Hola a todos:

Este es mi primer post del 2014, y el último de los especiales navideños, y me pareció adecuado hablar un poco de mis planes para el nuevo año. Yo no sé vosotros, pero yo tengo bastantes cambios planeados, de trabajo, vida…En cuanto a la escritura, eso es quizás lo que tengo más claro. Muchos ya sabréis que he estado traduciendo una serie de historias (thrillers psicológicos) con una psiquiatra de protagonista, Mary. En español la he llamado Una vez psiquiatra…, y ya está lista para la publicación (gracias a la ayuda de Alexia Jorques y su equipo editorial, y con una fabulosa portada de Ernesto Valdés). Con un poco de suerte (y he de reconocer que últimamente no he tenido mucha, al menos buena) espero publicarla a finales de enero. Estoy escribiendo una serie de novelas juveniles, estoy revisando algunas historias que escribí hace tiempo, y espero publicar alguna de ellas (dentro de no demasiado), y se me ha ocurrido hace muy poco el germen de una idea para una historia/novela romántica (ya que parece que Click Me Happy! (Feliz al primer clic!) ha sido bien recibida. Como Una vez psiquiatra… es lo primero en mi lista, me pareció buena idea empezar un año con un post sobre ella. Algunos de vosotros quizás hayáis leído la primera historia del libro ‘Carne de cañón’ que he publicado en Wattpad. Os dejo el enlace por si no habéis tenido ocasión de leerla. De hecho, gente que ha leído las otras partes me han comentado que les han gustado más, pero ésta fue como empezó la historia y le tengo cariño.

Enlace a ‘Carne de cañón’ en Wattpad (os advierto que hay 9 partes, por si los despistes): http://www.wattpad.com/28235987-una-vez-psiquiatra-carne-de-ca%C3%B1%C3%B3n

Os dejo también la descripción, la portada, y el principio de la segunda historia ‘Trabajo en equipo’ para que os hagáis una idea de por dónde pueden ir los tiros.

Descripción: ‘Una vez psiquiatra…’ lo tiene todo: personajes intrigantes, estilo novela negra, excitante acción, situaciones peligrosas, crimen, asesinos en serie, religión, secretos de familia, revelaciones psicológicas, enfermedades mentales, trauma, debates sobre prejuicios y moralidad, juicios contestados, investigaciones policiales, corrupción, y misterio. Si os gustan: ‘Miénteme’, ‘Mentes Criminales’ y ‘El silencio de los corderos’ y no os asusta adentraros en los abismos oscuros de la mente, atreveos a seguid leyendo.

‘Una vez psiquiatra…’ es una colección de tres historias protagonizadas por Mary, una psiquiatra y escritora. Ella está empeñada en dedicarse totalmente a su carrera literaria pero las circunstancias y sus amigos parecen conspirar para arrastrarla de nuevo al mundo de la psiquiatría. Publicada anteriormente como una serie de tres novelas cortas independientes en inglés, esta es su primera publicación en español, y este volumen presenta las tres historias y un epílogo que completa la previa narración y a la vez abre la puerta a nuevas aventuras para Mary y sus amigos.

En ‘Carne de cañón’, Phil, un abogado que es muy buen amigo de Mary le pide que le prepare un informe sobre uno de sus clientes, un hombre Afro-Americano llamado Caín White. Caín es muy devoto y le han acusado de incitar un motín durante un sermón religioso. Aunque sus acciones no han sido jamás violentas, a alguna gente le parece que el contenido de sus discursos es inflamatorio y perturbador. Dice que oye la voz de Dios. Y por si no bastara con eso insiste en que Dios es negro y su mensaje parece ser de Nacionalismo Negro. ¿Es Caín un loco, está alucinando, víctima de una mente calenturienta, a la búsqueda de la atención mediática, o es un Santo? Para intentar responder a estas cuestiones Mary habla con su familia y amigos. Aunque concluye que Caín está cuerdo, la investigación de Mary destapa revelaciones muy dañinas sobre su vida familiar, sus creencias y las actitudes de la gente del lugar. Quién es santo y quién es pecador está abierto al debate. Cuanto más se mezcla Mary en las vidas de Caín y de sus allegados más se da cuenta de cómo de peligrosos pueden llegar a ser los secretos. Como bombas de relojería a punto de estallar en cualquier momento.

