verdad sabía que no iba a haber clase debe haber encontrado algo mejor que hacer que venir de excursión —dije, haciendo ver que no me importaba.

—¡Pero había quedado contigo! —dijo Lorna.

—Sobreviviré.

Aún y así, no me pude resistir y dejé a Sylvia y a Lorna después de comer y paseando por la orilla del lago me acerqué a la pequeña iglesia. Y allí estaba él. G iba vestido de negro de cabeza a pies, como siempre, llevaba una chaqueta de piel negra, y estaba de pie al lado de una motocicleta que a mí me parecía muy grande para su edad. ¿Una Triumph? Negra, brillante, impresionante es la descripción que os puedo dar. Las motos son otro de los temas en los que no me especializo.

—¡Guau! ¿Es tuya?

—Sí.

—¡Muy chula! Un  poco Ángeles del Infierno, ¿no?

Su respuesta fue una sonrisa más rara incluso de lo norma. ¿Qué demonios pasaba con él?

—Así que tenía razón. Sobre el Día del Lago, quiero decir. ¿Cómo lo supiste?

—Ya te dije que sé cosas…

—Así que te haces el misterioso…vale. Me preguntaste sobre mi nombre, el otro día, pero nunca me respondiste sobre el tuyo. ¿Qué significa G?

—Nada…Solo…decidí cambiar de estilo de vida y escogí un nuevo nombre. Ahora me llamo G.

—¿Como Ali-G o los hombre G?

—Muy divertido. Ya me lo habían dicho antes.

—Al menos no es el punto G. Y sí, estoy segura de que también te lo habían dicho.

—Podría ser la fuerza G.

—Si…¿pero no es algo religioso, como Malcolm X?

—No. Nada que ver con la religión.

No sabía por qué, pero no le creí, y me pareció que se había puesto muy tenso cuando mencioné la religión, pero probablemente era demasiado pronto para ir de indagación. Era algo raro ya que a los tíos de hoy en día no parecía preocuparles la religión y no era usual que hablar de ella consiguiera ninguna reacción…Quizás tenía algo que ver con su referencia a su antiguo estilo de vida. Quizás había estado en una secta o algo así…O quizás yo debería dejar de inventarme cosas. Estaba siendo discreto y no me había dado mucha información sobre sí mismo, pero eso era justo. Nos conocíamos hacía cinco minutos como quien dice, aunque ahora todos eran amigos de todos y publicaban detalles íntimos de sus vidas sin darle ninguna importancia, así que su actitud era algo anticuada, aunque yo la encontraba vivificante. Cuando la gente anunciaba cada íntimo detalle de sus vidas a los cuatro vientos solo podía significar que no había nada que valiese la pena saber sobre ellos. Aún y así, no pude evitar seguir preguntándole cosas, aunque fueran menos íntimas.

—¿Por qué te vistes siempre de negro?

—Me cansé de ir de blanco.

Esa sonrisa suya de nuevo. Era enigmático. No tenía ni idea de lo que estaba hablando pero sospechaba que no llegaría mucho más lejos con mi tipo de preguntas.

—¿Podemos hablar ya o aún tienes más preguntas que hacerme antes de que podamos continuar? —me preguntó, sonriendo aún.

—Solo una más. ¿Por qué yo? No eres de aquí y supongo que no conoces a nadie del lugar —le miré y negó con la cabeza—, así que, ¿por qué yo? No puede ser mi aspecto, de eso estoy segura. No soy una gran belleza. Del montón. —No era falsa modestia. No soy muy alta, pelo corto castaño y ojos marrones (un poco verdes), rellenita…

—Eso es parte del atractivo —la sonrisa de nuevo.

—Chicas como Chloe han intentado hablar contigo sin conseguir nada, y por lo que me han dicho a los chicos de tu edad les resultan irresistibles.

—Eso es una generalización injusta. No todos tenemos el mismo gusto.

—¿De veras? ¿Entonces eres un raro? ¿Te atraen las personas que no son atractivas?

—Ah no, por ahí no me vas a pillar. No soy tan estúpido como tu amigo Seth. Sé que estás enfadada con él por la manera en que te trata como si le dieras pena, y no estuvieras ni la altura de su zapato. No he dicho que no fueses atractiva. Tú eres la que lo ha dicho.

Había ido demasiado lejos. Tuviese razón o no, esa no era manera de hablar de un amigo mío. ¿Y cómo demonios se atrevía a insinuar que sabía cómo me sentía?

