Hola a todos. Y a os había comentando que tengo unos cuantos proyectos, entre ellos una serie de novelas juveniles (que estoy traduciendo, muy lentamente porque siempre me aparecen cosas más urgente). Y se me ocurrió que como introducción a las novelas podría publicar una novela corta juvenil del género de fantasía,  romance paranormal, que escribí hace un tiempo pero aún no había publicado. Si todo va como está previsto estará lista para la publicación en unas semanas.

Para que no os aburráis mientras tanto he decidido dejaros el principio de la novela, a ver que os parece…Es cortita (unas 40 páginas, siempre quedan más largas en español, será que hablamos mucho)…

Espero que os guste:

Gemela Maldad

La amiga de Hilda, Rut, era la chica más bonita y encantadora de la pequeña ciudad donde vivían. Su pelo rubio era brillante y fino como la seda, sus ojos azules como zafiros, su boca roja como el coral. Si hubiera vivido en una época diferente los juglares le habrían dedicado sus canciones. Rut era el orgullo y deleite de Yorktown. Y era lista, y generosa, y amable. Lo tenía todo.

Rut también tenía un hermano. Max era su gemelo, pero casi nadie habría adivinado que estaban emparentados. Él era muy alto y delgado, su pelo espeso, rizado y negro como el carbón, sus ojos grises como la pizarra, y su boca tenía labios delgados que casi nunca sonreían. Él era la oveja negra de la familia, y a Rut y a él la gente les llamaba ‘el ángel y el demonio’.

Hilda los conocía a los dos de toda la vida. Eran de la misma edad, y de hecho sus familias se conocían desde antes de que ellos nacieran. Sus padres solían salir en citas dobles y se casaron en una boda doble. Vivían en casas contiguas y era como si todos fueran miembros de la misma familia. Hilda siempre había sentido que era su obligación ser la amiga de Rut y Max. La tarea había sido muy fácil con Hilda, que era amiga de todo el mundo, pero Max nunca había sido un chico fácil de querer. Cuando jugaban juntos de niños, él torturaba a los animales, a los insectos, se peleaba con otros niños…Rut siempre había intentado alejarse de él y evitarle, ya que no soportaba ningún tipo de violencia, pero Hilda no era nada delicada, y Max siempre había asumido que Hilda estaba de acuerdo con lo que él hacía. Ella le había dicho muchas veces que no le gustaba su comportamiento pero él insistía que sus palabras eran sólo una pose. Max siempre era tan desagradable como podía con su hermana. Ponía animales muertos en su cama, gusanos en su comida, le arruinaba los vestidos…Una vez Hilda detuvo a Max cuando estaba a punto de prenderle fuego al pelo de su hermana, que estaba durmiendo. Rut se despertó con la discusión y le pegó un bofetón cuando se enteró de lo que estuvo a punto de hacer, pero él sólo se rio. Ni amenazas de Rut, ni advertencias de sus padres, ni castigos de sus profesores obtenían resultados, ya que a él no le importaban.

El verano del diecisiete cumpleaños de los gemelos, Max le había dado un descanso a todo el mundo y había decidido irse de acampada con otros jóvenes. Las dos familias habían tenido un par de semanas de paz y habían estado preparando la fiesta de cumpleaños de los dos, tranquilos y en perfecta calma.

“¡Hilda! ¡Hilda!”

“¡Oh no, ha vuelto!” Murmuró Esteban, el padre de Hilda.

“¡Hilda!”

“Ve a ver qué quiere antes de que acabemos todos sordos o locos.” Le ordenó su madre, Mandy.

“Vale, vale. Ya voy.”

“¡Hilda!”

Hilda marchó hacia el jardín sintiéndose como una mártir. ¡La de sacrificios que tenía que hacer para mantener la paz! Max estaba agitado corriendo por todo el jardín. Abrió la boca y empezó a decir:

“¡Hi…Ah, estás aquí.”

“Sí Max. Aquí estoy. ¿Siempre tienes que ser tan ruidoso?”

“¡Cállate! Quiero enseñarte algo.” Él agarró a Hilda del brazo y la arrastró por encima de la pequeña valla que separaba los jardines.