Trabajo en equipo’. El Capitán Tom McLeod, del departamento de la policía de San Francisco, invita a Mary a cenar a su casa con su esposa. Cuando conoce al otro invitado, un joven detective, Justin, ella se da cuenta rápidamente de que esto es algo más que una comida de amigos. El compañero, mentor, y poco menos que padre de Justin, el Sargento David Leaman, fue asesinado hacía un par de meses durante una investigación rutinaria. Justin fue testigo de lo ocurrido pero insiste en volver al trabajo inmediatamente y se niega a ir hacer terapia. Tom y otros en el departamento están preocupados por su salud mental pero no han conseguido convencerle para que acepte ayuda profesional. Mary y Justin se resisten a cooperar con la informal consulta/trampa organizada por sorpresa, pero después de discutirlo deciden intentarlo. Al principio parece ser un caso de duelo sin resolver, pero las cosas no están tan claras como parecen y Mary acaba envuelta personalmente en el caso, lo que amenaza su objetividad profesional. ¿Quién es el verdadero experto en temas del alma y del corazón?

En ‘Memoria’ Mary huye de su apartamento después de un difícil encuentro con su amigo Phil, y desaparece. Cuando la encuentran descubren que la han golpeado en la cabeza, raptado y violado. Debido a su traumatismo craneal, al principio no se acuerda de lo que pasó ni de muchos otros detalles de su vida. Ella jamás recupera la memoria del asalto y le resulta muy difícil aceptar algo que ni siquiera puede recordar. Sus relaciones y toda su vida se ven trastornadas por el traumático incidente. Las pistan indican hacia un asesino en serie, que en el caso de Mary no pudo terminar su trabajo. Pero algunas cosas no acaban de encajar. ¿Quién perturbó al asesino? ¿Por qué la dejó allí tirada y aún viva? El crimen y su investigación impactan profundamente a Mary que decide que necesita reconsiderar su vida y empezar de nuevo.

El epílogo nos muestra a Mary durante el juicio de su raptor y vemos cómo ha cambiado su vida. ¿Conseguirá por fin dejar la psiquiatra, o una vez psiquiatra, siempre psiquiatra?

Aunque estas historias son ficticias, la autora, una psiquiatra forense, aporta su experiencia y conocimientos al material, diferenciándolo de las típicas novelas de crimen. Olga está pensando en escribir más historias en la misma serie. Si os parece una buena idea, decídselo. Enlaces y formas de contactarla están disponibles al final del libro.

Portada:  

Portada de mi futuro libro

Portada de mi futuro libro

 Fragmento (inicio) de ‘Trabajo en equipo’:

Es verdad lo que dicen. ‘No hay nada gratis.’ Debería haberlo sabido. Mary se había preguntado por qué el Capitán Tom McLeod la había invitado a cenar a su casa. Él era amigo de Phil y ella le había conocido cuando Phil estaba dándole consejo legal a uno de los hombres del capitán con respecto a una queja de brutalidad policial. Él también la había ayudado a informarse sobre el trabajo de los perfiladores psicológicos para uno de sus libros. Le debía una. Cuando la había invitado a ir a una cena familiar no pudo decirle que no. Ahora, esperando en la puerta, con un ramo de flores para su esposa Maureen, y una botella de vino español, Mary se preguntó cómo había sabido que ella estaba en la ciudad, y por qué se había molestado en buscarla. ¿Solo para invitarla a cenar? Parecía mucho esfuerzo. Quizás solo era su mente desconfiada…

—Hola Mary. Encantado de verte después de tanto tiempo.

Tom McLeod estaba tan elegante como siempre. No era la típica imagen del policía con la colilla en la boca y la camisa arrugada. Aunque ya tenía la cincuentena y el pelo le griseaba, siempre vestía con trajes oscuros y elegantes, iba bien afeitado, y con zapatos relucientes. Pero, ¿incluso en casa?

—Hola Tom. Éstas son para tu mujer. Y esto… para ti —le dijo, dándole las flores y el vino.

—Gracias. Una elección excelente.

Mary sonrió, aunque no estaba demasiado convencida de la sinceridad de su comentario. Le había pedido consejo al vendedor cuando le tocó escoger vino ya que no entendía naba sobre ello y casi nunca bebía.

