Todo tiene un precio. Sí, ya sé que las cosas de más valor no se pueden comprar, como la buena salud, la felicidad, el tiempo libre, aunque algunas cosas que pueden ayudarnos a sacarles más partido (buen cuidado médico, tecnología que nos ahorra tiempo, buena solvencia, delegar las tareas) sí que se pueden comprar, o alquilar. Pero en general, la mayoría de cosas llevan una etiqueta con el precio adosado. El valor de algo no es lo mismo que su precio. Tú puedes valorar muchísimo un bonito día soleado y pasar un rato con tus amigos y eso no tiene precio. Y otras personas estarán dispuestas a pagar un alto precio por cosas por las que tú no darías ni un penique o un céntimo, e incluso no las querrías ni gratis (el último diseño de moda, él último juego de ordenador, una entrada para la final de un deporte que no te gusta).¿Cuál es el valor del arte? ¿Creéis que los artistas ‘trabajan’? ¿Se les debería pagar por sus esfuerzos?
Si os estáis preguntando adónde quiero llegar con todo esto, es algo que me ha hecho pensar mucho recientemente. Un par de amigos míos, un hombre y una mujer, los dos con mucho talento, los dos escritores, los dos hacen películas, uno es también actor, la otra dirige películas y se dedica a adaptar guiones para otros (y los dos han hecho videos promocionales para mí) me contaron dos anécdotas muy parecidas el fin de semana pasado. El sábado estaba intercambiando mensajes con Alan Cooke (alias Wild Irish Poet, el poeta salvaje irlandés) que me dijo que le habían pedido que participara en un proyecto organizado por otra persona, convencidos de que daría su tiempo y esfuerzo gratis (y por supuesto tendría que estar agradecido por la propuesta). Al día siguiente, Magda Olchawsak me dijo que un par de mujeres jóvenes trabajando en un proyecto cinematográfico se pusieron en contacto con ella diciéndole que creían que ella era la persona más adecuada para ayudarlas, de nuevo con el convencimiento de que tal ayuda sería gratuita. Los dos compartían una opinión muy similar sobre ello. ‘No le pedirías a un fontanero que te hiciera una reparación gratuita, ¿verdad?’ O ‘No irías a una tienda y te llevarías lo que necesitaras sin pagar, ¿por qué tendría que ser diferente esto? Sí, muy buena pregunta. ¿Por qué?
Nosotros (o la mayoría de la gente, pero perdón por generalizar injustamente) parecemos pensar que mientras los profesionales (o gente que se dedica a trabajos más ‘mundanos’) lo hacen por dinero y por eso tiene un valor y un precio adherido, en el caso de los artistas no es lo mismo. ¡Ellos se lo pasan bien! ¡Hacen lo que siempre han querido hacer? ¡Y encima quieren que se les pague! ¡Deben estar de broma!
Pues, sorpresa, sorpresa, los artistas también comen. Tienen que practicar, experimentar y trabajar duro en lo que hacen. Se tardan muchos años en alcanzar experiencia y maestría en un campo o especialidad, en algunos casos hay que obtener diplomas y estudios, hay que mantenerse al día, y por supuesto se usan materiales, energía, tiempo…Imaginad a los músicos que estudian y practican con sus instrumentos muchos años antes de alcanzar nivel profesional, o los bailarines de ballet que empiezan a bailar desde muy niños y sacrifican juegos y tiempo con sus amigos por su arte. Todos hemos oído las típicas historias de gente que de buenas a primeras después de escribir su primer libro, o descargar su canción en el internet, o publicar una fotografía o video, de repente se vuelve ‘viral’ todo el mundo lo comparte y de la noche a la mañana se hacen famosos y consiguen un gran éxito. Eso pasa, pero comparado con la cantidad de gente que intentan ganarse la vida con tales artes (y muchas otras), las probabilidades son tan minúsculas que es similar a ganar un premio gordo en la lotería. No es la norma. La mayoría de los artistas trabajan mucho años y obtienen muy poco dinero a cambio de sus esfuerzos y pocos llegan a vivir una vida confortable solo con las ganancias de su arte (por supuesto ya no hablamos de los contadísimos que llegan a ser ‘famosos’ y a tener ‘éxito’). Muy pocos llegan a ser nombres conocidos como Mariscal, Lady Gaga, o Javier Bardem. Pero famosos o no necesitan un techo sobre sus cabeza, comida en la mesa y dinero para pagar los recibos.
Y cuando pueden a los artistas les encanta ayudar a sus colegas y contribuir con su apoyo a causas que se lo merecen, pero no si eso significa que no se pueden ganar la vida.

Javier Bardem

Javier Bardem (Photo credit: Kami Jo)

La próxima vez que mires (o escuches, o toques, o…) una obra de arte, pregúntate qué valor tiene para ti. Porque si te hace pensar, si transmite belleza, si te hace feliz, si te da ganas de bailar…tiene valor. No lo tomes a la ligera.
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