¡Hola! Soy yo de nuevo. Jesús. Aún sigo siendo extremadamente feo y sobreviviéndolo. Por suerte la fealdad no mata y la belleza no le hace eterno a uno (¡que miedo si así fuera!). Decidí volver para contaros algo más sobre las cosas algo ‘alternativas’ que me han pasado…Ya os conté sobre mi nacimiento, mi nombre y todas esas cosas…Bueno, mi madre, Adelina, se casó cuando yo tenía unos 5 o 6 años, con el hijo del alcalde. Senén. Hombre guapo, nada complicado…Amable conmigo. Ninguna queja. Decidió que nos mudaríamos a la capital e intentaría meterse en política. Podéis leer más detalles sobre la campaña y cosas así en el libro. Yo sólo sé lo que me contaron después y las pocas cosas que recuerdo, pero nunca se me ha dado mucho lo de la política…Siempre se lo he dejado a otros de la familia.

No, mucho más interesante que eso fue…Tuve una hermana…Estefanía, aunque siempre la llamamos Estefie…Medio-hermana, de hecho, pero eso nunca tuvo ninguna importancia. Fue un bebé precioso y todo el mundo pensó que ella y yo éramos como la bella y la bestia (o ángel y demonio). No me importó nunca demasiado. Al fin al cabo ella era niña y es normal que las niñas sean más favorecidas que los niños.

El día de las elecciones (Senén era candidato a la alcaldía por la capital) después de votar (eso también fue bastante divertido…Senén primero salió en zapatillas, luego se le olvidó el carnet de identidad, tuvo que ir al baño… ¡tuvimos que volver a casa 3 veces!) mi madre se fue a un spa y dejó a Senén con Carmen. ¿Qué quién es Carmen? Carmen era una abogada a la que Senén conocía hacía años (me parece que habían salido juntos) y se estaba encargando de organizar su carrera política…O eso es lo que yo creía entonces. Carmen y Senén se encerraron en la oficina ‘a trabajar’ y yo estaba en la sala, cuando de repente Estefie, que no llegaba al año, dijo: ¡Hola! y empezó a hablar con total fluidez. ¡Casi me caigo al suelo redondo! Hasta entonces sólo había balbuceado, y había dicho ‘mama’ y ‘papa’ una horas antes, pero no una conversación entera…Me dijo que tuvo que empezar a hablar porque todo estaba hecho un lío en nuestra casa. Yo se lo fui a contar a la cocinera (la niñera tenía la tarde libre y no había nadie más en la casa. Pensándolo bien Senén y Carmen deberían haber estado cuidándonos pero…) y en lugar de decírselo decidí llevarla de la mano a la sala por si no me creía. Cuando Estefie le empezó a hablar la pobre Delfina se desmayó…Afortunadamente no se hizo daño. Ahora si que no había nadie a quien se lo pudiera decir, porque Senén y Carmen seguían encerrados en la oficina, y por los ruidos que se oían parecía que ocupados, así que estuve charlando con mi hermana. Era muy lista y tenía un gran sentido común. Me dijo que no me podía contar lo que estaba pasando porque yo era demasiado joven (¡el nervio!) y me consoló sobre los problemas en la escuela, diciéndome que las cosas cambiarían y que no tendría que hacer de malo en los juegos mucho más tiempo. Tenía razón…De hecho y desde entonces siempre tuvo razón.

Cuando Senén y Carmen por fin salieron de la oficina se quedaron muy sorprendidos, pero también algo avergonzados cuando mi hermana les empezó a hablar. Yo no entendí lo que Estefie les estaba diciendo, algo sobre Carmen montando a Senén y otras cosas…Por aquel entonces no tuvo mucho sentido para mí. Cuando nuestra madre volvió y ella le contó sobre las reuniones de Carmen y Senén en la oficina, me di cuenta de que era algo realmente malo, ya que Adelina echó a Carmen (casi) a patadas y empezó a dormir sola, relegando a Senén a otra habitación. Senén siempre me pareció triste desde entonces, pero Estefie se convirtió en toda una estrella. Televisión, revistas, todo el mundo la quería para ellos. Y por asociación yo también me hice popular, porque pasé a ser el hermano de ‘la niña fantástica’.

¡Y como era de fantástica!

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