—¿Cómo supiste que estaba aquí?

—Estaba hablando con Phil y me dijo que ibas a venir a San Francisco. Algo que ver con información para un libro. No me contó demasiado.

Vértigo de Hitchcock. Los escenarios, los edificios, el antiguo San Francisco, el colonialismo español… quizás. Depende de lo que consiga encontrar.

—Suena interesante. Maureen está en la cocina dando los toques finales a la comida.

Un hombre joven, rubio ceniza, ojos azules y cara de niño se levantó del sofá cuando entraron en la sala.

—Ah, éste es Justin Kelly, uno de los detectives de mi departamento. La doctora Mary Miller. Amiga de la familia.

—Mary, por favor —dijo ella tendiéndole la mano. Él se la dio mirándola con preocupación.

Mary fue a decirle hola a Maureen y a cotillear con ella dejando solos a los dos hombres. Maureen era una de las pocas mujeres que Mary conocía que parecía haber nacido para ser ama de casa, madre y que además, lo disfrutaba de verdad. Después de hablar un poco sobre los dos hijos de los McLeods, Tony y Patrick, Mary decidió empezar sus pesquisas.

—¿Y entonces quién es ese Justin? —preguntó Mary.

—Oh, pobre chico. Lo está pasando muy mal. Tiene un pasado muy traumático. Uno de los hombres de Tom, el Sargento David Leaman… ¿Le conociste? le tomó bajo su protección y le trató como a un hijo. Hizo un muy buen trabajo con él. Recientemente, hace unos dos meses, estaban trabajando juntos en un caso y… mataron al Sargento Leaman. Tom está muy preocupado por Justin, que parece haber reaccionado de una forma muy extraña a la situación. Insiste en que solo quiere volver al trabajo, ni quiere hablar con nadie ni quiere hacer terapia.

Así que de eso iba. Una consulta informal. Eso era lo que quería Tom. De acuerdo, pero al menos se lo podría haber dicho antes. Por más que quisiera dejar su carrera de psiquiatra a un lado y dedicarse a su otra carrera, nunca funcionaba. La psiquiatría siempre la arrastraba de vuelta como un imán.

—¿Está casi listo? —preguntó Tom desde la sala.

—Sí. ¡Listo!

La cena fue algo extraña. Era evidente que Justin no era un visitante asiduo de la casa y no sabía qué decir. Y tampoco parecía ser muy hablador. Estaba sentado frente a Mary y le preguntó:

—¿Doctora en qué?

—Literatura y cine, ¿no? —contestó Tom por ella. Cuando Tom se distrajo con la conversación de su mujer ella añadió:

—También estudié Medicina. Y Psiquiatría. Aún llevo algún caso de vez en cuando.

Había dado en el blanco. Su expresión cambió y se quedó aún más callado. Poco después de eso dijo que tenía que hacer una llamada. No tardó mucho y cuando volvió siguió tan callado como antes. Justin y ella se disculparon y se marcharon juntos temprano. Una vez en la calle cuando él abrió la boca para despedirse, Mary dijo:

—Escúchame, no sabía nada de esto. Le pregunté a Maureen en la cocina y me contó lo que le había pasado al Sargento Leaman. Lo siento mucho. Pero Tom no me había dicho nada. Ahora me doy cuenta de por qué me invitaron, y debo añadir que me pareció raro desde un principio, pero siempre me han ayudado y han sido muy amables conmigo así que no podía decir que no sin motivos. Solo quería que supieras que no vine aquí con la intención de analizarte o nada por el estilo. Buenas noches. Y buena suerte.

Cuando ella se dio la vuelta para irse él le preguntó:

—¿Podemos… hablar? ¿En privado? ¿Confidencialmente?

—Si tú crees que te puede servir de algo…

—Oh, no lo sé. No hablo mucho. David era una de las pocas personas con las que he hablado… Y también con su esposa Lea, pero menos… Está demasiado apesadumbrada ahora mismo para molestarla contándole cómo me siento.

—Vayamos a alguna parte. ¿Conoces algún sitio por aquí?

—Hay una cafetería y lugar de comidas rápidas no muy lejos de aquí que está abierto toda la noche. Nunca hay muchos clientes.