“Ten cuidado, ¿no?”

“Perdona. Ven, deprisa.”

Hilda y Max entraron en su casa a través de la puerta del salón que daba al jardín. Hilda le dijo hola al pasar a la madre de Max, Eleonor, y a su padre, Patrick. Rut estaba sentada en su habitación con la puerta abierta.

“¡Oh Rut! ¿Cómo…?”

Max empujó a Hilda hacia su cuarto.

“No le hables. No has venido aquí para hablar con ella. Has venido a ver algo.”

“¿Cuándo vas a crecer de una vez, Max? Sabes que también soy amiga de tu hermana y…”

“Para, por favor. Mira…”

Max encendió la luz. Su habitación estaba pintada de negro, las paredes y el techo, con extrañas inscripciones cabalísticas y dibujos diabólicos. Siempre estaba oscuro allí. Una vez hizo la luz, se quitó la camiseta y le enseñó la espalda a Hilda.

“¿Qué te parece?”

Hilda se quedó sin habla. Era un tatuaje increíble. Un águila negra, con las alas extendidas, atacando a una paloma blanca. El pico del águila goteaba sangre, y el color rojo del tatuaje era muy intenso y vivo, parecía latir. La paloma tenía los ojos azules y llevaba una espiga de trigo en el pico. Los ojos del águila eran grises y las alas brillaban iridiscentes. Era un tatuaje extremadamente vívido. Y su significado estaba tan claro que Hilda no lo podía ignorar. Max siempre llamaba a Rut ‘paloma blanca’. Incluso le cantaba la canción a veces. Era horrible.

“¿Por qué lo has hecho, Max?”

“Había este tío que era increíblemente bueno haciendo tatuajes muy cerca de donde acampamos. Es mi diseño propio.”

“Ya me había dado cuenta.”

“¿Por qué no te gusta? ¿No te parece bueno?”

“Es bueno. Increíblemente bueno. Pero, ¿qué significa?”

“¿Significa?…Nada. Es sólo un tatuaje.”

Max intentó usar su cara más inocente, pero no le era nada natural. No convencía a nadie.

“No me gusta la simbología.” Dijo Rut.

“Simbología. Que palabra más bella. Me encanta como hablas, como un libro.”

“Adiós Max.”

Rut le dio la espalda a Max y se dirigió hacia la puerta.

“¡Espera, espera! ¡Me he hecho otro tatuaje!”

“Si es como éste preferiría no verlo, gracias.”

“Oh no, es muy diferente. Adivina dónde está.”

Rut había parado y se había girado a mirar a Max, pero sacudió la cabeza y siguió andando.

“No me interesan tus juegos, Max. Tengo cosas que hacer.”

Max corrió hacia la puerta para impedir que Hilda saliera.

“Anda…He estado fuera dos semanas y ni siquiera me has preguntado cómo me fue o cómo estoy, o nada. Te he echado de menos, ¿sabes? Y tú ni siquiera te preocupas lo suficiente como para preguntarme.” Se quejó.

tampoco me has preguntado nada. Sólo llegaste chillando…”

“Vale, lo siento. Se lo tenía que enseñar a alguien o hubiera explotado. No se lo había enseñado a nadie.”

“Entonces ¿es una sorpresa?”

“Sí, sí. Tú no lo contarás, ¿no?”

Max y sus secretos. Hilda había sido elegida su confidente oficial hacía muchos años y nunca había conseguido librarse del privilegio. Aunque Max nunca lo confesaba todo. Siempre se guardaba algo. Eso a veces hacía las cosas un poco más fáciles para Hilda. A veces. A veces las hacía aún peores.

“Se lo tendrás que enseñar a tus padres. Lo descubrirán de todas maneras.”

“Se lo enseñaré, pronto….Pero mientras tanto no digas nada, ¿de acuerdo?”

“Vale.”

“Ahora, adivina dónde está el otro tatuaje.”

Pues ahí está. Os mantendré informados de su publicación. Si os ha gustado, no creo que tarde mucho. Y si queréis intentar adivinar dónde tiene Max el otro tatuaje…Bienvenidos…

Gracias por leer.

Ah, y el viernes, autora inviada. Judith Priay.