—Escucha, Sr. G o como quiera que te llames, no metas a mis amigos en esto. No sé quién o qué te crees que eres, pero eso no te da derecho a hacer comentarios y criticar a la gente a la que conozco y quiero. Te deseo una vida feliz.

Me di la vuelta y eché a andar tan aprisa como pude de vuelta con el resto del grupo. Esto había sido una equivocación. ¡Salir con él! Ni en mil años.

Debió correr porque estaba de nuevo a mi lado.

—No te enfades. Anda, sé que has estado pensando en vengarte de los comentarios que hace sobre ti saliendo con un candidato apropiado. Y sé que tú y tus amigas habías pensado en mí para el papel.

Debí tener aspecto de asombrada porque añadió:

—No te preocupes. Tus amigas no me lo han dicho y nadie más lo sabe.

—Y si te pregunto cómo lo sabes me vas a decir que sabes cosas…

El asintió y sonrió.

—Te lo tienes muy creído…No me importa ni lo que sabes ni cómo lo sabes. Puedes guardarte todos tus conocimientos y tus secretos para ti solo. La vida es demasiado corta para esto, si quieres mi opinión. Estoy segura de que puedes encontrar otra chica que sea tan poco atractiva como yo para lo que sea que tienes pensado. Buena suerte.

Ningún tío se merecía el tener que soportar todo aquello por él, en mi opinión. Se lo podía meter donde le cupiese. Eché a andar aún más deprisa que antes. Y no tenía la menor intención de pararme o de que me parasen.

Esta vez me siguió motorizado y resbaló en la gravilla hasta pararse a unos pocos metros de mí.

—Me estoy ofreciendo voluntario a hacer el papel con Seth. No tengo ningún problema con ser tu novio oficial. Sé que no quieres una relación de verdad. Eso me va al dedillo. Yo tampoco quiero una. Opino como tú que se invierte demasiado tiempo en relaciones con el sexo opuesto a nuestra edad. Pero también sé que la actitud de Seth te parece enojosa y tienes razón. A un montón de tíos les encantaría ser tu novio si de veras quisieras uno.

—Ahora lisonjas…Aprendemos rápido —le contesté intentando ser irónica.

—Vamos, Pink. No soy de aquí. Como has dicho antes algunas de las chicas a las que se consideran entre las más bellas y deseadas por todos los chicos se han acercado a mí sin éxito. Te llevaría muchos puntos si tú consiguieras lo que a ellas se les ha resistido. Y no te daré mucho trabajo. Haré mi papel a la perfección en público. No tienes que preocuparte.

—¿Por qué insistes tanto? ¿Tú que ganas con todo esto?

—Oh, no te preocupes. No tengo malas intenciones. Ya te dije que no me interesan las relaciones…ningún tipo de relaciones…

Cuando alguien dice que no te preocupes dos veces seguidas, uno debe preocuparse definitivamente. No tenía una respuesta preparada y me lo quedé mirando. No sé qué expresión debía hacer porque se sonrojó y añadió rápidamente:

—Sé que Chloe y Zoe y todas esas chicas se estaban preguntando…Pero están tan convencidas de que son irresistibles…No soy gay. Simplemente tengo otras prioridades ahora mismo. Pero eso quedará entre tú y yo. Todos los demás creerán que estamos liados. Seremos convincentes.

No dije nada. ¿Era gay, era hetero, o simplemente no le interesaba el tema? ¿Me importaba algo todo eso? Sí, tenía razón. Si me presentaba en la escuela colgada de su brazo y era su novia oficial la gente lo notaría y me tomaría más en serio. Y zarandearíamos la opinión de Seth. ¿Pero que quería a cambio? ¿Y por qué se resistía tanto a decírmelo?

—Todo eso está muy bien, y no te preocupes, no estoy interesada en tu orientación sexual. Te la puedes guardar para ti. Tienes razón en mi opinión sobre las relaciones. Pero sigues sin haberme dicho por qué me escogiste a mí de buen principio. Y no me digas que eres un buen Samaritano ayudando a chicas necesitadas. ¿De qué va todo esto?

Me miró con una de sus miradas  penetrantes, esta vez sin sonreír. Después de lo que parecieron horas dijo:

—Creo que podríamos trabajar juntos.

—¿Trabajar? ¿Quieres decir deberes? ¿Un trabajo de clase?

—No exactamente.

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