Tenía razón. Había un par de personas comiendo, pero por lo demás el lugar estaba completamente muerto. Mary pidió un chocolate a la taza y él helado y un café. Él comió una cucharada del helado y lo apartó a un lado.

—¿No tienes apetito? No comiste mucho tampoco en casa de los McLeod.

—No. No me apetece comer.

—¿Has perdido peso?

—Probablemente. La ropa parece que me viene grande — él se quedó callado. Mary siguió preguntando.

—¿Duermes bien?

—De hecho no… Me quedo dormido rápidamente, pero luego… Me despierto en mitad de la noche. Tengo unas pesadillas terribles…Veo como le disparan en la cabeza a David una y otra vez…

—¿Lo viste todo? Sabía que estabas allí pero no me di cuenta.

—Sí, estaba allí. Cuando cierro los ojos no puedo dejar de verle cayendo contra el suelo. Sí, ya lo sé, stress post-traumático y todos esos rollos. No me importa lo que le llames, no voy a dejar que me venza. No después de todo lo que he pasado. Mi padre me pegaba palizas, bueno, en realidad me torturaba… Envió a mi madre al hospital una vez detrás de otra hasta que una vez… la golpeó, ella se dio con la cabeza contra la barandilla y murió. Yo le empujé por las escaleras abajo. Estaba borracho… No murió, pero quedó en coma, como un vegetal. Finalmente murió hace un par de años pero la verdad es que no me importó nada. Fue un alivio. Yo tenía catorce años cuando pasó todo. Y entonces me enviaron a un orfanato, y me lie con las drogas, la bebida, y… otras cosa. David me pilló durante un robo. Yo tenía dieciséis años, y no sé por qué, pero le di pena. Lea dice que probablemente le recordé al hijo que perdió de niño. Fuera por lo que fuera, se interesó por mí, me llevó a su casa y… ¡No puede estar muerto! —Justin se echó a llorar y Mary se quedó callada, y le ofreció un pañuelo al cabo de unos minutos.

—Hacía mucho que no lloraba. Me hace sentir estúpido y…

—¿Vulnerable?… Somos todos seres humanos y tenemos sentimientos y nos pueden herir. Y nos duele. Está permitido, ¿sabes?

—No. A mí no. Si dejo que todo salga afuera… Es como una lata llena de aire a alta presión. Si no tengo cuidado, explotará. Mary. ¿Puedo llamarte Mary?

—Por supuesto.

—Es la única forma en que puedo seguir adelante con mi vida es intentando olvidar lo que me pasó antes. Dave me solía decir que yo no podía controlar lo que me hizo el bastardo de mi padre, y que él había recibido su castigo, y más me valía concentrarme en el resto de mi vida y en mi futuro, porque sobre eso sí que tenía control y podía decidir lo que quería hacer. Yo lo podía cambiar, podía convertirme en lo que quisiera si lo intentaba con suficiente tenacidad.

—Por supuesto que tenía razón. Pero no es siempre fácil. A veces necesitamos ayuda, no somos lo suficientemente fuertes. Necesitamos comprender cómo nos sentimos para seguir adelante. No podemos bloquearlo todo.

—Lo estoy intentando. Lo estoy intentando con tanto empeño como puedo. Dave era… Iba a decir que era como mi padre, pero dadas las circunstancias eso sería un insulto. Era como mi padre hubiera sido si me hubieran dado a escoger…Me aceptó cuando yo estaba tocando fondo, me ayudó con toda la mierda de desengancharme de las drogas y el alcohol, me enseñó a comportarme de forma civilizada en compañía decente y consiguió convencer al departamento de policía de que yo me merecía una oportunidad… con mi pasado… Oh, no sé por qué te estoy contando todo este rollo.

—No te preocupes.

—Yo no hablo mucho. No es mi estilo. Incluso con Dave. Hacíamos cosas, me daba consejos, pero no era tampoco un tipo de estos afectuosos, todo abrazos y gestos. Siempre me enseñó a poner al mal tiempo buena cara, a no quejarme y seguir trabajando.

—Debía ser un hombre muy fuerte.

