Hola a todos:

Hoy es martes,  y como durante mi viaje me dio tiempo a leer un poco aprovecho para compartir la reseña de un libro que me tenía intrigada hacía tiempo.

La piel del pecado, de Francis Molehorn

La piel del pecado, de Francis Molehorn

La piel del pecado de Francis Molehorn. Ética, moral, bondad, maldad y todo lo demás.

La piel del pecado es la segunda novela que leo de Francis Molehorn, después de Están haciendo Casablanca que me gustó mucho. Había leído muchos comentarios sobre La piel del pecado y me intrigaba saber qué tratamiento habría dado la autora a un tema tan complicado y peliagudo como el incesto.

No soy una lectora que disfrute las lecturas eróticas, y de hecho las tolero en pequeñas dosis si la novela me interesa (y como solía decirse de las películas y los desnudos hace años, “lo requiere el guion”. No sé yo si me acostumbraré alguna vez en la vida a la nueva regla de la Academia de que guion no lleva acento, pero en fin…). En esta novela, supongo que por razones obvias, hay escenas eróticas. Sí, incestuosas. He de reconocer que aunque no he leído muchas del género, las he leído aún más explícitas, pero no os la recomiendo si ese tipo de lectura no os va. Desde luego es una lectura para adultos.

Yo no tengo hijos (ni hijas) así que no puedo comentar si el hecho de ponerse en la piel del pecado (de Ángela, la protagonista) sería más duro o difícil (o viceversa) si lo sois. Cada uno debe saber qué tipo de moralidad gasta y cuáles son las cosas que le parecen intolerables.

La protagonista, psicóloga y profesora de universidad, Ángela Bennett, es una mujer a la que le gusta cuestionar las reglas y los dogmas. El hecho de que trabaje en una universidad Católica provoca los problemas que os podéis imaginar, y algunos que quizá no, aunque de hecho ella no intenta ofender en particular, pero no va a comulgar (valga la expresión) con ideas que le parecen poco científicas, o con la intolerancia y el afán de anular la capacidad de raciocinio de la juventud.

Debido a un artículo que ella había publicado años antes de trabajar en la universidad, se entabla una guerra entre los sectores más conservadores de entre los padres de los alumnos, y la profesora. Y parece que los “justos” según ellos, no tienen miramientos en cuanto a los métodos a usar para vencer.

La novela es intrigante en cuanto a lo que muestra de los entresijos de ciertas instituciones, y la variedad de ideas, morales y éticas, que baraja. La relación entre Ángela y su hijo Darren es interesante, penséis lo que penséis sobre la cuestión del sexo, aunque no creo que a demasiados la lectura les resulte confortable por la normalización de la relación sexual entre ellos. Incluso la propia protagonista, hacia el final del libro, se plantea si no debe haber razones poderosas detrás del tabú contra tales relaciones. Naturalmente, desde los clásicos griegos y Edipo, pasando por Freud y el complejo así llamado, el tema ha sido estudiado y teorizado. Leer sobre ello en teoría en un libro académico, y pasar a la práctica, o incluso leerlo en una historia de ficción ambientada en la época moderna, parece muy distinto.

Legalmente, como bien saben los enemigos de Bennett, el incesto es un delito. Uno se pregunta si a pesar de la mayoría de edad, uno no se plantearía el que la relación es una de influencia y poder en el que las dos partes no están en igualdad de condiciones (por bien educado, independiente y liberado que esté Darren).  Yo también me planteaba, al leerlo, especialmente los comentarios de Ángela de lo bien que encajan sus cuerpos, si no hay rasgos de Pigmalión (ya puestos a considerar la Mitología) en la relación, y de narcisismo. Si el hijo es una parte de nosotros y nuestra creación, ¿no nos amamos a nosotros mismos a través de ellos?

El mundo particular que se presenta en la novela está más allá de la moralidad al uso. De hecho, el orden “natural” y establecido de la sociedad está representado por los antagonistas de Ángela, que demuestran una falta de moralidad total, y de hecho son criminales. Por otro lado, lo que muchos considerarían amoral, es posiblemente beneficioso, o al menos, extrañamente “inocente”. No me refiero exclusivamente a la relación entre Ángela y su hijo. También la novia del amigo de Darren decide que acostarse con él la ayudará a superar el abuso que sufrió hace años, y todos están de acuerdo. Los personajes crean una moralidad propia que parece más sana que la impuesta, aunque no espero que todo el mundo esté de acuerdo.

Ángela se plantea la ética de su victoria final, ya que hay una gran ironía en el desenlace de la novela. La falta de imaginación de los “malos” los llevan a crear crímenes inexistentes y a pasarse por alto algo que no pueden ni siquiera concebir sea realidad.

La autora escribe muy bien, mantiene un ritmo ágil durante todo el libro, y crea unos personajes llenos de detalles sutiles y matices que los hacen reconocibles e identificables. Estemos de acuerdo o no con los planteamientos y las ideas de los protagonistas, resultará imposible leerse esta novela sin plantearse principios éticos y morales arraigados en nuestra sociedad. Y eso, para mí, siempre será lo que distingue a un gran libro, de uno entretenido de consumición fácil. No se la recomiendo a todos los lectores, pero si os atrevéis a explorar los límites de la moralidad al uso, y tenéis la mente abierta, no os la perdáis.

Ya sé que me he enrollado bastante, pero os prometo que el libro no lo hace.

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Gracias a Francis Molehorn por su libro, a todos vosotros por leer, y ya sabéis, dadle al me gusta, comentad, compartid y si os atrevéis, haced CLIC!