—Sí. No hace mucho, Lea me dijo que había perdido a un hijo. De su primer matrimonio. Su hijo se ahogó en un accidente cuando tenía seis años, y su mujer murió en un accidente de tráfico el año siguiente. Nunca le contó nada más sobre ellos, o habló de sus sentimientos. Y nunca me habló de ellos. Tenía una foto de su hijo en el dormitorio, pero nunca me atreví a preguntarle.

—Era su forma de sobreponerse a ello. Pero no todo el mundo es igual, Justin, y no es un signo de debilidad hablar de nuestros sentimientos. Está bien si ayuda.

—Llevo tiempo intentando volver a trabajar. Me dieron unos días libres, luego me dieron de baja por razones familiares y ahora no quieren que vuelva todavía. Insisten en que tendría que ir a terapia para superar su muerte, pero me he negado. Sé que el Capitán McLeod quería que yo tuviera un asesoramiento psicológico de cómo estoy antes de volver al trabajo. Supongo que debe ser por si acaso me convierto en un maníaco homicida y disparo a todos los que vea, o algo así.

—Como te dije antes, no me dijo nada, así que no sé qué puede preocuparles, aunque Maureen me dijo que les parecía que tú habías reaccionado de forma extraña a su muerte, sin decir nada, ni expresar tus sentimientos.

—¿Qué quieren que haga? ¿Echarme a llorar? No lo haré. ¿Por qué tengo que expresar mis sentimientos a su manera? ¿Y para qué necesito terapia? ¿Va a devolverle la vida a Dave?

—Por supuesto que no. Pero podría ayudarte a aceptarlo…

—Lo único que podría ayudarme a aceptarlo sería atrapar al jodido cerdo que le hizo eso y matarlo —los ojos de Justin relucían, le temblaban los labios, las venas de su cuello estaban hinchadas, y su respiración se había vuelto muy superficial.

—Justin… Eres policía. No puedes tomarte la justicia por tu mano.

—¿Y quién va a detenerme? ¿Quién? Este odio es la única cosa que me hace levantarme por las mañanas, y lo último en lo que pienso cuando me voy a la cama.

—La venganza y el odio son emociones muy destructivas. Has aprendido a controlar tu comportamiento y tu ira, no dejes que lo estropeen todo y te hagan perder el control.

Mary se preguntó si su consejo era muy adecuado. El joven, evidentemente, no solo estaba sufriendo el duelo por su amigo, también estaba deprimido y quizá su odio e ira eran las únicas cosas que le daban algo por lo que vivir. La única persona en la que confiaba había muerto. Debía ser como volver a quedarse huérfano.

—Quizá tengas razón. Sé que Dave no habría estado de acuerdo con lo que estoy diciendo, pero me vuelve loco. No paro de fantasear sobre ello. Pienso una y otra vez en matarle. No pegándole un tiro, sino matándole con mis propias manos. Quiero ver como se le escapa la vida gota a gota a ese desgraciado… Perdona, no debería hablar así.

—Hablar sobre eso no es ningún problema. Si dado el momento lo hicieras… eso sí que sería un problema.

Justin la miró a los ojos y luego retiró la mirada y la fijó en el suelo.

—Lo sé, lo sé. Ahora hablarás con el Capitán McLeod y no tendré la más mínima oportunidad de volver hasta que vaya a terapia. Es culpa mía. Debería haberme callado.

—Justin,  el Capitán McLeod no me pidió que te evaluara. Al menos aún no. Y si lo hiciera yo solo podría hablar con él de lo que tú me dieras permiso. Habría asuntos de confidencialidad. Yo nunca accedería a hacer nada si tú no estuvieras de acuerdo. Aunque, si me pides mi opinión, creo que necesitas ventilar tus sentimientos y no dejar que te destruyan. Lo que sientes es perfectamente razonable y normal. Pero si no te permites sentirlo podría convertirse en un problema.

—¿Y con quién podría hablar sobre ello?

—Quizás lo de la terapia no sea tan mala idea.

—Oh no, no puedo hablar con uno de los consejeros de la policía. No me fío de ellos. Y no tienen ni idea de lo que hablan. Pero contigo… sí que hablaría. Es fácil hablar contigo.

Perdonad que quedara algo largo, pero quería que os hicieráis un poco de idea. Gracias por leer, y si os ha gustado, dadle al like, comentad, compartid, haced clic…Y ¡Feliz Año 2014!